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Contra el algoritmo de la dominación

Vinod Khosla es el ex CEO de Sun Microsystems y de Khosla Ventures. A sus 69 años, afirmó que triunfar en la carrera de la inteligencia artificial redunda en obtener poder económico y, a través de él, asumir la influencia social e ideológica. Su afirmación no fue lanzada al azar por redes sociales; lo que dijo lo dijo en un encuentro sobre inteligencia artificial en el Congreso de Estados Unidos.

Agregó: “Podemos liberar a la gente de la monotonía, de la servidumbre de trabajos como trabajar en una cadena de montaje durante ocho horas al día durante 40 años”. Lo que denotan las declaraciones de Khosla es algo que distintos analistas políticos, sociales y de tecnología vienen afirmando hace tiempo: Silicon Valley es un centro de poder donde la oligarquía tecnológica expande los tentáculos del pulpo económico que ha de subordinar a la política.

El sueño húmedo de Javier Milei. El algoritmo de la dominación. La promesa del “solucionismo tecnológico”, donde el trabajo pierde el centro de la escena y donde el ser humano se convierte en capital. En una entrevista que le realizó un lacayo mediático, el presidente argentino prometió que la reforma del Estado que proyecta estará a cargo de un programa elaborado por Google. Al mismo tiempo, adelantó que pretende implementar un sistema de enseñanza con inteligencia artificial.

Los sedimentos sociales comienzan a generar un suelo pantanoso. Las promesas de Milei, por ahora, se asemejan más a una expresión de fantasía tecnológica de un adolescente tardío que al imaginario de un programa político elaborado por el mandatario de un país. El cruce entre la IV revolución industrial, el capital, la colonización tecnológica y productiva y la dominación política abona el terreno para la creación de nuevas formas de dependencia económica.

El fundador de Amazon, Jeff Bezos, cuenta con un patrimonio de 201.500 millones de dólares. Elon Musk, en tanto, ostenta una riqueza de 198.400 millones de dólares. Por ahora, son los magnates tecnológicos. Se podría afirmar, si miramos estas cifras, que todo termina en el mismo lugar: dinero. Pero hay algo más. Siempre hay algo más. Como lo presenta Milei, la cuestión parece dirimirse en tecnología o barbarie.

La contracara de esa perspectiva redita la disputa histórica de Argentina: oligarquía contra pueblo. No se trata solamente de la construcción de imaginarios ideológicos. La carencia de constitución política del gobierno de Milei es terreno fértil para que distintos grupos de poder global puedan interferir en el diseño de políticas locales sin ningún tipo de resistencia. La zona franca de la colonización.

El experto en informática, Jaron Lanier, escribió en ¿Quién controla el futuro? (2015) que “el progreso nunca es ajeno a la política”. En tal sentido, nada es gratis. Eso es lo que constantemente explicita Milei en su idea de capitalismo extremo. En tanto, el creador del término “realidad virtual” afirma: “El precio de los productos de primera necesidad, como el agua o la comida, podría dispararse mientras dispositivos de suma complejidad, como los nanorrobots cardiocirujanos automatizados, flotan a nuestro alrededor como polvo en el aire por si fueran necesarios, patrocinados por anunciantes”.

LOS ALGORITMOS DE LA LIBERACIÓN

Se insiste en relacionar al universo tecnológico con mundos distópicos. La creación de la ciencia ficción ilustró ese imaginario durante años, pero hoy quedó obsoleto. El juego es permanente dentro del sistema liberal, al extremo de que el factor humano se convirtió en capital. La IV Revolución Industrial se inscribe en los márgenes de lo social y muta la estructura de políticas públicas con fuertes críticas a la intervención del Estado. Neoliberalismo tecnológico (Sforzin, 2024).

“El espejismo de que el precio de todas las cosas está bajando tanto que son prácticamente gratis sienta los cimientos políticos y económicos para que los cárteles saquen provecho de lo que no siga esa tendencia. Cuando la música es gratuita, las facturas de conexión inalámbrica suben a extremos disparatados. Hay que mirar el sistema en su conjunto. Por íntimas que sean las imperfecciones de una utopía, es en ellas donde se concentrarán las luchas por el poder”, (Lanier, 2015, p. 50).

Milei se deslumbra con el solucionismo tecnológico. No es casualidad; este representa el imaginario numérico de su visión extrema sobre el capitalismo. Un mercado donde los seres humanos son mero capital. No es una ponderación, es una condición del nuevo orden de la dominación, de la explotación del hombre por el hombre, donde la economía no está puesta al servicio del bien común. El bien común es una aberración y el capital una bendición. ¿Millones de pobres? Desequilibrios necesarios que pueden ser redimidos con la liberación de un virus de laboratorio. Todo es demasiado tangible como para ser distópico. La excitación patológica del presidente.

