EL SARGENTO PORFIDIO CALDERON SE HA UNIDO AL COMANDO CELESTIAL

Hoy jueves 28 de noviembre de 2013, a las 7,25 de la mañana, el querido “Caldera”, un héroe de la patria, un soldado de Perón, un hombre que siempre se mantuvo fiel a sus compañeros y a sus convicciones se ha unido al Comando Celestial.

Porfidio Leucadio Calderón nació el 9 de diciembre de 1934 en Guttemberg, un pueblito cercano a Villa María del Río Seco, en la Provincia de Córdoba… unos pocos kilómetros más y nos salía santiagueño el hombre. No se cansaba de repetir que el fue un peronista desde la primera hora, ya que a los 12 años ayudaba a su padre en la Unidad Básica en que había convertido, para toda la zona, su propia casa. Allá iba él llevando las riendas del sulky familiar para buscar y traer compañeros, acompañándolos a votar en aquellas históricas jornadas. Llevaba mensajes y hasta solía colaborar también en la prepararación de unos asados con cuero y empanadas tentadores para el pueblo de la zona.

 

De su padre aprendió a ser peronista, junto a los peones rurales y al entusiasmo de sentirse bien tratado y comprobar que estaban empezando a gnar los que habían perdido siempre. Un día, en la estación del pueblo, vio un cartel del Ejercito Argentino dirigido al “Jóven Argentino” donde lo invitaba a unirse. Inmediatamente se dio cuenta que había nacido para ser milico, ese calor intenso en su pecho, esas ganas, lo llevaron desde Guttemberg hasta Campo de Mayo.

Ya en la Escuela de Suboficiales vio como todo cambiaba, Perón había cambiado las cosas, se formaba un Ejercito el Pueblo, para el Pueblo, integrado por ese mismo Pueblo y, como tal, los trataba. Por empezar y sólo por señalar algunas cosas se les devolvió a los suboficiales la facultad de poder votar como a cualquier otro ciudadano, la posibilidad de llegar por medio de ascensos a ser oficiales.

Para recordarlo debemos primero hablar de su gran amigo el suboficial mayor (R) Marcelino Sánchez Marcelino Sánchez, que en el marco en que sucedió el intento golpista insurreccional del 28 de septiembre de 1951, encabezado por el general Benjamín Menéndez - militar aficionado a las conspiraciones-, quién fuera compañero del sargento Fariña, y también participe de los acontecimientos que frustraron ese intento de golpe. A Marcelino se le murió el cabo Fariña en sus brazos en el cruce de balas con los golpistas.

En diciembre de 1954 egresó como Cabo, motorista, conductor de tanque Sherman. Luego, cuando Porfidio Calderón ya cumplía los 21 años fue un testigo vivo de los ametrallamientos y bombardeos a la Plaza de Mayo por parte de otros golpistas, y finalmente se incorpora a las órdenes del General Ibazeta uniéndose al Movimiento de Recuperación Nacional del 9 de Juno de 1956. Con su Sherman tomó la escuela de Suboficiales esa noche, no lograron hacerlo rendir hasta que fue totalmente rodeado por las tropas golpistas. Insultado, maltratado, amenazado de muerte, de ejecución por fusilamiento, nada de eso lo afectó. Mientras los golpistas le gritaban “traidores” Calderón y sus compañeros suboficiales pensaban: “traidores son estos hijos de puta que hasta ayer eran los mas obsecuentes y que juraron defender la Constitución y la Soberanía Popular que hoy traicionan”. Recorrió varios penales, “despidió” la Penitenciaría de Las Heras e “inauguró” la de Magdalena.

Estando preso conoció al querido cumpa Sgto. César Francisco Marcos (tío de Chunchuna) un autodidacta de quien aprendió J. W. Coock, allí en la cárcel con la bajada de línea que hacía Cesar Marcos se hizo aún más peronista.

Ya en libertad se dedicó a la actividad privada exitosamente, fundando su corralón de materiales “El Líder”, que hoy manejan sus hijos: Juan Domingo, María Eva y Augusto, financió con su propio dinero –entonces- muchas de las actividades de la resistencia peronista. En el regreso del General Perón a la patria, en 1973, designó un propia custodia personal (para protegerse de la “custodia” oficial puesta por López Rega) Esa custodia confiable, elegida por el mismo general Perón fue integrada en su mayoría por los “suboficiales de Valle” al mando de Juan Esquer. Allí también Porfidio había decidido jugarse, viendo tanto atropello de López Rega le dijo a Esquer que el se ofrecía para matar “al brujo” y entregarse sin resistencia asumiendo los hechos. No le fue aceptado y esto permitió al siniestro personaje continuar desplegando sus actividades.

Calderón, el Sargento Porfidio Calderón, seguirá siendo para mí “Caldera” mi pariente por la sangre derramada, mi cumpa, mi amigo, esa especie de tío que la vida me regaló, mi compañero de viajes, de charlas, de utopías, de sueños compartidos, de tantas cosas y proyectos. Calderón hoy ya te uniste al Comando Celestial, estoy seguro que allí te esperaba en persona el General Perón para darte un abrazo enorme, se habrá puesto en posición de firme el Grl. Valle, el Grl. Ibazeta, todos los que te conocieron.

Estoy seguro también que mi viejo, Mario, habrá salido a tu encuentro para abrazarte y darte las gracias por todo lo que viviste junto a mí. Caldera, querido cumpa y amigo, hoy la patria esta de duelo por vos.

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