Carta a John W. Cooke (17-05-1957)

Caracas, 17 de mayo de 1957

Señor Dr. D. John W. Cooke, ¡Santiago.

Mi querido amigo:

Contesto su carta del 11 de mayo pasado en la que me incluye el interesante informe sobre la situación argentina que trato de contestar en la forma más adecuada a lo que yo considero el panorama argen­tino de la actualidad.

Creo que nosotros debemos establecer en primer lugar, con toda claridad, el objetivo que perseguimos. En ese sentido, las Directivas e Instrucciones del C.S.P., han establecido que vamos a la revolución justicialista con todas sus consecuencias. Vale decir que nosotros lu­chamos por devolver al Pueblo todo lo que se le ha quitado, consoli­darlo y extenderlo. No luchamos por soluciones para los dirigentes, ni para entronizar un partido en el poder, como sucede con nuestros enemigos.

De eso se infiere que, para nosotros, el tiempo no es un factor que interese sino secundariamente. Lo que interesa primordialmente es la misión. Lo haremos cuanto antes podamos, pero sino también lo haremos. En consecuencia, la acción que debemos desarrollar en busca de una decisión no depende sólo de nuestra voluntad sino también de la del enemigo, como asimismo, fundamentalmente, de la situación propicia para lograrlo. Esta situación propicia depende de numerosas circunstancias, entre las cuales está nuestra organización, prepara­ción, grado de resistencia, desgaste de nuestros enemigos, descompo­sición de la dictadura, caos económico y político, anarquía social, pu­trefacción de la fuerza que respalda a la dictadura, cansancio del Pueblo, etc., etc.

Es indudable también considerar que la dictadura tiene su plan para asegurar su continuismo mediante las combinaciones políticas y subterfugios de la misma naturaleza, como asimismo sus aliados para influir en nuestra masa peronista a través de los dirigentes que, ol­vidando su misión, entran en soluciones personales, más que naciona­les populares y que, la masa puede ser influenciada en una dirección contraria a nuestros designios justicialistas por engaño, por cansan­cio o simplemente porque anhele una solución a sus tremendos males.

Sin embargo, nosotros no podemos ser influenciados' en nuestras decisiones fundamentales por meros hechos políticos circunstanciales, desde que sólo deben interesarnos aquellos que realmente tengan tras­cendencia histórica, permanencia y que sean dominantes. En ese sen­tido pueden formarse partidos, pueden llamarse a elecciones, pueden elegirse constitucionales, puede reformarse la Constitución y aun elegirse nuevo Gobierno y ocupar el poder, sin que nosotros tengamos necesidad de cambiar nuestras decisiones iniciales, ni alterar nuestra acción ni nuestros planes. Sea ahora, sea dentro de poco o sea dentro de mucho, nosotros tenemos objetivos que alcanzar y, luchando teso rera y perseverantemente en ellos los hemos de alcanzar, a corto o a largo plazo. Quiero decir que todo lo que se está produciendo en el país, forma parte de un panorama que es interesante conocer y con­templar pero que no debe serlo- para que nos sometamos a la voluntad de nuestros enemigos, sino para luchar neutralizando unas, destru- vendo otras y dominando en las demás, para imponer nuestra volun­tad, después que hayamos conseguido aniquilar a la dictadura reac­cionaria.

De ello fluye que nuestro objetivo inmediato es anquilar a nues- uos enemigos para imponerles luego nuestra voluntad y realizar los objetivos.

jfara conseguir ese aniquilamiento hemos decidido ya la organv ..ación clandestina, la resistencia y un plan que se ajusta a las nece­sidades cambiantes de la situación. El tiempo, las ayudas de nuestros enemigos y el ajuste de nuestra preparación, deben hacer el resto.

