Los partidos políticos (1852-1916): Una línea de continuidad.

La historia política de la Argentina se caracteriza por la coexistencia de dos líneas de pensamiento y de acción política contrapuestas, aunque de disímiles proporciones. Esta polaridad ya se percibe desde los comienzos de los primeros gobiernos patrios. Morenistas versus saavedristas, revolucionarios radicales versus conservadores, porteños versus hombres del interior. Esta situación revela también intereses encontrados entre la ciudad puerto ligada al comercio de importación –exportación, y el interior vinculado más a una actividad artesanal.

Luego de las guerras por la emancipación, la división es entre federales y unitarios. El proyecto unitario, centralista, europeizante, anticlerical, librecambista fracasa en 1819 y en 1826 en que son rechazadas las constituciones por los caudillos provinciales. Con Juan Manuel de Rosas las Provincias Unidas del Río de la Plata, pasan a ser la Confederación Argentina. Rosas, con su federalismo sui generis, empírico, sienta las bases para la constitución de un Estado-nación.

Rosas que representaba la defensa de las autonomías provinciales, empezando por la de Buenos Aires, así como el sentimiento americanista y telúrico, la defensa de la tradición hispano criolla, el proteccionismo en economía y la defensa de la soberanía nacional frente a la agresión de las potencias extranjeras, es derrotado por el caudillo entrerriano Urquiza, con la alianza del Imperio del Brasil y de los unitarios exiliados. Su bandera será el dictado de una Constitución largamente postergada por Rosas.

Sin embargo transcurrieron diez años más de guerra civil, para que finalmente fuera aceptada la constitución de 1853 por Buenos Aires. Fue luego del triunfo de Pavón (1862) en que el General Bartolomé Mitre derrota a las fuerzas de la confederación comandadas por Urquiza, quien se retira del campo de batalla con la caballería intacta, dejándole el triunfo a Mitre. La defección del caudillo entrerriano significó la hegemonía de los intereses del puerto de Buenos Aires sobre el resto del país, el triunfo de los liberales, como pasan a llamarse los antiguos unitarios, a los que se suman algunos ex federales rosistas.

Dos son los grupos políticos enfrentados en el período que va de Caseros a Pavón. Por un lado el Partido Federal Reformado, seguidores de Urquiza, con hombres como Vicente López y Planes, Vicente Fidel López, Hilario Lagos, Nicolás Calvo, federales rosistas, y federales del interior. Llamados chupandinos por sus contrarios. Y por el otro el partido liberal, enemigo acérrimo de Urquiza, integrado por los más recalcitrantes unitarios como Valentín Alsina, Sarmiento, Mitre, Velez Sarsfield, Pastor Obligado, los hermanos Varela, y algunos federales rosistas como Lorenzo Torres, y Nicolás Anchorena. Llamados pandilleros, por recorrer las calles con gritos y disparos de armas.

El tema de la federalización de Buenos Aires, luego de Pavón, dividió al partido liberal en nacionalistas de Mitre y autonomistas de Adolfo Alsina.

El partido Autonomista, defiende la autonomía de Buenos Aires, no quiere ceder la ciudad ni el puerto debido principalmente a su fuerte localismo. Las rentas de la aduana habían sido nacionalizadas por la Constitución de 1853, pero esto no fue aceptado por Buenos Aires.

Adolfo Alsina es el ídolo popular de su tiempo. Apoyado por las masas populares de la provincia, por los orilleros, peones y matarifes, pero también por los estancieros de Buenos Aires. Y como el partido federal no tiene posibilidades de actuar, pensemos en la represión que sufren los federales a manos de los procónsules de Mitre, (Sandes, Paunero, Arredondo) figuras del viejo rosismo como Bernardo de Irigoyen, Saénz Peña, Saldías, Alem, del Valle, Hipólito Yrigoyen se incorporan al autonomismo. Estos son los continuadores de los chupandinos (federales urquicistas). Recibirán el mote de crudos, por contraposición a los cocidos mitristas. Por eso sostiene Jorge Abelardo Ramos en su libro "Del patriciado a la oligarquía", que su partido es un neorrosismo de proyección más nacional, más adaptado a los nuevos tiempos.1

Alvaro Yunque relata un episodio de la vida de Adolfo Alsina que explica por qué los orilleros tenían tanta devoción por él.

