Mensaje desde Roma antes de partir hacia la Argentina 17 de noviembre de 1972

Deseo que mis primeras palabras sean para hacer presente mi profunda gratitud a Italia, modelo de democracia moderna; a su gobierno, como también a sus instituciones que he visto desempeñarse con tanta eficacia en estos días que he permanecido en Roma; a sus carabineros, sus guardias de finanzas y a la policía de seguridad. Asimismo deseo que mi agradecimiento llegue a la RAI como al periodismo italiano, al que he visto reflejar en sus páginas con una objetividad admirable todas las actividades que me ha tocado desempeñar en Italia.

Con referencia a mi país, deseo muy simplemente hacer presente el objeto de mi viaje. En primer lugar es contactarme con el pueblo argentino, al que hace tantos años no he podido sino contemplar a una larga distancia.

Hacerlo también con los jefes de las fuerzas políticas representativas del pueblo argentino y también con sus fuerzas armadas. El objetivo de mi viaje, como ya he hecho presente en otras oportunidades, es llevar una palabra de paz, tan indispensable en estos momentos para la Nación argentina que todavía no ha cicatrizado bien las heridas de una lucha que ha producido tanto mal a mi país.

Es así que yo pido al pueblo argentino, sin distinción de matices, ni categorías políticas, que sepa interpretar mi viaje como una empresa de paz y de pacificación que haga posible al más corto plazo la institucionalización que el país ha perdido desde hace ya 18 años. En ese concepto es que pido a todas las fuerzas populares que han de asistir a mi llegada a Buenos Aires, que procedan con la mayor prudencia, a fin de no alterar las condiciones de orden en que ha de desenvolverse todo acto que rodee a este acontecimiento. Asimismo, tomo yo las palabras del gobierno argentino, que no solamente me ha invitado a regresar al país, sino que - hace poco tiempo lo he leído aquí en los diarios de Italia - quiere establecer un diálogo conmigo, para lo cual no tengo ni necesidad de pedir audiencia, sino de concurrir a los lugares que se determinen para establecer ese diálogo entre el gobierno y mi persona, que en este sentido no es sino un agente de la paz que anhelamos alcanzar en nuestro país.

Sin esa paz es difícil que pueda haber una normalización institucional. Yo he sido siempre un agente de paz. No he provocado jamás situaciones de violencia. Antes de provocarlas he preferido renunciar, y eso está en el espíritu de todos los argentinos que han vivido cerca de mí. Por eso, desde esta cuna de la latinidad, que nos comprende y nos une a todos, hago una exhortación al pueblo argentino para que, hermanados todos los argentinos, seamos capaces de enfrentar este momento decisivo de nuestra historia, con la mayor tranquilidad y con la hermandad más absoluta. Somos todos argentinos y no creo que haya nada que pueda separarnos cuando estamos en la tarea de servir al país con toda decisión, con patriotismo, con grandeza y con desprendimiento. Por eso, a todos mis compañeros peronistas yo les pido que mantengan la mayor prudencia a fin de no provocar acontecimientos desagradables a mi llegada a Buenos Aires.

Con eso quiero decirles hasta mañana, si Dios quiere.

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