Carta a John W. Cooke (09-06-1957)

Caracas, 9 de junio de 1957.

Señor Dr. D. John W. Cooke Santiago

Mi querido amigo:

Contesto su carta del 5 de junio pasado y le agradezco sus in­formaciones, que paso a responder de inmediato:

Sobre el asunto de Bolivia comparto en absoluto sus puntos de vista. Allí se ha procedido por parte de AENPA con un cierto grado de imprudencia y sin considerar la situación que podía crearse y que se ha creado. Es indudable que la Embajada gorila allí ha en­gañado al Gobierno boliviano simulando asaltos y tiroteos inexisten­tes pero, en cambio, ha habido una abundante documentación capta­da mediante el soborno de los empleados del correo y la violación de la correspondencia privada. A esta circunstancia ileagal se ha debido todo pero, en estos tiempos, nadie hace caso de legalidades.

La consecuencia está a la vista y, a las circunstancias apuntadas ha coincidido el conflicto interno en el M.R.B. donde se enfrentan Siles y Lechín, en el cual han tomado partido nuestros compañe­ros de AENPA por el segundo y los del grupo disidente de Della Costa por el primero. Producidos los hechos la Embajada gorila ha aprovechado para emprenderla contra los dos. Estos errores de proce­dimiento han conducido a la situación actual y aunque los compañe­ros aseguran que nada se interrumpirá es necesario reconocer que todo se deberá hacer con grandes dificultades, por lo menos a} principio.

Por esta razón creo que hay que ayudarles de cualquier manera para que los restantes puedan seguir trabajando y pedirles, que se dejen de combatir entre ellos y se pongan a trabajar cada uno por su lado, si es que no pueden entenderse, pero coordinadamente por lo menos. Como a mí me es muy difícil manejarlos desde aquí por razo­nes de distancia y dificultades de comunicaciones, creo que es mucho mejor que usted lo dirija desde allí y cuando se venga para acá us­ted, quede allí G.l. encargado de esa misión. Yo les escribiré al res­pecto tanto al grupo AENPA, como a Della Costa y al grupo de Cochabamba.

Sobre los fondos, ya he hablado con Y., de manera que usted disponga allí sobre la forma y proporción en que han de repartirse entre ellos. Creo como usted que hay que darle a los dos. Es verdad que yo escribí a AENPA diciéndoles que ese era el único Comando reconocido pero, eso era cuando ellos habían expulsado al grupo de Della Costa y no había otra organización que la de ellos. En las ac­tuales circunstancias, en que el grupo de Della Costa puede ser real­mente útil (hasta a AENPA mismo) no es cuestión de que por ren­cillas entre ellos, el Movimiento pueda perder las posibilidades de trabajar mejor y sacar algunas ventajas. Estas peleas entre los exilados parece ser la comida cotidiana en todas partes y me dan todos los días un nuevo dolor de cabeza, por lo que he decidido no ha­cer caso a esas cosas y si diez grupos trabajan entenderme con los diez. Lo que yo necesito es gente que trabaje y no ande en macanas entre ellos.

En Bolivia, mucho de lo que ha pasado se debe sin duda a estas desinteligencias entre peronistas, que nos van siendo tan perjudicia­les en todas partes. Espero que allí en Chile, le haya sido posible a usted arreglar algo de las divisiones existentes aunque no creo mucho en que esas puedan ser definitivas. Los hombres son difíciles hasta cuando debían de facilitar en todo para agregar ventajas al conjunto.

Asunto Mendoza: Muy lamentable y en el cual ha de haber te­nido la culpa también graves imprudencias cometidas en los viajes de emisarios y contactos, muchas veces innecesarios o imprudentes. La gente comienza poco a poco a acostumbrarse y suprime el sigilo, lo que termina por perderlo. A ello hay que unir las propias dificultades en un medio tan vigilado y caótico. Todo se ha de superar meditir+° la organización, que pese a muchos pesimistas, creo que progresa más de lo que muchos creen.