En situaciones como la nuestra nada ha de ser preconcebido sino la misión que surge de los objetivos fijados. Todo lo demás depende exclusivamente de las circunstancias, no sólo porque la lucha es entre dos voluntades (la nuestra y la de los enemigos), sino también porque es muy difícil prever los hechos cuando intervienen factores impon­derables como son, en este caso, las grandes macanas que hacen los del provisariato o las circunstancias nuevas y cambiantes que se de­sencadenan por la acción del Pueblo o de los que intervienen en todas partes. Establecer preconcebidamente una línea de acción, fijando fechas y circunstancias es marchar a la aventura, porque bien puede darse la circunstancia de coincidir allí las peores condiciones y verse obligado a seguir adelante en una situación tan desfavorable.

Ello impone otro sistema: alcanzar una organización y prepa­ración adecuada para todas las circunstancias y mantener buenos enlaces y comunicaciones, en forma de poder aprovechar el momento oportuno que se presentará quizá cuando menos lo pensemos o, por lo menos, estaremos en condiciones de hacer frente a cualquier situa­ción que se presente, en las mejores condiciones de apresto para proceder.

Es natural que tendremos que enfrentar el apuro de los dirigen­tes que ya están listos con sus organizaciones y que sienten ansiedad por "largarge", pero es siempre menos importante que tener que soportar después las consecuencias de un fracaso que, en nuestro caso, puede ser definitivo.

Los acontecimientos políticos generales están siendo cada día más favorables y lo serán aún más en el futuro, especialmente si, co­mo se va viendo, el interés de la dictadura por las elecciones permita que el Pueblo comience a desbordarse y a actuar por su cuenta. La demostración está patente en lo que se ha podido observar en los últimos mítines realizados. El acto que realizó el Partido Azul y Blanco, con motivo de la fundación del nuevo partido, constituyó un verdadero ataque al Gobierno, cuyos manifestantes pedían a gritos la renuncia del Presidente. El pueblo ya le ha perdido el temor y sale a la calle sin ningún temor. Por su parte Frondizi, totalmente de frente ataca al Gobierno en forma ostensible y pública. A la terminación del acto realizado en el Luna Park, a fines de abril, se repitió el mismo epi­sodio del de Azul y Blanco. En uno y otro caso la Policía debió utili­zar gases para dispersar a los manifestantes. Lo importante de esto es que Frondizi, habla ya totalmente en Peronista y no sólo promete el restablecimiento de todas las conquistas dadas por el peronismo, sino que ha aplaudido públicamente a las mismas, declarando que el pe­ronismo tiene el honor de haberlas otorgado. Esto no me interesa pol­lo de Frondizi sino por el hecho de que se extiende cada día más la resistencia, dentro de la cual el frondicismo es sólo un hecho más pero, que da lugar a que los peronistas lo aprovechen.

Todo este abigarrado maremagnum de hechos, provocados por las agrupaciones políticas caotizadas, por la resistencia de las agru­paciones clandestinas, por las disenciones internas de los gorilas, por la defección de las fuerzas, por las ambiciones desatadas en los del "gobierno", por los intereses en juego, por las penurias del Pueblo, por la decadencia de los productores, industriales y comerciantes, por el derrotismo imperante, por la prepotencia dictatorial, etc. son todos coadyuvantes que actúan sincronizadamente en nuestro favor. Mientras ellos se descomponen, nosotros nos componemos. Quiere decir que el tiempo todavía trabaja para nosotros. ¿A qué entonces querer reemplazar al tiempo con una aventura? Hay que ayudar al tiempo...Nosotros no podemos considerar que la mala conducta de algu­nos dirigentes peronistas, como los que han tratado de constituir nuevos partidos o llegar a arreglos con nuestros enemigos, pueda in­fluenciar la posición de la masa, porque sabemos bien que ni el en­gaño, ni las promesas, ni las simulaciones, harán que esos dirigentes que nunca representaron nada, puedan ahora representar en la trai­ción. Podrán producirse algunas defecciones, podrán aparecer nuevos traidores y tránsfugas, pero la masa estará firme hasta el fin. Una masa adoctrinada y politizada como la nuestra no es de las que ceden a las maniobras políticas ya tan conocidas. A ello se suma que ya no se trata sólo de devolver conquistas obreras, sino que hay un profundo odio que saciar y las masas masacradas y escarnecidas, los dirigentes torturados y encarcelados, las organizaciones destruidas y robadas, los hogares atropellados, los muertos, etc. no se arreglan ya con devolver conquistas. El Pueblo quiere sentir "tronar el escar­miento" y nada se arreglará hasta que esto no se haya producido.