"Joven aún (Alsina) en el temido barrio del Alto (San Telmo) entra a un almacén. Va en busca del dueño del boliche un caudillo crudo. Este se halla ausente y Alsina se dispone a esperarlo. Pero en el boliche tomando a la mañana –caña o ginebra- se hallan algunos compadres del barrio: melenudos, chambergo sobre los ojos, facón a la cintura. El alcohol los hace provocadores. Aquel hombre de levita y de galera, traje inadecuado para el sitio, los mueve a burla. ¿Y su nariz? El más osado, un muchachón, alude a ella. Alsina, fulminante, le aplica un sopapo. Y lo desmaya. Los otros sacan facones, pero a la defensiva, impuestos. En aquel momento entra el patrón del boliche. Reconoce a su visitante: ¡Doctor Alsina! ¡Nombre mágico! Los matones envainan y, lentamente, como al descuido, van ganando la puerta, lelos y avergonzados. El caído ha vuelto en sí. Se entera que quien le ha pegado es Adolfo Alsina...¡Pucha qué mala suerte! Y él que venía recomendado a Alsina, precisamente por su padre. Trae una carta.

¿Cómo se llama? Pedro Galván. ¡Si conoce Alsina al padre del muchacho, un crudo de ley!

¿A ver la carta?Y lee en voz alta lo que dice: allí le mando a mi hijo, pronto va a cumplir dieciocho años, bautícemelo con sangre en cualquier entrevero...

¡Ya estás bautizado, pues! Y lo toma a sus órdenes. Lo hace su guardaespaldas. Pasan los años, Pedro Galván le sigue adicto. Su injuria y su cuchillo están prontos a salir cortando a la menor duda de que el Dr. Alsina no es el mejor argentino, ¡el más macho!...2
Bartolomé Mitre

El Nacionalismo mitrista, avalará la formación de un Estado de Buenos Aires, y fiel continuador de la política de Rivadavia, propondrá la federalización de toda la provincia de Buenos Aires. Propician la organización del país bajo la hegemonía del puerto de Buenos Aires. Cuenta con el apoyo de la burguesía comercial porteña. Se los denominó cocidos, porque se los acusaba de haberse dejado cocer en las calderas de Urquiza.

Con las presidencias de Mitre, Sarmiento y Avellaneda (1862-1880)se desenvuelve el proceso de consolidación política y territorial del Estado Argentino. Sus objetivos fueron afirmar la unidad nacional y consolidar un régimen de gobierno de acuerdo con los principios liberales.

Lograr la obediencia al gobierno central mediante la represión de los caudillos federales: el Chacho Peñaloza, Felipe Varela, Ricardo López Jordán, que resistieron la política de apertura del mercado interno a la producción inglesa, y la hegemonía porteña sobre el resto del país. La actitud de Urquiza que aceptó esa situación y la creación de un ejército nacional, fueron los instrumentos que permitieron lograr la unificación de acuerdo a esos principios.

Pero es recién al final de la presidencia de Avellaneda que se pone fin a la cuestión de la capital federal, y se logra así la definitiva organización del país.

