Perón visionario

Cuando leímos estas cuatro líneas del General Juan Perón, como fieles a sus orientaciones, reaccionamos con variadas inquietudes.

Nos extrañó que el líder expresara algo tan pero tan pesimista sobre nuestro posible futuro, considerando que él siempre fue optimista. Pensamos en un error de imprenta o algo fuera de contexto, porque en el peronismo, máxime con el regreso de Perón a la Patria, nos pareció imposible caer en tan tremenda situación.

Libro en mano, recurrimos de inmediato a conversar con el autor del libro, el inolvidable compañero Enrique Pavón Pereyra. Le manifestamos nuestra preocupación requiriéndole aclaraciones.

El escritor, en las últimas semanas de la vida del General Perón se entrevistaba con él casi cotidianamente, a solas, para grabar y revisar sus declaraciones, que serían las póstumas. Y nos dijo:

"Como ustedes, yo también me sorprendí cuando bajé la grabación de dicho párrafo. Le pregunté si estaba correctamente transcripto. Muy serio, que no era lo normal en su rostro, el presidente me respondió afirmativamente, agregando:

'Comprendo su sorpresa, pero a esta altura de mi vida no puedo mentir sobre el futuro al que temo. No crea que soy pesimista y lo digo como una provocación que aliente a las nuevas generaciones de jóvenes a luchar por la soberanía y grandeza argentina, como lo hicieron acompañándome 30 años atrás'".

Han pasado tres décadas más, Perón murió con la solitaria tristeza del peligro que corría nuestro país ante el capitalismo salvaje del monstruo imperial. El golpe se produjo y volvimos divididos a la "democracia". Hoy la falta de una dirigencia partidaria elegida por elecciones internas en el peronismo nos mantiene indiferentes. La vuelta a las listas sábanas ya es un hecho, postergándose una vez más repetidas promesas.

La realidad nos muestra, como lo vimos el miércoles 25 pasado, a más de una decena de miles de piqueteros con banderas argentinas (más otras rojas y negras), sin ninguna foto del General Perón ni las insignias de ningún sindicato, llenando más de seis cuadras de casi la totalidad de la Avenida 9 de Julio, dirigiéndose a diversas sedes de las multinacionales a escracharlas. Ellos han ganado las calles y los peronistas nos estamos convirtiendo en simples observadores de la historia que pasa y nos pisa.

Esos piqueteros de variados colores eran, en más del 90 %, muchachas y muchachos muy jóvenes, asumiendo la defensa de nuestra independencia económica nacional, sin la cual no tendremos la soberanía, ni menos la justicia social, como conocieron sus abuelos.

Además de pedir reivindicaciones elementales, reclamaban el no pago de las deudas externas ilegales, todo ello probado por la justicia y cajoneado en el Congreso Nacional. Eso lo tienen muy claro.

El crudo espectáculo nos llevó a pensar en lo vivido por argentinos hoy ancianos, en aquel glorioso 17 de Octubre de 1945, cuando masiva y espontáneamente los trabajadores de toda la República logró la liberación del General Perón. Pero de eso no se habla.

Comprendimos que esa juventud tiene clara conciencia de quienes son los verdaderos enemigos de nuestra Nación, y merecían nuestra meditación.

En nombre de la unidad de los argentinos no debemos rehuir el diálogo sin sectarismos. ¡No repitamos como los gorilas que los piqueteros son vagos! ¡No podemos coincidir con esos calificativos ni criticarles la falta de "modales de salón", ni parecernos en nada a la antipatria!

La inmensa mayoría de los piqueteros son hombres y mujeres hijos de la tierra gaucha, que vienen por generaciones acostumbrados a dar su sangre en todas las patriadas de las luchas nacionales.

Sin excluir a "mis grasitas", como decía Evita, debemos reconstruir nuestro país. Ello nos obliga también a no coincidir con nuestros enemigos que piden más sangre con represión para derrotarnos definitivamente.

Seamos dignos herederos de la Argentina soberana, libre y justa que crearon Perón y Evita, pues debemos seguir desarrollando la Patria Suramericana con esas banderas, no siguiendo al pabellón de las piratas multinacionales, que sin el menor pudor, y ante el silencio de la falsa clase política, ya nos reclama hasta el territorio.


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