Cartas de Rosas

Carta de Rosas al gobernador delegado de Lopez, Pedro Lerrechea (12-09-1831)

 

Posta de San Juan en el Saladillo, septiembre 12/831. Señor Don Pedro de Larrechea.1

Mi querido amigo:

Ayer he recibido su estimable carta del siete y dos más datas a 10 del presente, que tengo el gusto de contestar.

Felizmente aún llegaron a tiempo, pues la primera me fué entregada en Pavón al tiempo de marchar de regreso el señor Espino, y las segundas en este punto hasta donde vine con él.2

Este señor llegó el viernes a la Posta de Ramírez. No pude ese día verle porque me era imposible. Lo hice el sábado, y ayer domingo regresó.

 

Su objeto es, según me dijo, el mismo que me tenía antes anunciado el señor Cullen. Visitarme, conocerme, y darme un conocimiento prolijo de los motivos que dieron lugar a su aproximación al Paraná con fuerza armada, pidiendo la separación del Secretario. También de los sucesos últimamente ocurridos hasta su elevación a Gobernador Propietario.

Le oí con cuidado. Hasta entonces no tenía las noticias que me dieron después las estimadas de usted y del señor Cullen.

Según su exposición y las cartas originales que me mostró no dejé de encontrarle razón; mucho más, cuando tengo presente lo que los señores Cullen y Crespo me indicaron en su favor. Sin embargo, le manifesté que nunca podría considerarse bien hecho un procedimiento semejante. Que por cualquier lado que se mirase no la hacía honor ni nos favorecía, mientras no apareciesen documentos públicos que mostrasen de una manera clara la legalidad de todo lo hecho, y que mientras éstos no se diesen a luz yo no estaría tranquilo. Le hice sobre esto con detención bastantes observaciones, e insistí en la necesidad de dar al público esos documentos. Entonces le indiqué cuáles podrían ser bastantes. Manifes - su conformidad; pero siempre insistiendo en que él no tenía la culpa si había obrado mal. Que él había sido llamado por personas de respeto, y que si hubiera tenido instrucciones por que regirse no se hubiera apartado de ellas. Quedamos en fin, conformes en que era necesario publicar algo que dejase bien puesto el decoro del Gobierno, el de la Liga Litoral, y la buena reputación del señor Espino.

En este estado recibí las cartas de usted y del señor Cullen. Lo llamé entonces y le dije. Que el Gobierno de Santa Fe y las personas respetables del pueblo estaban inquietos y cuidadosos por el envío último: el modo cómo había subido al Gobierno, y muy principalmente porque su conducta ulterior les daba motivos fundados para esas inquietudes. Que consistían en la colocación del Coronel Britos al mando de la fuerza veterana: en la permanencia de Carriego en el Paraná, y en la confianza qué le dispensaba: en la colocación de Crispín Ve-lázquez a la cabeza de su compañía o del Departamento. Y mandaba Felipillo y últimamente en su ninguna deferencia para poner de acuerdo con el gobierno de Santa Fe...

 

A esto me contestó que sobre el movimiento y su elevación a la silla del Gobierno ya me había satisfecho con documentos que muestran haber sido llamado, y no ser obra de una conducta anárquica inconsecuente. Que era cierto había colocado al Coronel Britos a la cabeza de la fuerza; pero que cuando así había procedido era porque estaba seguro de su inocencia, de que no era unitario ni lo había de traicionar. Que no era tal amigo de Don Frutos. Que por esta razón éste lo había tenido siempre sin darle a mandar tropas. Que siempre estuvo en el estado mayor, y que si permanecía así era por no perder el sueldo. Que era su compadre, y cuñado. Que su hacienda la tenía en la propia estancia del Señor Espino. Que a mi lado estaba el Teniente Coronel Hernández, de toda la confianza del señor General López y mía, pues era mi Edecán, y que él podría decir quién era Britos. Que a pesar de esto el señor C... le avisó que había pasado de espía que al mismo era quien lo había preso y remitido. Que después el mismo señor C... le había escrito que retiraba su aserción porque se había persuadido de que todos eran cuentos y sospechas, que tenían su origen de las mismas noticias que divulgaban los unitarios, acaso porque tratasen con esto de que perseguido Britos se declarase en su favor y en contra nuestra. Que a pesar de esto él no ha obrado por su solo juicio en la colocación de Britos, pues que haciéndole estas observaciones al señor Barrenechea éste mismo le dijo que debía colocarlo.