Avellaneda, tucumano radicado en Buenos Aires, descendiente de Marco Avellaneda, fusilado por Rosas, "vástago de la burguesía intelectual provinciana" dirá de él Ramos, milita en el autonomismo bonaerense. Fue ministro de gobierno de Adolfo Alsina y ministro de Educación de Sarmiento. Fue apoyado por las provincias y por el autonomismo para sucederle. El vuelco de Alsina a la fórmula de Avellaneda resultó decisivo y le otorgó el triunfo. Bartolomé Mitre, el candidato rival, no se resignó a la derrota, y se produjo la revolución de 1874, que fue vencida. En la estancia LaVerde, el teniente coronel José Inocencio Arias con solo 500 combatientes venció al llamado Ejército constitucional del general Mitre, muy superiores en número. Y en la batalla de Santa Rosa en Mendoza, el entonces coronel Julio Argentino Roca venció al general mitrista Arredondo, responsable del vil asesinato del general Ivanowsky.

Con Avellaneda surge un movimiento industrialista que defiende políticas proteccionistas. Forman parte de él figuras como José y Rafael Hernández, Vicente López, Vicente Fidel López, Roque Saénz Peña, Carlos Pellegrini, Estanislao Zeballos, Amancio Alcorta, Nicasio Oroño, Lucio V.Mansilla. En 1875 se establecieron tarifas proteccionistas que permitieron que se desarrollaran fábricas de muebles, sedas, papel para diarios, cerveza, cigarrillos, fideos, cueros curtidos, cal, yeso, mosaicos. Exportación de trigo y carnes enfriadas.

Carlos Pellegrini dirá en sesión de la cámara de diputados de la Nación, una frase que se ha hecho famosa: "Es necesario que en la República se trabaje y se produzca algo más que pasto". Rafael Hernández lidera este movimiento industrialista fundando el Club Industrial. Vicente Fidel López ya con anterioridad en 1873 defendía las políticas proteccionistas. En un discurso en la Cámara de diputados de la Nación decía así:

"Si tomamos en consideración la historia de nuestra producción interior vemos que desde que la revolución de 1810 empezó a abrir nuestros mercados al librecambio extranjero, comenzamos a perder todas aquellas materias que nosotros mismos producíamos elaborados y que en nuestras provincias del interior, que tantas producciones de esas tenían, la riqueza y la población comenzó a desaparecer a términos que en provincias que eran ricas y que podían llamarse emporios de industria incipiente, cuyas producciones se desparramaban en todas partes del territorio, hoy están completamente aniquiladas y van progresivamente por el camino de la ruina.... En el camino que hemos adoptado, este mal tiene que ir en aumento, señor Presidente, porque en ese camino la provincia de Buenos Aires tiene que arruinar a las demás, sin ganar otra cosa que la expansión ampulosa y ficticia de su grande ciudad al lado de su grande aduana".3

Por supuesto fueron los mitristas grandes detractores de esta política, desde las páginas del diario La Nación, acérrimos defensores del librecambio destructor.

No había en realidad en esta época intención de modificar la estructura agraria y exportadora de la Argentina. Dada la fertilidad y prodigalidad de nuestras praderas. Pero la idea de industrialización surgió con fuerza en la presidencia de Avellaneda debido a la crisis mundial. El clamor por una política industrial será característico de cada crisis: en 1874, en 1890, en la 1ªguerra mundial, en 1930, en la 2ªguerra mundial, observa agudamente Ramos.

En el aspecto de la política interna el presidente Avellaneda para poder gobernar otorgó la amnistía a los militares castigados por su participación en la revolución mitrista del 74. Poco después se estableció lo que dio en llamarse la "Conciliación", o acuerdo de partidos, entre el autonomismo y el nacionalismo. Ese acuerdo se tradujo en apoyo de candidatos para la elección de gobernador y vice gobernador de la provincia de Buenos Aires, cuya fórmula fue Carlos Tejedor, propuesto por Alsina, y José María Moreno (mitrista). El gabinete de Avellaneda, que había sufrido varias modificaciones constituyó uno llamado de coalición con tres autonomistas, uno de ellos Bernardo de Irigoyen en la cartera de Interior, Adolfo Alsina de Guerra, y dos mitristas.

