No hay bala que pueda con la mística

El presidente venezolano murió víctima de un penoso mal. Una enfermedad de nombre pequeño terminó con un gran hombre. 

El 5 de marzo empezaron los análisis: se verá el trámite constitucional para llamar a elecciones; cómo jurará Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Venezolana;  se especulará con la candidatura del vicepresidente Nicolás Maduro; se seguirá atentamente el accionar de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FAN); cual es el futuro del Partido Socialista Unido de Venezuela; y qué rol jugará Henrique Capriles y la oposición venezolana. Pero antes está el dolor de un pueblo por la pérdida de su líder, algo que en Argentina conocemos repetidas veces.

Emergente de la crisis puntofijista y de la desigualdad social neoliberal, Chávez dio un golpe, con justificación similar al que el GOU tuvo contra los personeros de la Década Infame local, que lo llevó a la derrota, fue preso e inició un camino hacia la conquista del poder por elecciones democráticas.

El pueblo acompañó su proyecto revolucionario, mayor salud y educación, distribución de la riqueza y nacionalización de la empresa petrolera nacional PDVSA, se amplió el empleo y achicó la brecha social. Todo consolidado con la Constitución de 1999 y el planteo del Socialismo del Siglo XXI Anatemizado por los Estados Unidos, Europa, los medios hegemónicos, la burguesía rentista, la derecha reaccionaria y la izquierda mediocre. Para el sistema fue la bête noire de la recuperada identidad de Patria Grande, ¡para nosotros un revolucionario! Su proyecto latinoamericano de liberación tuvo un gran aliado: Néstor Kirchner. El Alba, UNASUR, MERCOSUR y El final del ALCA, juntos a Lula, en Mar del Plata, con la estocada al proyecto de Bush, marcaron puntos de su estrategia de continentalismo.  Aliado, y discípulo, de Fidel Castro, buscó unificar los proyectos de Ortega, Correa, Morales, Mugica, Dilma  Rousseff y Cristina Kirchner. Sus alianzas con Rusia, China, Irán desafiaron el control norteamericano en su “patio trasero”. Sus citas a San Martín, Perón, Evita, Jauretche y a Jorge Abelardo Ramos, ganaron el corazón militante del Movimiento Nacional. Su carisma, simpatía, agilidad en el béisbol,  recitado de poemas y canciones llaneras: por su garganta desfilaron Martí, Jara, Mercedes Sosa y Alí Primera. Murió como Néstor, ejerciendo el mando con la plenitud de sus facultades y el amor de un pueblo (y un continente) que hoy lo llora. Una canción venezolana resuena con esta frase: “¡Usted de aquí no se va!” Hoy y siempre pensaré a este soldado de Bolívar y el Che, de una revolución en paz,  con una sonrisa. Como dijo Torrijos: No hay bala que pueda para la mística. 

Valga esta remembranza, para paliar el duelo, desde mi identidad peronista y mi admiración por la revolución bolivariana. Hasta siempre Comandante!

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