Respecto a Carriego me dijo que era una equivocación creer que él le dispensaba confianza. Que cuando vino ya estaba allí: que ni él sabe que sea lo que se haya contestado por el Gobierno a su Comisión: que últimamente se había retirado enfermo a su estancia, y que era cuanto me podía decir sobre este señor.

Que era cierto estaba Crispín Velázquez a la cabeza de su Compañía; pero que esto no había sido obra suya sino del señor Barrenechea, que lo había indultada de ese modo. Que Crispín era su enemigo y que siendo esto cierto mal podría ser de su confianza.

Que bien conocía que por no haber bajado él a Santa Fe a conferenciar resultaban esas sospechas originadas de los mismos cuentos que se forjaban; pero que si no lo había hecho era porque temía recibir un desaire de Don Bernardino y Gálvez. Aquí se detuvo bastante para manifestarme que Don Bernardino no se había conducido bien y que por ello lo había echado. Que le había sufrido mucho tan sólo por los respetos a la familia a que pertenece, y por ello al Excelentísimo señor Gobernador López. Que los Húsares estaban en el peor estado de desmoralización y disciplina: que Don Bernardino había inducídolos a que se desertasen y que delante del mismo señor Barrenechea había antes tenido lugar un suceso escandaloso ... Que éste consistió en haber pedido la misma tropa la separación del Comandante y que el señor Barrenechea tuvo que condescender con mengua de la dignidad del alto puesto que ocupaba. Que viendo el cuerpo en este estado estimó mejor disolverlo, creándolo de nuevo. Que el estado de desmoralización del cuerpo es a todos notorio y que por lo tanto no ha debido parecer extraña la disolución, y las medidas que adoptó para esto.

 

Concluyó con indicarme pruebas de sus compromisos por la causa de la federación: de las ningunas aspiraciones que había alimentado por ser Gobernador: que si hubiera abrigado estos sentimientos de ambición antes hubiera admitido serlo, lo que, dice, le consta bien al señor Crespo. Que sólo sentía se llegase a desconfiar de su opinión tan notoriamente pronunciada. Que si en los días de apuros ha podido traicionar los sentimientos de su conciencia, sólo loco podría hacerlo ahora cuando el estandarte Federal flamea en casi todas las provincias de la República.

Esto es en sustancia lo que me contestó.

Luego que no tenía más que decir y después de haberle oído con el cuidado necesario, le hablé en los términos siguientes:

Que el Gobierno y demás señores respetables de Santa Fe tenían razón para estar alarmados y cuidadosos por su conducta ulterior. Que la colocación de Britos era un paso tan mal dado como desacertado. Que yo no dudaba sería el Coronel Britos lo que él me había indicado; pero que bastaba que la opinión pública lo marcase para que hubiese conocido la necesidad de respetarla. Que no solamente en Santa Fe habrían de ser los cuidados; que en Buenos Aires mismo lo que supieron habrían de mirar este paso con la misma prevención y desconfianza. Que además los unitarios, de él habían de sacar provecho, haciendo al instante correr que el señor Espino estaba con ellos, dando por prueba la colocación del Coronel Britos, confianzas dispensadas al señor Carriego: su permanencia, disolución de los Húsares, y colocación de Crispín, Que meditase y vería que esto en ningún sentido le podría ni nos podría' ser favorables. Que esto no importaba desconfiar de su conducta nosotros; si alarmados por una marcha que aunque seguida con la mejor intención nos era de todos perjudicial y que por ello era de nuestro deber hablarle claro para que volviera sobre sus involuntarios errores. Que por otro lado consideraba yo de absoluta e indispensable necesidad volviera sobre sus pasos y procurase poner remedio a lo hecho. Que uno de sus primeros procedimientos debía ser restablecer la confianza en Santa Fe, y que al efecto era conveniente se entrevistase con el señor Gobernador Delegado, o con la persona a quien éste autorizase al efecto. Que debía hablar con la confianza que en tales casos corresponde sin hacer ocultación de nada. Que allí en la entrevista debían acordar lo que convendría publicarse para dejar bien puesto su nombre, el honor del Gobierno, y Liga Litoral respecto a su aparición con fuerza armada y a su elevación últimamente a Gobernador Propietario. Que allí mismo era necesario se acordase lo que debía hacerse con Britos, Carriego y Crispín Velázqüez.