Pero no todo el autonomismo aceptó la conciliación. Un grupo encabezado por Aristóbulo del Valle, Leandro Alem y Dardo Rocha, se escindió constituyendo el Partido Republicano. No aceptaron la alianza con el mitrismo, proponiendo para la gobernación al binomio Aristóbulo del Valle- Leandro Alem.

Otro elemento que complicó la política de conciliación fue la muerte de Adolfo Alsina, que era el candidato para sucederle a Avellaneda. El Ministerio de Guerra lo ocupará el vencedor de Arredondo en Santa Rosa, Julio Roca, que concluirá exitosamente la campaña al desierto, y será elegido presidente de la Nación. Su oponente Carlos Tejedor, vencido en el comicio se alzó en armas al grito de ¡Viva Buenos Aires!
Carlos Tejedor

Carlos Tejedor , porteño y unitario, exiliado en Chile, regresó a Buenos Aires tras la caída de Rosas. Fue ministro en el orden nacional en varias oportunidades, Director de la biblioteca nacional, procurador general de la Nación y a la edad de 60 años gobernador de Buenos Aires. Adusto y de pocos amigos, recto y honrado, ni mitrista ni alsinista, pero de un porteñismo recalcitrante. Y la cuestión que estaba en debate era la federalización de Buenos Aires. Nos dice Ramos sobre él: "Antiguo antirrosista, miembro de la Asociación de Mayo, Tejedor no había olvidado nada, y menos que nada, el orgullo casi delirante de ser porteño."4 Para quien el gobierno nacional era sólo un huésped del gobierno provincial, que prestaba su capital al Presidente.

Su postulación para presidente de la Nación será sostenida por el mitrismo y el autonomismo porteño de Cambaceres. Tejedor era el símbolo del localismo porteño. Recibirá el apoyo de los comerciantes extranjeros.

Roca representaba en cambio los intereses de las provincias. La liga de Gobernadores y el autonomismo republicano apoyaron la candidatura de Roca. Es decir la fusión del nacionalismo provinciano con los sectores populares y federales de la provincia de Buenos Aires, punto de arranque del Partido Autonomista Nacional (PAN)

Se produjo, entonces, la guerra civil, el enfrentamiento entre las fuerzas provinciales de Tejedor, comandadas por Mitre, y el ejército nacional de Avellaneda comandado por Roca. El triunfo de las fuerzas nacionales significó más de tres mil muertos en los combates de Barracas, Puente Alsina, Los Corrales Viejos, Constitución. El presidente Avellaneda trasladó su gobierno y la legislatura al pueblo de Belgrano, en donde los legisladores presentes aprobaron el proyecto de ley declarando capital de la república a la ciudad de Buenos Aires. El historiador Carlos Heras expresa lo siguiente: "Roca era sin duda el exponente de la corriente federal que siempre había resistido la hegemonía porteña y ansiaba cobrarse la revancha de Pavón".5

En los debates parlamentarios sobre dicha cuestión Leandro Alem se opuso a la federalización, porque sostuvo que Buenos Aires se convertiría en un gigante desproporcionado con respecto al resto del país. José Hernández sostuvo la tesis contraria como así mismo Hipólito Yrigoyen. Esta divergencia con su tío Alem, marcó dos estilos diferentes y dio origen más tarde al personalismo y antipersonalismo. Las provincias finalmente lograron imponer a Buenos Aires la federalización de su capital, que fortaleció al país como Estado, creando una base nacional de poder. Si no se hubiese llegado a la solución del problema de la capital, gracias a las provincias, no es improbable que la formidable presión del capital extranjero hubiera creado un nuevo Estado independiente en el estuario del Plata, sobre la base de la provincia-Metrópoli.6

