VICIO PROPIO

gustavoramirez"Yo vi a las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,
hambrientas histéricas desnudas..."
Allen Ginsberg, Aullido

UNO

Tal vez nuestra generación, nacida en los '70, es una generación golpeada. La más golpeada. Beat. Golpeada por las ideas, por el destierro, por la desesperación.

DOS

Doña Rosa salió a la calle. Mostró su histrionismo culinario: en una mano llevaba una cacerola y el reloj que padre le regaló al celebrar el segundo aniversario de la libertadora. En la otra mano cargaba un dólar. Con el dólar "se come, se sana, se educa".

Doña Rosa se siente sola y acongojada. Bernie se fue hace años y Marianito vegeta en un clínica paqueta. Los tiempos han cambiado desde la "guerra" en los '70. Doña Rosa deambuló confusa por las calles de los barrios paquetes de la ciudad. Cada vecino con cara de buena persona le devolvía su imagen agrietada por el tiempo. Pudo ver el rostro de cada uno, eran muy pocos. Ayer, antes, esos pocos eran demasiado peligrosos. Ahora eran una masa amorfa de perdedores.

Doña Rosa quiere comprar dólares. Quiere las calles libres de negros harapientos. Quiere seguridad. Quiere campo. Y no se quiere a sí misma.

Antes los unía el espanto, ahora la mueca insustancial del imperio en un billete de cien dólares. Se quedaron sin cuarteles a donde recurrir así que ahora Doña Rosa golpea ollas de free shop. Lee Clarín y casi no duerme de noche.

TRES

En su libro, La Miseria del Mundo, el sociólogo francés Pierre Bourdieu junto a su equipo estudia parte de la sociedad urbana francesa. En el texto aparecen miles de Doñas Rosas. La clase media es difícil en todas partes.

Aprisionada en su confort es una clase reaccionaria. Maneja los valores que la culpa judeo-cristiana le provee. Es una clase correcta políticamente que apuesta al dólar para desvalorizar su propia fuerza de trabajo. Para desacreditar su moneda. Es la clase de la usura. Es la buena conciencia del capitalismo: ellos, los clase media, se arrogan la legitimidad de la representación de las más altas morales.

Son los que cambiaron el término pueblo por el de gente. Así no se manchan con grasa. Ellos y ellas se movilizaron para reclamar un país que ya no existe. Ese país que idearon en el imaginario colectivo de una historia oficial que se forjó con la razón del Estado represivo y vacío. Ese país que ninguneó a la clase obrera para someterla al capital.

CUATRO

Cristina festejó los 25 años del diario Página 12. Quizá era necesario. Ella habló y una vez más el progresismo que se desprende de la clase media cool aplaudió el brillante discurso. Quieren a la Argentina y son soldados de Cristina. Algún día Ella festejará el aniversario de alguna radio popular y nacional.

A Pedro Trabajador le gustaría ser obrero de la señora presidenta más que soldado. El ejército sirvió durante años para cagarlo a palos cuando salía a la calle a pelear por mejoras en las condiciones de trabajo. Así que prefiere otra imagen. Además, asegura of the record, soldado implica obediencia y disciplina y a los trabajadores Evita les enseñó a no disciplinar las conquistas.

Pedro Trabajador no cobra en dólares su sueldo. Pero sabe que el panadero, por ejemplo, le vende el pan dolarizado. Pedro Trabajador sabe porque él resistió mucho antes de los '90. Resiste desde el 17 de octubre del '45. Entiende que a veces Cristina no lo nombre en los discursos, por esa cosa que tienen los presidentes, pero lo pone triste que sólo lo nombren para hacer números en una estadística.

Sabe que Perón ya no está y que nadie se atreve a seguir su legado porque el mundo ha cambiado y esas cosas...

¿Cambió el mundo?

CINCO

Aníbal Fernández le pegó a Moyano. Es curioso desde adentro del Movimiento Nacional tomaron los dichos del senador como una broma.

Aníbal Fernández juega a ser Jauretche. Es su medio pelo, su propia tilinguería. Vamos a contramano de la historia, tal vez porque ya se resolvió todo. Es política cierto pero una cosa es ser un cuadro político y otra un bocón comido por el personajes.

Ésta semana el enemigo común se volvió a manifestar y nosotros perdemos el tiempo en zonzeras. Hay que volver a mirar la brújula.

SEIS

Doña Rosa jugó su juego. Desde hace años muchos creen su discurso: el sindicalismo es malo. Sus ex amigos (vamos, seamos honestos, entre nosotros también hay mucho gorila converso) aun le creen, aunque hablan bajito para que no se le noten los pelos en la lengua. Los diarios ayudan tapa tras tapa. Y desde el gobierno juegan sus cartitas.

Andrea del Boca es buena, Moyano es malo. Resulta una lógica perversa pero en el medio también hay una cuestión de piel: Andreita es blanca, Moyano es negro. De alguna manera Cristina encarna la esperanza blanca de ese progresismo antisindicalista.

No menos cierto es que muchos dirigentes vendieron su fama a la revista caras. Son los menos por cierto. Sin embargo la leyenda es más fuerte. Es más sencillo, en medio de la vorágine de la obsecuencia, comprar el verso armado de los males sindicales que plantear un debate profundo sobre la legitimidad de roles sociales, por ejemplo.

SIETE

Propios y extraños estamos dolarizados. Nuestro lenguaje económico sigue colonizado. Nuestra lingüística política se ciega en la práctica del "si" fácil.

Al menos sabemos que por ahora el enemigo golpea cacerolas y no la puerta de los cuarteles. Tenemos que dejar de ser funcionales a estos sectores, lo somos al buscar enemigos internos que no lo son. En esa lógica perdemos de vista que se trata de política.

Desperonizar el campo popular para caerle bien a la progresía representa cierto aburguesamiento del pensamiento social. Es necesario actualizar la doctrina, expandir el movimiento hacia otros sectores, integrarse, ello es tan necesario como dejar la militancia adolescente para construir espacios políticos reales.

Nuestras generaciones tienen que abandonar la mirada congelada en el espejo. No es posible seguir en la creencia de que somos Alicia en el País de las Maravillas como "vicio propio".

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