El estado insurreccional de nuestra gente es excelente y espiri- tualmente está todo listo. Nos falta la organización y preparación indispensable para poner en potencia esa preparación que es muy importante, pero que no es todo. Necesitamos armas, explosivos, co­municaciones, enlaces y una organización que represente la posibilidad dt llegar oportunamente con las órdenes. Mucho de esto está reali­zado pero falta mucho en otras partes y nosotros si queremos cumplir 1?. misión que nos hemos impuesto, es menester que se haga todo en todas partes. Para ello debemos alcanzar un grado de preparación adecuado a las necesidades. El día que paralicemos al país será nece­sario contar con los medios para hacer frente a la dictadura tan pronto ésta se decida por reprimir y esto no se hace con palabras. Está bien que podremos contar con algunas fuerzas militares y de policía pero, para nuestros planes tenemos que contar sólo con lo r.ue sea seguro y no aleatorio.

Es posible desde ahora que contemos con fondos para la compra no armas en todas las fronteras y hay que comenzar a ver las posi­bilidades de obtenerlas, transportarlas y distribuirlas. Los fondos los proveeremos en cada caso. Todo esto requiere tiempo y si ese tiempo está a nuestro favor ¿qué inconveniente puede haber de que lo utili­cemos? Creo que eso es lo que tenemos ahora que hacer.

Muchos de nuestra misma gente piensan que es necesario presen- sentar una gran batalla a la tiranía que, disponiendo de una fuerza considerable, no puede ser batida en esas condiciones. Nosotros no de­temos presentar esa batalla con que sueña la dictadura porque allí ella sería más fuerte y nos llevaría al campo que le conviene. Nosotros debemos, en cambio, batirla mediante millones de pequeños combates en todas partes para que, a pesar de su fuerza, sea impotente para concurrir. Esa es la razón de ser de la resistencia y ese es el camino para aniquilar a la dictadura sin que ésta pueda en manera alguna defenderse. Lanzarse a una acción decisiva de conjunto en un solo lugar es un caso más de golpismo y exponernos a perder en un solo acto todo lo que hemos ganado en un año y ocho meses de trabajo y '"frimiento.

Sobre su nombramiento he comunicado a todos los Comandos la consigna de reconocer ese nombramiento y lo reiteraré en forma que no quede la menor duda. Usted debe seguir difundiéndolo en la me- d'da de sus posibilidades. Es necesario llegar al interior de nuestro país con esa información a los fines de una mayor comprensión y acatamiento.

Muy interesante la información de la organización. Yo también tengo una amplia información al respecto. Sé que Córdoba y Rosa­rio están llenos de apuro y decisión. El Norte creo qué anda también muy bien, lo mismo que el sur. Indudablemente que faltan cuestiones fundamentales y también lo último que siempre se hace en las orga­nizaciones: los enlaces y comunicaciones, aquí muy importante porque la gente nuestra espera que la orden de actuar provenga de mí. Ya encontraremos la forma de que esto se pueda hacer de la mejor ma­nera y con la mayor rapidez y seguridad.

Nadie está autorizado por mí para desarrollar ninguna ac­ción en la dirección de conjunto, como no sea usted, que lo tiene por escrito y ampliamente. Tampoco es necesario porque la gente no les lleva el apunte y desconfían de todo y de todos.