 

Su contestación fué la siguiente. Que él había de dar prueba de su amor a la o*usa y de sus ardientes deseos por ser útil en ella. Que se le dejase obrar y se vería con hechos acreditada esta aserción. Que en cuanto llegase quitaría a Britos y haría salir a Carriego, y que en todo obraría de conformidad a mis indicaciones.

Le dije que 110 se precipitase, que yo iba a escribir al señor Gobernador Delegado de Santa Fe, diciéndole todo cuanto habíamos conferenciado y que hecho esto tendría lugar la entrevista en la que debían acordar sobre lo que mejor conviniese respecto a los cuatro puntos indicados. Le pareció bien; manifestó buenos deseos y hoy de madrugada partió de este punto.

Me dijo también que el señor Barrenechea era su amigo y Compadre. Que esta amistad en nada se había alterado, que más bien se había fortificado. Esto parece que se confirma por el contenido de su carta que en copia adjunto, pues si el señor Barrenechea pensase de otro modo bien podía haber escrito en otro sentido por el camino que tiene bien expedito.

 

He interrogado al Teniente Coronel Hernández. Dice que es efectivo que el Coronel Britos se pronunciaba abierta y públicamente por la Federación: Que por esto fué postergado, y que por ello quebró con el Coronel Vega, que de estas resultas se vino del Ejército disgustado y que entonces Dorrego, por ser de su confianza, lo hizo Coronel Graduado, mandándolo en seguida a que siguiera la campaña con Don Frutos. Que cuando el motín del primero de diciembre le dijo a Hernández que deseaba bajar a Buenos Aires para pelear contra los amotinados. Que él no cree sea unitario. Que sus hermanos sí lo son. Que si se quedó con Don Frutos fué porque le ofreció éste como al mismo Hernández darles una cantidad gruesa de ganado. Que el haber estado con Don Frutos no es una razón para creerlo unitario, no sólo por la razón expuesta sino también porque al lado del mismo Don frutos está Planes de su Edecán siendo un Jefe que todo el mundo sabe es federal neto de notoriedad. Es todo lo que dice Hernández.

Le hablé sobre lo mal que había hecho el Gobierno de Entre Ríos en no publicar los oficios del Gobernador de Corrientes y Coronel López, datados en aquella época, en que tanto nos convenía que hubieran visto la luz pública. Me dijo que nada sabía sobre esto y que tenía yo mucha razón.

Le hablé igualmente sobre el oficio posterior del Coronel López a su Gobierno, justificando su conducta. Le dije que esa publicación nos favorecía y que de ningún modo convenía se contestase en oposición. Se calló, pero de una manera que no mostró desagrado, ni manifestó oposición a mi modo de opinar.

Después de esta exposición entraré a manifestar a usted la opinión que me pide para proceder de acuerdo en este asunto. Voy a hacerlo llenando mi deber, pero créame usted señor Don Pedro, que es tanto lo que hoy carga sobre mí, que no tengo tiempo ni aún para pensar y combinar bien, con el auxilio de la calma y reposo necesarios, ni. . . cuantos más ves y delicados. Entre estos, considero el presente. En este punto tuve que parar la pluma para meditar. Le aseguro que por donde quiera que ha corrido la imaginación he visto claro la delicadeza de este asunto y la necesidad de manejarlo con tino. Temo mucho que si éste nos falta resulten a nuestra causa algunos males cuya reparación sea trabajosa. Medite usted y luego encontrará el poder fuerte de mi razón.