Lo curioso para el presidente es que este renacer del progreso civilizatorio, que promociona el descarte humano, no se produce solo en países que él considera paradigmas del capitalismo salvaje y reaccionario. Milei es un ignorante en materia geopolítica. Para muestra basta un algoritmo. En el puerto de Shanghai, China opera con tecnología 5G, así se convirtió en el puerto más automatizado del mundo. Allí no hay trabajadores. No hay humanos. Los chinos implementaron una red especial de control, en la playa de contenedores se opera de manera autónoma.

El dispositivo es más complejo. Requiere de un dominio más amplio. No se trata de colonizar el cuerpo. No es necesario. La guerra es ahora cognitiva. Para la doctora en comunicación Verónica Sforzin, “la imposición de la tecnología hegemónica requiere negar y ocultar los procesos culturales y sociales genuinos para garantizar la reproducción de su dominio”.

En su libro Ética, Poder y Tecnologías (Ciccus, 2023), subrayó que “la estructura tecno-colonial se establece mediante una relación directa entre el individuo y las corporaciones transnacionales, en la que, mediante la apropiación del territorio virtual-digital, estas hacen de la manipulación psicológica una de sus grandes herramientas. La ocupación de la mente, el control psicosocial de la población, pasa a ser el instrumento militar de control mediante el cual se consolida la estructura económica de extractivismo (de minerales, de materias primas, de datos e información) y política, e incluso cultural, de dependencia”.

No se trata del sometimiento de la máquina sobre el hombre. Es siempre el hombre explotando al hombre, en el marco de sociedades que no se realizan. En tal sentido, la representación desarrollista de las fuerzas productivas queda concentrada en el mero esquema del derrame, por lo que su capacidad de generar transformaciones estructurales es mínima. Tampoco se sustenta el paradigma de la batalla cultural.

El desarrollismo es liberal, por lo tanto, articulará con el régimen de colonización. Un programa que se asiente en este esquema no tenderá a la liberación económica, por lo que la dependencia tecnológica implicará la subordinación económica a los mandos de las estructuras del neoliberalismo tecnológico.

Si el Movimiento Nacional no se aparta de estos esquemas de dominación, quedará atrapado dentro de un laberinto de cristal donde su imagen será develada de manera distorsionada y fraudulenta. El alineamiento de Milei con el eje sajón no es casual ni inocente. Su ignorancia en materia geopolítica le reduce los espacios de maniobra; sin embargo, su convicción ideológica lo obliga a disponer las condiciones objetivas para la penetración política de corporaciones tecno-militares extranjeras, como Silicon Valley.

Elon Musk, Peter Thiel, Mark Zuckerberg y Marc Andreessen, Jeff Bezos, conforman, entre otros, un bloque tecno-oligárquico. Milei es orgánico a este bloque que también representa un esquema de geopolíticas globales. Por lo tanto, el sistema es mucho más amplio en la actualidad de lo que incluso cree el propio mandatario argentino. Sobre todo porque su visión global se afinca en principios dogmáticos del siglo XX. Este bloque, que no se desprende de la visión atlantista del coloniaje tecnocrático, ya no pretende hacer hincapié en la cuestión humana; por lo tanto, desplazan también a un plano de subordinación a la condición del trabajo.

El Movimiento Nacional no puede prescindir de dar esta discusión. Las fuerzas políticas que lo habitan no pueden anidar en él desde el parasitismo ideológico, anudando debates secundarios como si fueran la agenda de la causa nacional. La disposición de fuerzas no puede quedar concentrada en una conducción que no distinga entre políticas de emancipación nacional y desarrollistas liberales.

La discusión sobre la cuestión tecnológica no puede ser abordada desde perspectivas moralizantes, con las que el progresismo reformista suele abordar la mayoría de los temas trascendentes en Argentina. La superación de ese estadio, que redujo al Movimiento a una espacio de impacto electoral, aturdido por sendas derrotas, es menester para construir una fuerza política que comprendan en su real dimensiones los problemas que nos acucian en la actualidad.

Sin independencia económica y sin soberanía política la liberación nacional queda reducida a una expresión utópica, abstracta. Recuperar el sentido de la causa se torna indispensable para afrontar tanto el presente como el futuro. Para ello es necesario que cada peronista se conforme en una unidad táctica con capacidad formativa trazando una agenda relevante que contenga los ejes de la centralidad nacional para construir algoritmos de la liberación.

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