Con referencia a las elecciones de Constituyentes, nosotros de­bemos de hacer allí un acto más de resistencia, tratando de que no se realicen o, en su defecto, haciendo cualquier cosa para que no sirvan de nada, como sería votar en blanco, no votar, meter bochinche, per­turbar, sabotear, boicotear, y mil formas más de hacer la resistencia. Hay que dar la misión e indicar lo que interesa que se haga, ya los grasas se encargarátn de hacerlo de la mejor manera. Nosotros, muchas veces por preverlo todo matamos un poco la iniciativa de nuestra gente que, a menudo, suele ser mejor que la nuestra... Si las boletas son confeccionadas de manera distinta será cuestión de inven­tar la manera de burlarlas. Hay que decir a la gente que su voto no debe valer, que no voten o busquen la manera de anularlo escribiendo "ASESINOS" o lo que se les ocurra o simplemente limpiándose antes algo y dedicándoselo todo a los gorilas.

Muy de acuerdo con las publicaciones de que me habla. Autori­zado a hacer lo que quiera con ellas: corregir, cambiar, etc. Muy inte­resante los demás detalles que me comunica y con los que estoy am­pliamente de acuerdo.

Referente al asunto de que me habla el emisario, estoy comple­tamente en claro. Yo soy como el loro del italiano: non parlo na me fico... El amigo le informará a usted también verbalmente lo que le transmití. Conozco mucho más de lo que usted imagina pero es menester andar con prudencia porque necesitamos algo que ellos tienen y que largarán sin lugar a dudas por las buenas o por las malas. Yo tengo aquí todo armado. Por eso conviene acordarse que éste es un juego de vivos y que en esa clase de juegos gana sólo el que consigue pasar por zonzo sin serlo.

El amigo Ghizzardi sabe que usted tiene el encargo mío, lo que le he ratificado por carta, pero conociéndolo bien, le aconsejo que lo trate con gran prudencia porque es un excelente compañero pero un poco cosquilloso. Dándole su lugar y tratándolo bien se puede sacar de él todo lo que se quiera, en cambio, si uno lo quiere atropellar, todo se descompagina a su alrededor. Es muy útil y usted lo puede dirigir en lo general respetándolo como jefe del Comando de Exilados de Chile y todo andará bien. Me parece excelente lo de acercar a la gente pero aún en esto hay que tener cuidado con Ghizzardi porque él está trabajando desde hace más de un año, mientras los otros char­lan y escriben cartitas y no hacen nada. Allí hay gente que ha tra­bajado y que, como Astorgano, Bertolini, Barrena, y otros cuyos nombres no recuerdo ahora, pueden ser buenos colaboradores y que Ghtózardi conoce. Es claro que es menester mantener una cierta prudencia por las indiscreciones, tan comunes en nuestra gente y que ponen en grave peligro a muchos que terminan por llamarse a silencio a consecuencia de los peligros a que se los expone.

No hay que olvidar que las organizaciones obreras peronistas son las que han mantenido mejor la línea intransigente si bien al­gunos dirigentes han defeccionado. Por eso es necesario tener muy en cuenta a esas organizaciones hoy encuadradas por nuevos dirigen­tes jóvenes, surgidos de abajo y deseosos de reivindicar las traiciones de los otros. Es conveniente pensar también que los obreros tienen siempre cierta desconfianza a los políticos, aunque sean peronistas, razón por la cual hay que darle la intervención que merecen y colo­carlos en el plano que sus actividades les señalan en la misma situa­ción de los demás. Una desconsideración de cualquier orden porque no hablan bien o dicen algo inconveniente suele ser motivo de aleja­miento de hombres que no saben hablar pero que en el momento de hacer son irreemplazables. En fin hay numerosas cosas que contem­plar y arreglar dentro de las frondosa organización que esperamos al­canzar rápidamente si, como imagino, nos dedicamos a conseguirlo efectivamente.

