Nuestro 1º Bicentenario

Los círculos intelectuales establecidos y los medios de comunicación tradicionales planificaron, en la agenda nacional de temas a adherir, la conmemoración y  festejos por el Bicentenario del 25 de Mayo de 1810.

Autores varios nos desasnan sobre la trascendencia del hecho junto a la exaltación de figuras como Moreno, Echeverría, Mitre, Sarmiento o Alberdi, entre otros, planteando el legado cultural de quienes pensaron las formas republicanas para construir un país. De allí la revaloración de las figuras de la Jabonería de Vieytes y la Logia Lautaro; la importancia de la Generación del ‘37 como precursores del “mayismo” – Fermín Chávez dixit – como modelo cultural, junto a cierta revisión de lo actuado por la Generación del ’80.



Casi cien años atrás el régimen conservador y su “intelligentzia” tomó como hito el 25 de mayo de 1810 como iniciador de la construcción de la Argentina, cimentado el 3 de febrero de 1852 tras la derrota nacional sufrida ante las tropas brasileñas y del “ejército grande” urquizista  que lleva a estructurar un sistema republicano bajo la Constitución Nacional de 1853, sosteniendo desde lo ideológico la Línea Mayo-Caseros, vital para su hegemonía política-cultural, dejando al Pueblo como espectador sin voz ni voto.

El momento culminante fue el festejo del Centenario en 1910 – Infanta de Borbón mediante – donde una visión de Nación Factoría con ansias europeas y lujos asiáticos prevalecía, mientras las mayorías seguía excluidas.

Hoy el mismo sistema cultural en connivencia con el progresismo busca cobijarse en ese recuerdo para seguir cimentando su plexo axiológico que amalgama las “intenciones” de la socialdemocracia con los postulados económicos neoliberales.

En cambio es ignorado - o peor, silenciado! – el primer bicentenario que se avecina este año que es el día de la Reconquista de Buenos Aires.

El 25 de junio de 1806 las fuerzas británicas al mando del Gral. William Carr Beresford con 1.600 soldados desembarcan en Quilmes oponiéndoseles la resistencia de un núcleo de españoles y criollos – con Juan Martín de Pueyrredón a la cabeza-  mientras funcionarios, comerciantes y miembros del patriciado juraban gustosos fidelidad al Rey Jorge III y alababan el reglamento de comercio “libre” del ejército de ocupación.

Para el 12 de agosto las milicias criollas al mando de Santiago de Liniers junto al pueblo de Buenos Aires – donde un joven Juan Manuel de Rosas ofrecería muestras de su coraje y entrega al participar, con sus 11 años, de la defensa contra la primer invasión inglesa - vencen a las fuerzas inglesas, obteniendo la rendición de Beresford quien junto a sus hombres son hechos prisioneros.

La Reconquista, primera de varias invasiones y agresiones armadas sufrida por Argentina por parte de Inglaterra y otras naciones, nos da la pauta que sin importar triunfos y derrotas los argentinos, cuando se afecta nuestra Soberanía, resistimos “al enemigo de afuera que somete y al de adentro que entrega” – como sostenía FORJA -  a pesar que “ellos” representen para la estructura colonial de pensamiento dependiente local la “civilización” a la que debemos adherir, ajena a nuestra heredad cargada de valores humanistas y cristianos que exceden a cualquier ideología utilitarista de turno.

Y causalmente el Presidente Juan Perón el 12 de agosto de 1948, en Plaza Mayo, conmemorando esta fecha dejará como legado un mensaje a los jóvenes argentinos para ser desenterrado, leído y meditado para este 2006. Lamentablemente los “libertadores” de 1955 lo hicieron desaparecer pero la Resistencia lo difundió entre los militantes hasta ser incorporado por Perón en su libro del exilio “la Hora de los Pueblos”. Ese mensaje inviste a las actuales generaciones a estar a la altura de las responsabilidades actuales y no repetir errores del pasado.

Propongo a todos los hermanados en un pensamiento de raíz nacional volcarnos a recuperar el sentido y espíritu patriótico de la Reconquista, de nuestro primer Bicentenario, como única forma de plantarnos firmes en esta corriente actual de cambios y revisión de los problemas nacionales para servir a los intereses del Pueblo.

Teniendo en claro éste Bicentenario – nuestro Bicentenario - tenemos la oportunidad de resignificar el “otro” Bicentenario publicitado por el “sistema”.

Debemos meternos a debatir y plantear otra visión, otro sentir, darle otro carácter más nacional con el concepto y la esencia de Pueblo, fundamento de la Patria. Sólo así elevaremos el “fondo” -  el subsuelo de la Patria -  en la discusión sino nos quedaremos en las “formas” vacías de contenido que los Grondona y Di Tella de turno sostienen.

Don Arturo Jauretche la tenía clara al sostener que “la idea de la Patria, que es anterior, posterior y permanente, base necesaria con la idea institucional o política que es de forma”. Debatamos y planteemos lo esencial que es la Patria, donde lo importante es el Pueblo, y así ganémosles la parada cultural con inteligencia, voluntad y constancia a la superestructura cultural tilinga que tenemos.

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