Una visión estética de los acontecimientos políticos

Ética y Estética están profundamente vinculadas. Podríamos definir a la Estética como la expresión social de la Ética.

Toda organización del poder responde a una concepción ética anterior al mismo, a una imagen mental de los poderosos que determinan que está bien y que está mal, que es deseable, aceptable, admisible y que nó. Esto da origen a una expresión estética en el uso de la tierra, de los bienes, de las relaciones sociales, de las formas del lenguaje, del arte, de la organización de la vida familiar y de la estructura urbana, y sobre todo de las convicciones profundas de los habitantes de una sociedad cualquiera. Y cuando decimos convicciones profundas nos referimos a aquellas por las cuales se está dispuesto a morir o matar a sus congéneres en determinadas circunstancias.

Es entonces cuando aparece la estética de una sociedad determinada. La estética mercantil de la sociedad anglosajona originaria de Fenicia[1], que se caracteriza por la vocación naval y mercantil, ya que en los siglos siguientes a 1200 adC, los fenicios formaban la mayor potencia naval y mercante de la región. Quizá fue gracias a estos comerciantes que la palabra hebrea kena’ani (cananita) vino a tener el segundo y conveniente significado de mercader. Al ser expulsados de sus tierras originarias por la invasión musulmana que consideraba a la usura un delito, convertidos en judíos, se instalaron en las costas del mar Adriático, en Venecia y desde allí recrearon su imperio naval, mercante y bancario de esa época. Luego se trasladaron al sur de Escocia, comprando títulos nobiliarios, se integraron  con la nobleza británica e impulsaron en la isla lo que siempre hicieron: el imperio naval, mercantil y financiero, que finalmente se mudó a la costa atlántica de Norteamérica, culminando con su instalación en las Torres Gemelas de Centro del Comercio Mundial, hoy demolidas, al parecer por ellos mismos.

Hoy, la estética dominante del Imperio Global se basa en la ética mercantil de los fenicios, donde las expresiones sociales, artísticas y religiosas fueron expresadas después en Francia  mediante el invento del “contrato de compraventa social” que caracterizó la hegemonía del demolilberalismo en los siglos 19 y 20, que hemos designado como la Cultura Capitalista Europea.

Esta estética fundada en el materialismo, el consumismo, la moda, la publicidad, la sumisión al más fuerte, al más rico, al más amenazador; caracterizada por la Cultura de la Deuda, conforma el Partido del Poder vicario del Imperialismo Internacional del Dinero.

Esta Estética es especialmente repulsiva al espíritu libre de los criollos americanos, continentales y no isleños, mirando la tierra y no el mar, disfrutando de las cumbres y las pampas, y no de las olas, gozando de los placeres en comunidad social y espiritual y no de la competencia feroz y brutal, de la sabiduría y no del miedo, que mira las estrellas y no a las cosas, esa estética brota de las entrañas mismas de la cultura criolla argentina cada vez que siente que su Ser se encuentra amenazado.

Así sucede evolucionando desde el indio-gaucho que se despliega por centenares de miles de hectáreas enfrentado con el citadino encastrado en paredes y ruidos de máquinas. Contrasta la mirada hacia la inmensidad de las pampas llenas de vida con la vista puesta en la imaginación de lo que ocurre allende los mares. Es la oposición entre la estética portuaria de los conquistadores (y sus cómplices con el alma conquistada) está contrapuesta a la estética del paisaje real, recorrible, palpable, admirable, lleno de vida real, que no puede sino despreciar a la estética de la ilusión conformada por la publicidad y la producción de banalidades.