Aunque la tarea es extraordinariamente grande y el tiempo cor­to, todo puede alcanzarse si descentralizamos bien las cosas y conse­guimos hacer llegar oportunas directivas a todos los comandos en que se articula la organización. Este mes de mayo y los subsiguientes deben ser aprovechados para intensificar y extender la organización y 1h resistencia. Ha llegado el momento en que debe hacerse la guerra sin cuartel y sin descanso a la dictadura, haciendo que todos, en todo momento y lugar se empeñen en producir actos contrarios y que lesio­nen al "gobierno" en cualquier forma, sin que ningún peronista quede excluido de la obligación de combatir por sus medios y en la medida de sus posibilidades, aunque sea protestando y murmurando. Si todos nos dedicáramos a eso yo estoy seguro que la dictadura no aguantaría ni dos meses. El sabotaje, el boicot a las compras y al consumo, el derroche de agua, las destrucciones de líneas telefónicas y telegrá­ficas, las perturbaciones de todo orden, las huelgas, los paros, las protestas tumultuosas, los panfletos, los rumores de todo tipo, la baja producción y el desgano, la desobediencia civil, la violación de las leyes y decretos, el no -pagó de los impuestos, el sabotaje en la ad­ministración pública, solapada e incidiosa, etc. son recursos que, bien ejecutados pueden arrojar en pocos días a cualquier gobierno.

Yo creo que la eficacia de los pequeños medios es temible, si se la realiza en conjunto. Por ejemplo ahora vienen las elecciones, pues nada hay más aparente para violar las leyes y provocar un sabotaje general a esas elecciones en forma de que no se puedan realizar aun­que la dictadura se empeñe en ello, saboteando los padrones, rom­piendo todo lo que se refiera a esas elecciones, quemando lo que se pueda, etc. Estudiando esto se puede organizar un sabotaje inteligente y dar al traste con las elecciones de marras. Esto sólo a título de ejemplo y referente a esto, como puede serlo en cada una de las cosas que la tiranía ordene. Creo que la resistencia no ha sido bien llevada porque la gente se ve más atraída por las bombas y los incendios, que son efectivos, si no se olvidan las otras cosas quizá pequeñas, pero que ejecutadas en millones de partes resultan mayores y más efectivas que hacer volar un puente o incendiar una fábrica.

Sobre la paralización no creo que haya dificultades si la situa­ción es propicia y se prepara minuciosamente mediante una organi­zación adecuada. De lo contrario no será posible. Los que creen que es posible paralizar al país porque mucha gente es opositora al "go­bierno" se equivocan. Paralizar todos los gremios implica una tarea larga, difícil y que impone medidas muy inteligentes y apropiadas. Si la paralización no es total no tiene efectos decisivos porque el "gobierno" aguanta y luego mediante la presión puede ir metiendo la gente de prepotencia. Si no es decidida y enérgica, además vigilada por pelotones especiales para sancionar efectiva y duramente a los rompehuelgas, comenzarán paulatinamente a volver al trabajo los cobardes primero y los débiles después con el pretexto de los ante­riores y todo se desmoronará en pocos días y el fracaso será la derro­ta nuestra y el fortalecimiento del "gobierno". Por eso es un arma de dos filos que, para fracasar, es mejor no hacerlo. Por otra parte una paralización debe ser hecha en forma instantánea que sería lo mejor pero, si ello no es posible hay que asegurarse porque el paro progresivo es más difícil para integrar y mantener. Como vé esto no se puede largar a la "buena ventura" sino que es necesario asegurarlo y muy bien, por los peligros que entraña. No hay que olvidar que el 17 de octubre de 1945, cuando todos los gremios declararon la huelga gene­ral, la Unión Ferroviaria, que era la más fundamental, votó en contra de la paralización y no fue a la huelga. Un paro sin los transportes, la luz y fuerza, el agua, la comida, no es un paro aunque todos los demás no trabajen. En el caso nuestro es menester hacer parar a todos los patrones y en lo posible los bancos, el campo, etc.