Un nuevo ciclo se inicia en la historia argentina, período comúnmente llamado La Argentina moderna, o la Argentina agro exportadora, y que está signado por la figura de Roca. Hombre del interior, que siguió la carrera militar, como su padre, guerrero de la independencia, actuó a favor de la Confederación en Pavón cuando tenía solo quince años, a favor de Sarmiento en la revolución mitrista del 74, obtuvo gran prestigio en la campaña al desierto y con Avellaneda en la revolución de Tejedor. Su base social de sustentación fue la burguesía provinciana, " federal por tradición, liberal por su cultura y ambiciones, nacionalista porque estaba enterrada en el país hasta los huesos, esa burguesía provinciana contempló la división del país en dos bandos: el aborrecido mitrismo metropolitano y el roquismo –nacional, federal, progresista, provinciano. Y se hizo roquista." También son roquistas los estancieros que producían para el mercado interno desligados de Europa, y el rosismo bonaerense que se refugia en el alsinismo para sobrevivir. Ej.Aristóbulo del Valle, Leandro Alem, Bernardo de Irigoyen etc. Roca y su equipo provinciano aparta del poder político a la oligarquía porteña mitrista. Ramos considera que esta burguesía provinciana no es una oligarquía, sino un patriciado en el sentido de que sus miembros lucharon por constituir y fundar una nación. La única oligarquía es la de Buenos Aires, clase social dueña del puerto y de los campos de la provincia. Pertenecen a ella, según Ramos, hombres tan disímiles como Rivadavia y Rosas, por supuesto Anchorena, Lezica, Mitre, Velez Sarfield. A mi entender es un anacronismo equiparar a Rosas con Rivadavia, si lo analizamos no solo desde el punto de vista económico, sino de sus ideas políticas, religiosas, culturales.

Se inauguró un período de esplendor cultural, con los hombres de la generación del 80, positivistas y agnósticos en su mayoría, elitistas ilustrados, que se consideraban los únicos capacitados para gobernar, despreciando al pueblo. Se inició un vertiginoso progreso económico. Se construyeron ferrocarriles, telégrafos, puentes, edificios, pueblos, teatros, correos y escuelas por todo el país. Miles de inmigrantes ingresaban al país. La vieja sociedad criolla se transformó. Sin embargo esta prosperidad se basaba en la producción de materias primas, carnes y cereales para la exportación, principalmente a Inglaterra, a la que otorgábamos concesiones para empresas de servicios, endeudándonos con la banca extranjera, que nos convirtió en un país dependiente del imperialismo británico.

Finalmente el roquismo que en su momento representó a los grupos federales del interior, y al rosismo bonaerense, que continuó con la política proteccionista de Avellaneda, y que había logrado arrancar la capital a la oligarquía porteña, terminó absorbido por ella. Roca con las mil leguas de tierra, premio de la campaña al desierto, formó su estancia La Larga y la alambró. La burguesía terrateniente del interior se fundió con la porteña, constituyendo una clase dirigente que Perez Amuchástegui denominó la "oligarquía paternalista".7 Con la presidencia de Juárez Celman se sustituyó el nacionalismo posible de Roca por un liberalismo económico ruinoso.

La crisis económica del 90, fruto no solo de las políticas liberales de Juárez, sino también consecuencia de una de las crisis cíclicas del capitalismo, provocó un cambio en el ámbito político. Surgió un nuevo movimiento político, la Unión Cívica que impugnó la legitimidad del régimen e inició un ciclo revolucionario.

La Unión Cívica no tuvo un carácter homogéneo, convergieron en ella diferentes corrientes políticas y grupos sociales. El partido liberal de tradición mitrista, la Unión Católica de José Manuel Estrada y Pedro Goyena, opuesta a las leyes laicas, el grupo republicano del autonomismo bonaerense con Leandro Alem, A.del Valle, Hipólito Yrigoyen, el socialismo de Juan B.Justo, más sectores del ejército. Convergieron obreros, empleados empobrecidos por la desvalorización de sus ingresos, productores agropecuarios afectados por la baja de los precios de las exportaciones, especuladores en bancarrota. Finalmente, la U.C. encabezada por Leandro Alem, produjo la Revolución del Parque. Fue una revolución popular o fue más determinante la participación de jóvenes aristocráticos porteños. Para J.A.Ramos fue "una revolución financiada por la Bolsa de Comercio, los ganaderos y la banca".8 La realidad fue que la revolución tuvo un carácter urbano y que se localizó dentro de los límites de la capital federal, sin tener ningún eco en el interior. Fue sofocada gracias a la intervención de Carlos Pellegrini y de Roca, que a pesar de estar alejado del gobierno, apoyó a Juárez para poder dominarlo después.