 

El señor Espino mereció la confianza de ese Gobierno, del señor Cullen y del señor Crespo. Por esta razón quedó a la cabeza de la fuerza armada. Hay documentos públicos que confirman esto. Los señores CuUen y Crespo, cuando estuvieron últimamente en mi campo se pronunciaron a este respecto, firmes siempre en la idea favorable- que tenían formada del señor Espino.

Fíjese usted en el estado del Entre Ríos y verá que si el señor Espino no es en el día el indicado para que mande no hay otro en quien fijarse con esperanzas fundadas de que será capaz de hacerlo con provecho y de hacer respetar las disposiciones del Gobierno de la manera que corresponde.

El señor Barrenechea. ¿Qué es lo que ha hecho? Es verdad que es Federal neto, amigo nuestro, y honrado; pero no pasará de un hombre bueno cargado de años, lleno de los mejores deseos, pero atado para marchar por estas calidades, y por los elementos de desorganización que hay en su país y el estado desgraciado en que se encuentra. Y si cuando contaba con el apoyo de la fuerza depositada bajo el mando del señor Espino no ha podido subordinar las masas de la Provincia de una manera que regulan, ¿qué hará si éste se aporta disgustado o es despedido por la fuerza del puesto que hoy ocupa? ¿Y a qué males no nos exponemos si el señor Espino, resentido con un paso tal y considerándonos sus autores, se entrega a ideas desesperadas, y marcha por el único camino que ellas le aconsejen?

Se dirá, acaso, que esto es menos malo que permitir la Liga Litoral en silencio ver romper los vínculos de la subordinación por un Coronel contra uno de sus Gobiernos, y que ese silencio, apariencia del escándalo, importa no sólo la degradación de la alianza sino una pérdida grande en su poder físico y moral, dentro y fuera de la República. Así es la verdad; pero esto tendría lugar cuando el señor Barrenechea y los Representantes hubieran manifestado sus protestas y declarado de hecho tumultuarnos los procedimientos del Coronel Es pino, mas cuando nada de esto aparece: cuando el señor Ba rrenechea y los representantes nada dicen. ¿Que indica ese silen ció? ¿No están en libertad para pasar a Santa Fe y hacer... partes la suya que no las hayan querido hacer en el Paraná, por temor de la fuerza armada?

 

En este estado, y siendo esto cierto, creo que la Liga Litoral desde que no aparezca esa protesta no íebe hacer otra cosa que entrar a pesar en la balanza de meditación más seria y detenida, el bien y el mal, para ver cuál sea lo que convengan mejor a sus intereses, entre los q je están envueltos los de esa provincia, cuyas instituciones aparecen ofendidas de esa manera indirecta o equívoca.

Usted ya ha meditado y por ello es que al darme conocimiento de lo sucedido y pedir le indique mi opinión me dice que siendo estos acaecimientos alarmantes, considera que al menos nos obligan a pedir explicaciones. Mas, advierta que se le ha olvidado decirme si el señor Espino ha dado aviso de su nombramiento a ese Gobierno y en este caso, cuál ha sido su contestación.

Yo también he meditado aunque como ya le he dicho falto del tiempo y reposo necesarios, con vista de los conocimientos que usted me da de su opinión, de lo que me dice el señor Cullen, de lo que he oído al señor Espino, y de las cartas que éste me ha mostrado.    . -

Crea que el señor Espino debía sei invitado a que bajase a Santa Fe con el señor Crespo. Si se quiere puede decírsele que después de lo que yo he escrito esto es necesario para acordar los puntos sobre que habló conmigo, por cuya razón de conformidad yo he manifestado que él estaba dispuesto a bajar luego que se le indicase por el Gobierno delegado ser este paso necesario.