Todo eso debe ser estudiado sin confiarlo a la improvisación y resuelto antes de que el paro se produzca, porque lo que se deje para después, hay que contar con que no se realiza.

Aparte de todos estos problemas hay que tener en cuenta la po­sibilidad de que algunas fuerzas se plieguen a nuestro movimiento y asegurar desde antes la participación de las fuerzas militares y poli­ciales que nos puedan ser afectas. Su participación ha de ser prefe­rentemente pasiva, es decir no luchar ni en favor ni en contra, que es la mayor participación que se puede conseguir. Sería un terrible error basar, como sucedió en el 9 de junio, las acciones en aleatorios éxitos de fuerzas militares que saldrían a luchar en el momento del alzamiento. Esas acciones militares no se han producido sino rara vez y casi todas las veces que esto ha sucedido no han tenido éxito sino a base de la defección de las fuerzas adversarias. Por eso nosotros debemos confiar sólo en las fuerzas populares; si en contra de lo pre­visto las fuerzas militares ayudan tanto mejor, serán el reaseguro necesario para la seguridad de las operaciones. Como no se trata, como digo antes de una batalla, sino de millones de pequeños com­bates librados en todas partes, como para que la fuerza no pueda atenderlos a todos, nuestras fuerzas militares y policiales deben con­formarse con neutralizar a las contrarias y la mejor manera de neu­tralizar es no haciendo nada y amenzando todo.

Yo tengo a este respecto ideas muy claras pero deseo presentarlas el día que nos reunamos para tener la seguridad de que no me equivoco al respecto, porque en las actuales circunstancias uno está lejos de los acontecimientos y bien puede ser que se equivoque. Por otra parte la información, con ser buena, no es completa y aunque mi inte­rés por todo me ha hecho vivir la situación permanentemente, bien pudiera ser que algunas cosas me indujeran a perder el sentido obje­tivo que es lo único positivo de toda información.

Si los compañeros traen a esa reunión buena información estaremos en condiciones de discutir a fondo y quedar en claro. Es demasiado urande la responsabilidad de largar el ataque, como para que no to­memos todos los recaudos para evitar las consecuencias que pued; tener.

Creo que cada día que pasa la situación es más favorable, sin des­conocer que también puede ser desfavorable una espera demasiado prolongada por los efectos que ésta pueda producir en el ánimo de nuestra gente que desenvuelve su acción en un medio de incertidumbre a la que nosotros no estamos sometidos. Pero esto puede evitarse si conseguimos de alguna manera llegar a ellos y tranquilizarlos con la verdad de los hechos y las previsiones que tenemos. Por eso la in­formación hacia el interior de nuestro país debe ser muy preferente, no sólo para destruir esa incertidumbre sino también para neutrali-, zar !a acción que la dictadura desarrolla para producirla y aumentarla en nuestra gente. Todo es cuestión de medidas que nosotros debemos tomar, para lo cual debe hacerse que todos trabajen en forma eficaz.

Ahora, los Comandos Limítrofes con algunos medios que podre­mos darle, creo que podrán ser más eficaces que antes que todo de­bieron hacerlo "a pulmón", en medio de sus propias necesidades. La gente dice que está lista pero a renglón seguido pide armas. Como no hemos hasta ahora dispuesto de medios para comprarlas hemos dife­rido este asunto a la espera de que ellos mismos se las procuraran pe­ro, naturalmente, esto ha sido en una medida insuficiente en casi to­das partes. Esperamos que ahora, con algunas medidas que hemos tomado podamos proveerles de algunas armas y explosivos indispen­sables. Todo hemos de ir resolviendo poco a poco.

Creo haber sido más extenso de lo que me propuse pero prefiero abundar que quedarme corto en lo que pienso.

Un gran abrazo.

P. 5

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