Un gobierno se asemeja a un barco

Pero ese barco a veces es convertido en un barco pirata.
Si sus tripulantes son gente de avería, si solo les interesa el oro, si su capitán es también de esa condición, indudablemente esa nave surcará el océano con el solo fin de acumular riquezas.
¿Como se sabe que un barco que parte de un puerto mansamente, con la algarabía y esperanza de los que lo ven partir, pronto torcerá su rumbo y se dedicará al saqueo?
Pocos y sutiles son las señales. Una, tal vez la principal, es conocer la catadura y el historial del capitán. Si lo que dice es casualmente lo que el interlocutor quiere oir, si promete lo que nadie puede hacer o si habla de entelequias fantasiosas solo enunciativas como la felicidad o la alegría Si se le conocen otras andanzas, si se reúne con zafios personajes de su calaña; no es absolutamente necesario que tenga un parche en el ojo y una mano de gancho.
Otros a observar son los tripulantes. Hoy en dia los mas feroces y ambiciosos no se reclutan en sórdidas tabernas; se los encuentra en los bancos o en empresas prósperas, porque son como los insectos a la miel; huelen el oro.
La nave asi comandada y tripulada no buscará sus presas donde hay oro acumulado; ya no es posible robar oro a los ricos y la venganza de estos suele ser terrible. Una montaña de oro robada a lo ricos genera una venganza espantosa, en cambio una montaña de oro robada a los pobres es una buena pesca y será prontamente justificada por la sociedad que está mas dispuesta a resignarse o a envidiar que a buscar justicia.
¿Donde esconderá el capitán esa montaña?. Eso no ha cambiado… buscará entre las islas del caribe como las Caimán, Curazao, Bahamas, Barbados, Bermudas, Guyana, Panamá; y allí enterrará sus cofres; el “plano del tesoro” será un inocente papel, ya no un encriptado pergamino. Para ocultarlo mejor, eficientes abogados le venderán el plano a otros y estos recibirán un nuevo plano con otros propietarios, cosa de nunca saber bien quien es dueño de que. En fin siempre hay lugares casi seguros para ocultar lo robado.
Pero no siempre son seguros; en ese caso hoy es imprescindible contar con alguien que mantenga el engaño y evite las reacciones de las víctimas – porque son muchos - Para esto hay que contar con la prensa y la TV y SOBRE TODO, tener un buen palenque ande ir a rascarse (Martín Fierro dixit).
 
 
Eduardo Rosa – Febrero 2017

ImprimirCorreo electrónico

logo

No te pierdas las novedades de PVAT. Seguinos en las Redes Sociales.