Soy respetuoso de las opiniones ajenas pero, me queda el dere­cho de analizar sus fundamentos. Espero que por allí ya hayan llega­do, de alguna manera, estas opiniones. Ellos son hombres que no tie­nen fe en el Pueblo y, en consecuencia, creen que la intransigencia no conduce a ninguna parte. Ellos están más cerca de las solucio­nes políticas inmediatas y no les interesan mucho nuestros objetivos y misión. En otras palabras, les interesa más la solución para los dirigentes que para el Pueblo. La dictadura, sabedora de ello, les hace llegar a todos por distintos conductos abiertos o encubiertos, ofrecimientos de arreglo (uno de los cuales es Frondizi, que trabaja de opositor, cuando en realidad es uno de la dictadura). Según m» dicen, Bustos Fierro, habría recibido carta de Frondizi, según ha manifestado pero, como es tan embustero, no sé si será cierto.

Sobre este sistema de soborno político, no es nuevo, porque tanto en Paraguay, como en Panamá me han tentado varias veces. Aquí en Venezuela ya se ha aclarado el panorama y no lo intentan. Por eso ahora soy "el monstruo" y nada más. Recuerdo que estando en Villarrica, en octubre de 1955. llegó un emisario, que lo descubrí de entrada, quien me aseguró que él podía hacer que se me respetaran los bienes y que cesara toda la campaña en mi contra que se iniciaba entonces, a cambio que me trasladara a España y me alejara de toda actividad política argentina. Extrañamente, recibí en esos mismos días, la invitación de la Embajada para residir en España. Siempre pensé que hubiera sido una indignidad aceptar semejante ofrecimiento y les contesté que yo no tenía problemas personales, ni con bienes ni sin bienes, ni con propaganda ni sin ella, que mientras me quedara algo de energía lucharía en todos los terrenos contra la dictadura, porque yo no luchaba en defensa de mis intereses personales, ni en los de mi posición como dirigente, ni por mi buen nombre atacado por la calumnia y la diatriba, sino por los intereses del Pueblos Argentino. Que mientras esos intereses estuvieran en peligro y el Pueblo tirani­zado por la canalla dictatorial, yo sería un enemigo implacable de la dictadura, aunque- no tuviera con que comer.

Ahora parece que se han convencido. Frondizi me mandó tantear dos veces en forma indirecta desde el Brasil, la última por medio del Mayor Vicente que no me dejará mentir, ofreciendo que vendrían a Caracas, Frondizi y Rodríguez Araya. Yo les contesté que si el Pueblo decidía su apoyo a Frondizi, yo votaría por él, de manera que al que debían consultar era al Pueblo y no a mí.

Usted imagina que si yo quisiera una solución para mí no ten­dría necesidad ni siquiera de proponerla. ¿Que daría hoy la dictadu­ra por una palabra mía al Pueblo y qué daría el Dr. Frondizi por esa palabra? Pero, cualquier cosa que yo hiciera en ese sentido sería a base de una traición al Pueblo, porque estoy absolutamente per­suadido que todo lo que se baraja en estos momentos es el fraude, la destrucción de nuestras conquistas, comenzando por la destrucción de la Constitución de 1949, la entrega del país a la oligarquía y al extranjero, la explotación de los trabajadores y el colonialismo más inaudito. Todo lo cual sólo puede conjurarse mediante la intransi­gencia más absoluta de nuestra parte y de parte del Pueblo, aunque para conseguirlo debamos llegar a nuestro último sacrificio.

¿Qué solución podemos esperar de nuestros enemigos que no sea indigna para nosotros y perjudicial para el Pueblo? Acaso no vemos lo que está ocurriendo en el País.

Finalmente, como usted allí se encuentra en mejores condiciones quizá convenga, como le digo antes, que vaya "tomando poco a poco la manija" de los Comandos de Exilados, por lo menos de los más importantes, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia (que ya se les entrego, de acuerdo a lo que le digo en la carta). Es menester pro­ceder de a poco porque usted sabe como son los muchachos. Al prin­cipio seguiremos los dos: usted les hace llegar y yo también para preparar la etapa de transición, luego, cuando se hayan acostumbra­do a la nueva mano, le dejo todo a usted. Por lo pronto, todos saben y conocen la orden mía, con referencia a su autoridad para ordenar en mi nombre, por eso podemos comenzar ahora. Todo saldrá bienYo ya no doy con mi tiempo porque son muchos los organismos y todos quieren cartas mías que algunas veces no convienen por los líos que se arman y el mal uso que hacen de ellas, por eso soy parco ahora en escribir a todos.

Un gran abrazo.

Perón

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