Personado en Santa Fe el señor Espino podrían acordarse con él los cuatro puntos principales. Primero: Que deba publicarse para que aparezca legal su nombramiento de Gobernador. Segundo: Qué se hace respecto del Coronel Britos. Tercero: Qué se dispone sobre Carriego. Cuarto: Qué sobre Crispín Velázquez,

 

Sobre lo primero soy de parecer que debe publicarse la renuncia del señor Barrenechea, fundada en su enfermedad o en alguna otra causa racional. La aceptación de la Junta y su reconocimiento al señor Barrenechea por sus buenos servicios. El nombramiento del señor Espino por la Ley, y decreto del señor Barrenechea ordenando su cumplimiento, etc., y que en seguida debe darse a luz una proclama de éste en que aparezcan manifestados esos mismos motivos justos que haya tenido para renunciar y en que recomiende el señor Espino, por su capacidad, virtudes,^/ compromisos por la causa Federal. Que los señores Barrenechea y Espino deben aparecer cada día más amigos, mostrando esto al público con hechos, que no dejen duda. A esto se manifestó muy gustoso el señor Espino y me parece que no será difícil allanar lo mismo por parte del señor Barrenechea desde que he visto su carta.

Respecto a lo segundo. Soy de opinión que debe separar del mando de la fuerza al Coronel Britos y mantenerlo al sueldo siempre de amigo y de una manera que no se disguste y se vaya resentido. Pero si este paso no lo creen ustedes acertado por considerar que aun así su permanencia es peligrosa, puede hacérsele pasar a Santa Fe o Buenos Aires, donde podemos considerarlo y descubrir su verdadera opinión y capacidad. Digo esto porque si el Britos es como me lo ha pintado Hernández será un mal que este hombre se vaya a perseguir a nuestros enemigos, cuando del modo últimamente indicado no puede perjudicarnos. Es decir pasando a Santa Fe o Buenos Aires.

En cuanto a lo tercero soy de opinión que al señor Carriego se le haga salir inmediatamente del territorio. Si aún está con la investidura pública de su comisión, que se le despache contestando que estando el Gobierno de Buenos Aires encargado de las relaciones exteriores a él debe ocurrir el Presidente del Estado Oriental. Si ya no tiene tal investidura puede mandarse preso a Santa Fe. Esto es lo que más conviene en atención a que este bicho en el Estado Oriental se ha de estar muriendo y nos ha de estar haciendo todo el mal que pueda. En último caso, no teniendo investidura pública, lo más que puede considerársele es que salga de la provincia dejando sus intereses y una fianza además de consideración, que debe ser de unitarios, con la que asegure no trabajar ni pronunciarse en ninguna parte contra el Gobierno de la provincia ni la Liga Litoral.

 

En orden a lo cuarto, considero de absoluta necesidad que inmediatamente se prenda' a Crispín Velázquez, procurando darle el golpe con el sigilo y habilidad necesarios; y bien seguro, mandarlo preso a Santa Fe.

Si el señor Espino se presta a todo esto, me parece que en ello dará pruebas de su deferencia, de buenos deseos, y de su decisión en favor de nuestra santa causa Federal.

He manifestado a usted la opinión que me ha pedido. Sin embargo, ustedes, con mejores conocimientos que yo en este asunto, verán lo que más convenga y obrarán según estimen por más conforme y conveniente.

Al señor Cullen me ahorro contestarle esto mismo, desde que considero que usted debe mostrarle esta carta.

Va la contestación para mi compañero el señor Don Estanislao López para que despache usted con ella los chasques.

No extrañe que le deba aún algunas contestaciones. Luego que tenga un momento de tiempo para hacer un paréntesis a los asuntos de urgente despacho, mi primer cuidado será contestar sus cartas pendientes.

Adiós, mi buen amigo: disfrute usted de salud, y mande en la sincera amistad de su compatriota.

Juan Manuel de Rosas

 

[En Archivo General de la Nación. División Nacional. 10-24-1-5.]

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