A PESAR DE RIVADAVIA EL GENERAL SAN MARTÍN LLEGÓ A SER EL PADRE DE LA PATRIA

Nunca en su vida el General José de San Martín evidenció querer ocupar el poder de algo, si de alguna forma su predisposición para alcanzar la Independencia americana lo elevó carismáticamente por encima de los que eran sus compañeros, no fue su nombramiento ni su aptitud personal quien le dio semejante magnitud a su tarea, solamente la capacidad y su talento lo llevó a manifestarse como verdadero jefe de un ejército que fue orgullo del americanismo proclamado desde la mas remota provincia del sur.

La historia poco cuenta del cerco que estimuló Bernardino Rivadavia celoso de la capacidad del General creyéndolo un futuro candidato a la presidencia de Argentina un cargo que Rivadavia ya tenia pensado ocuparlo personalmente, no olvidemos la peregrinación del famoso Congreso de Tucumán el cual firmó la Independencia pero que finalizó en Buenos Aires en 1819 con una constitución que rechazaron todas las provincias apenas ser conocidos sus articulados, el unitarismo engañador inventado por Rivadavia sería la política falsificada durante 200 años de vida de este país.

Las ideas del General San Martín para su patria eran totalmente opuestas al pensamiento unitario y eso lo entendía a la perfección el enemigo mas grande de San Martín por eso su acoso a cualquier dirección que el General en sus cartas maduraba para su nación, pero Rivadavia estaba lejos de la Libertad y menos de la Independencia, solamente pretendía como lo demostró años después la libertad del libre comercio y la amistad para con los ingleses futuros amigos de lo ajeno en concordancia con sus futuros negociados con la Baring Brothers.

Por eso toma una relevancia importante la pregunta de los actuales historiadores ¿Por qué se va un general victorioso?¿Porque abandona el escenario un protagonista fundamental que con sus extraordinarias hazañas militares, su prestigio moral y su fuerza material tiene toda la posibilidad de pelear lugares decisivos en la política de su país? (1).

Una de las respuestas a las que mas se acercan los historiadores, es la de San Martín rechazando todos los entusiasmos a los que el partido unitario posiblemente anhelaba, ser el dueño y dirigir desde Buenos Aires a todas las Provincias Unidas del Río de la Plata, pensamiento que no cuadraba en la ideología del General que era la autonomía de los pueblos, el solamente luchaba para que cada pueblo acariciara su libertad y algo debía pasar por las cabezas de los mas encumbrados patriotas de aquellos tiempo para que el ejemplo se esparciera por todo el continente americano ya que las primeras baterías del General Belgrano se denominaron por gracia de él Libertad e Independencia(2).

En 1933, el escritor Ricardo Rojas lo denomina "El Santo de la Espada", en Lima lo nombran "Protector del Perú", su grandeza llega a dejar en manos de Simón Bolívar finalizar la etapa de Independencia para toda América del Sur por lo tanto su persona adquiere ribetes de considerables trascendencia, términos a los cuales nunca pudo llegar su acérrimo enemigo Bernardino Rivadavia aún más que los propios españoles.

San Martín se retira, pero Rivadavia no lo deja vivir en paz y recibe el mismo trato como si fuese un espía español de parte de Rivadavia, el tiempo pasa 10,100,150 años, su actuación en las libertades de Argentina, Chile y Perú no tienen parangón desde el origen de la creación del Ejército de los Andes en Cuyo hasta la etapa de su vida en Francia colaborando Con el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas en la Guerra contra el ejército anglo-francés y su bloqueo al puerto de Buenos Aires.

Que importa quién lo nombró "Padre de la Patria", ni el mismo le daría importancia, para el los calificativos no tienen jerarquía, así se lo recuerda, pero como hacen los unitarios para que recuerden a Rivadavia, el presidente que duró un año por ¡¡chorro!! Lo recuerdan por "El Sillón de Rivadavia" porque para ser padre y encima de la patria primero tiene que ser hijo y Rivadavia fue ¡¡un reverendo Hijo de Puta!! Aunque la actual historia lo sigue negando.

Referencias

1-       Elsa Drucaroff. El Exilio de San Martín.
2-       José María Rosa. Historia Argentina

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