El vicepresidente Carlos Pellegrini, hombre del PAN, y amigo de Roca, reemplazó a Juárez Celman que renunció.

Los objetivos propuestos por la Unión Cívica en el Manifiesto del 90, poseían un carácter ético más que político y se resumían en dos reclamos: la pureza del sufragio y la honradez administrativa.

Con respecto al primer punto el sistema de control electoral por parte del régimen oligárquico, se basó en la política del Acuerdo que consistía en actos tendientes a suprimir la lucha electoral donde se pactan la distribución de cargos antes del comicio, y en el fraude electoral, en una primera etapa el llamado comicio sangriento mediante los caudillos de parroquia y una segunda etapa caracterizada por la venalidad, la venta de libretas cívicas. Estos mecanismos tenían por objeto conservar el poder para las clases altas nativas.

La política del Acuerdo se puso en marcha a raíz de la sucesión presidencial de Pellegrini. La Unión Cívica presenta como candidatos a la fórmula Bartolomé Mitre- Bernardo de Irigoyen. Pero de la reunión de Roca y Pellegrini con Mitre a su regreso de Europa, surge un acuerdo, que consistió en reemplazar el nombre de B de Irigoyen por el de José Evaristo Uriburu, hombre del PAN. Este acuerdo produjo la división de la Unión Cívica en Unión Cívica Nacional, mitristas a favor del acuerdo, y la Unión Cívica Radical liderada por Leandro Alem que rechazó el Acuerdo. Roca impuso finalmente la fórmula Luis Saénz Peña-José Evaristo Uriburu, para el período 1892-1898.

Leandro Alem y su sobrino Hipólito Yrigoyen coincidieron en su rechazo al acuerdo entre Roca y Mitre, pero por motivos diferentes. Alem por antirroquista, Yrigoyen por antimitrista.

En 1896 se produce el suicidio de Leandro Alem. Sus diferencias con su sobrino Hipólito, su fracaso en la revolución de 1893 fueron algunas de las causas, Al plantearse nuevamente el problema de la sucesión presidencial en 1898, los radicales se dividieron entre los seguidores de Bernardo de Irigoyen que se inclinó por pactar con Bartolomé Mitre, quien le propuso la Política de las paralelas: proclamar candidatos en una lista común, en la que Don Bernardo sería el candidato a presidente y el mitrismo eligiría el nombre del vice. Los convencionales radicales de todo el país lo aprobaron con el fin de cerrarle el camino a Roca a su segunda presidencia. Pero Hipólito Yrigoyen convocó al Comité de la provincia de Buenos Aires, el más fuerte del país, que rechazó el acuerdo con Mitre. Era preferible que el radicalismo bonaerense se disolviera temporariamente, antes que pactar con el mitrismo. Es la intransigencia y la abstención electoral. Esta decisión hizo fracasar el acuerdo con Mitre y facilitó el triunfo de Roca. Por este motivo Lisandro de la Torre rompió para siempre con Yrigoyen. Más tarde Roca aconsejará a sus partidarios votar por Yrigoyen.

Vemos que existe una línea de continuidad que va de los federales rosistas y del interior, alsinistas, roquistas, y por último yrigoyenistas, que seguirá más tarde con Perón.