Es así como la Estética de la Resistencia tiene memoria de la Historia y se proyecta hacia el futuro, se apresta automáticamente para derrotar al Imperio y a sus mandaderos cuando las cosas se ponen realmente duras, y espera el momento para enfrentarlo y derrotarlo. Lo hizo con los tres ejércitos más poderosos del mundo. Esa Estética de la Resistencia es la que derrotó al invasor español, inglés y francés en el siglo 19. Es la Estética de la Resistencia la que aflora el 19 y 20 de diciembre de 2001, lo mismo que el 17 de octubre de 1945, es la que hoy genera las nuevas Formas Organizativas de la Resistencia, desde las Madres del Dolor hasta los piqueteros, desde los Patacones a los clubes de Trueque, de la suspensión del pago de la deuda externa (default y su posterior quita, a las fábricas recuperadas, y sobre todo la eficacia de las Asambleas[2], que preanuncian el fin de la política con políticos y las estructuras de dominación instaladas por el demoliberalismo europeo en estas tierras para sustituir el Imperio de los Aristócratas delegado en Virreyes, por el Imperio de los Mercaderes comandados por las multinacionales, conformadas por la concentración de bancos y empresas trasnacionales que controlan los principales recursos del planeta.

Presenciamos, un cambio planetario, donde la hegemonía de la Cultura Capitalista Europea entra en su ocaso, y nosotros debemos actuar intensamente para sustituirla completamente en nuestras tierras por la Cultura Ecológica y Comunitaria Andina, la de nuestros ancestros.

Este trabajo tiene como propósito dar imágenes sobre las formas que esta Estética de la Resistencia basada en la Ética de la Liberación, destinadas a sustituir las estructuras políticas, sociales, gubernamentales, productivas, defensivas, habitacionales y organizativas instaladas para la dependencia y la dominación por otras que permitan la plena expresión de la libertad de los argentinos y los latinoamericanos, de su prosperidad y seguridad presente y futura, justo en el momento en que aparece un nuevo resquicio ante una nueva declinación del poder opresor, o sea en el momento en que el modelo de dominación unipolar se transforma en un modelo multipolar, en el momento en que el imperialismo y su sucesor, el pentagonismo, está siendo sustituido por los Continentalismos.

Este momento requiere que los politiqueros y amansados de siempre sean desplazados del control de resortes de poder que ya no sostienen, y buscar el consejo y guía de los que tienen condiciones de estadistas, de aquellos que pueden crear mirando la realidad y vislumbrando el futuro para sustituir a los oportunistas que medran repitiendo las estupideces del llamado “pensamiento único”, se llame democratismo, desarrollismo, liberalismo, progresismo o populismo. Todo eso ya está adentro del basurero de la Historia, y los que medran con él remedan con su pobreza intelectual al lastimoso pobrerío físico que trata de alimentarse con la comida que queda en los tachos de basura.

El asqueroso lujo de la decadencia televisiva, la banalidad del discurso de los políticos y de sus imágenes en las presentaciones electoralistas, unidas a su ilimitada capacidad para mentir sobre cosas que todos pueden comprobar como infundios, el terrible espectáculo de la interminable masacre de los pueblos invadidos por las tropas, los bancos o las multinacionales han llegado a un punto de saturación de la conciencia humana, que muy pronto precipitará una catarata de cambios estructurales.

Debemos prepararnos para el Día Después.


[1] La palabra fenicio suele usarse en el argot para definir a la persona con espíritu mercantil y gran afán de obtener riquezas por cualquier medio. Los Fenicios son una antigua civilización semita originaria de la costa oriental del Mediterráneo, en lo que corresponde aproximadamente al actual Líbano. El pueblo creador de esta cultura, los fenicios, que se autodenominaba ‘kna’ani’ o ‘ben kna’an’, coincide con el pueblo cananeo de la Biblia, pero el nombre de ‘fenicio’ se aplica más bien a los descendientes de los cananeos que habitaban en la franja costera desde Dor (actual Israel) hasta Arados o Arwad (actual Siria) entre 1200 adC y la conquista musulmana.

[2] La más notable es la Asamblea de Gualeguaychú, que protege su río ante el invasor europeo, y que logra el milagro por el cual moriría cualquier político: una ciudad que tiene 70.000 habitantes es capaz de convocar a 130.000 argentinos para ocupar el puente que lleva hacia la fábrica invasora.

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