Sostiene Abelardo Ramos: ..."Yrigoyen siempre vio en Roca, no al escéptico político del "régimen" ..., sino a la corriente más nacional y progresiva que su tiempo admitía....Su política práctica se orientó invariablemente contra los enemigos de Roca, en primer lugar contra el mitrismo. ... Yrigoyen aspiraba a incorporar a su movimiento, como en efecto sucedió, a aquellos vastos sectores provincianos que desde 1880 habían constituido el partido de Roca....jamás le hizo una revolución a Roca. Al desaparecer Roca de la política argentina en 1905, los sectores fundamentales del roquismo provinciano se integraron en el radicalismo."9

La declinación de Roca comienza por la ruptura con Carlos Pellegrini a raíz del proyecto de unificación de la deuda presentado en el senado, que defendió Pellegrini. Pero ante la oposición al mismo, Roca en lugar de apoyar a Pellegrini lo retira.

Esto trae aparejado la descomposición del PAN. Pero en su segundo gobierno, a través de su ministro del interior Joaquín V.González, elaboró un proyecto de ley o Código de trabajo, convocando para ello a jóvenes intelectuales socialistas como Manuel Ugarte, Enrique del Valle Iberlucea, Augusto Bunge, Bialet Massé y Leopoldo Lugones. Proyecto el más avanzado de su época que será rechazado por la bancada conservadora del congreso, y también por el Partido Socialista de Juan B.Justo, por las disposiciones represivas para organizaciones obreras que emplearan métodos violentos. La preocupación del gobierno de Roca por la situación del proletariado se debió principalmente al aumento numérico de esta clase, en su mayoría de origen extranjero, que traía las ideas en boga en Europa de anarquistas y socialistas. La toma de conciencia sobre las transformaciones que se producían en la sociedad argentina, lleva también a la sanción de una nueva ley electoral redactada por el ministro Joaquín V. González. Se trataba de solucionar la falta de correspondencia entre la teoría y la práctica, entre la sociedad civil y la sociedad política. González propuso un sistema de sufragio uninominal por circunscripciones (120)en contraposición al sistema vigente, plurinominal o de lista sábana como diríamos actualmente, desde 15 distritos, capital más las 14 provincias. El voto seguiría siendo voluntario pero secreto, y se crearía un registro electoral permanente, pero su confección recaía sobre las clases distinguidas, y el control de los sufragios por los partidos políticos.

La reforma se puso en práctica en 1904 pero sin el voto secreto. En las elecciones a diputados por la Capital Federal, Alfredo Palacios, candidato del Partido Socialista, fue elegido diputado en la circunscripción del barrio de la Boca. Fue el primer diputado socialista de América. Sin embargo este sistema no prosperó y en 1905 se volvió al régimen anterior.

El partido socialista había sido fundado por Juan B. Justo en 1896. Ramos, el más duro e incisivo crítico, proveniente del marxismo, sostiene lo siguiente: "Formado por una concepción europeizante de la política obrera, jamás expandió su influencia más allá del municipio porteño."10 Señala su desprecio por el elemento criollo. Defensor del librecambismo.

El socialismo sostuvo que se debían realizar reformas graduales a través de la lucha parlamentaria. Esta actitud fue considerada por los anarquistas como una traición a la clase obrera. Ellos proponían en cambio, la acción directa y la revolución para lograr mejoras en forma inmediata. Integrarán la FORA, Federación obrera regional argentina, creada en 1905. Los socialistas formaban parte de la Unión General de Trabajdores UGT creada en 1903.

La táctica de Yrigoyen para el acceso al poder, ya jefe indiscutido de la UCR, será la abstención revolucionaria. Sobrino de Alem, antiguo alsinista, Comisario de Balvanera, funcionario del gobierno de Sarmiento, diputado en el 80 por el partido de Roca, revolucionario del 90, antimitrista, amigo de Pellegrini y de Roque Saénz Peña. Este último será el que promulgue la nueva ley electoral con la que finalmente triunfará. Apoyaron a Yrigoyen los elementos criollos de raigambre federal, como el jordanismo de Entre Ríos, y además incorporó a los argentinos nuevos, los hijos de los inmigrantes, cumpliendo así una función asimiladora y nacionalizadora.

Preparó y desató la revolución en 1905 contra Manuel Quintana, abogado del Banco de Londres y América del Sur, liberal mitrista, dandy que se vestía en París, y que despreciaba al pueblo criollo, de un gran servilismo con Inglaterra. La revolución fue vencida pero el movimiento, como lo llamaba Yrigoyen , se extendió por todo el país. Sus divisas fueron: ¡Abstención o Revolución!, ¡La Causa contra el Régimen falaz y descreído! Lo que debe lograrse es la "Reparación política".

Durante la presidencia de Roque Saénz Peña se decidió nuevamente reformar el sistema electoral vigente: universal, voluntario, cantado, de lista completa a simple pluralidad de sufragios desde 15 distritos electorales.

El ministro del Interior Indalecio Gómez propuso una reforma que eliminara la abstención de los ciudadanos, el fraude en el comicio y la venalidad. Consistía en el voto secreto y obligatorio, el padrón electoral sobre la base del registro de enrolamiento, lo que significaba un control externo, fuera de la maquinaria electoral. Anteriormente las comisiones empadronadoras confeccionaban el registro electoral, y eran designadas por el juez de paz de los municipios. Allí comenzaba la gestación y control del voto. El nuevo sistema incorporó el procedimiento de lista incompleta, que establece a priori la representación que le corresponde a la minoría, un tercio de los cargos, y dos tercios de los cargos para la mayoría. Los conservadores pretendían con esta reforma legitimarse al permitir la representación de una minoría que no calculaban que podía desplazarlos.

Nadie del gobierno dudaba que la mayoría correspondería a los grupos gobernantes, había un firme convencimiento en la victoria. Sin embargo igual se tomaron resguardos institucionales. Siguiendo la explicación dada por Natalio Botana en "El orden conservador", el Senado nacional, que recogía la representación igualitaria de las 14 provincias quedaba fuera de la reforma. La Constitución imponía la elección indirecta por medio de las legislaturas provinciales. La capital federal eligió en 1912 al radical José Crotto, y en 1913 al socialista del Valle Iberlucea, el resto del senado hasta 1916 permaneció bajo el control tradicional. El sistema de lista incompleta se aplicó sólo para la elección de diputados, en cambio en la elección de electores para presidente y vice se empleaba el sistema tradicional de lista completa.

En abril de 1912 tuvieron lugar las primeras elecciones legislativas, reguladas por la nueva ley, con la participación de radicales y socialistas. La noche del comicio, antes de que se conocieran los resultados, los partidos tradicionales, festejaron por anticipado la victoria. Nicolás Repetto nos cuenta: "La elección significó una derrota aplastante para los candidatos de la vieja oligarquía que esperaban confiados el triunfo y lo celebraron poco después de terminado el comicio atronando el aire con bombas de extraordinario poder la oligarquía había computado como votos seguro, todos los emitidos por aquellos ciudadanos que antes de dirigirse al comicio habían pasado por el comité a recoger la boleta del voto, los diez pesos que se entregaban como precio de éste y a reclamar el vehículo que debía transportarlos a la respectiva mesa receptora".11 Aunque, los conservadores perdieron solo en dos distritos, la capital y Santa Fe y triunfaron en el resto de las provincias.

Al año siguiente tuvo lugar elecciones complementarias en la capital federal y triunfó ampliamente el partido socialista. El senador radical Crotto sostuvo que hubo una siniestra conjura. Los conservadores traspasaron sus votos a los socialistas, ya que consideraban al radicalismo el verdadero enemigo. Lo mismo ocurrió con el triunfo de Alfredo Palacios, donde hubo un traspaso de votos mitristas al candidato socialista. Ver Todo es Historia, Año VI,nº76, artículo de J. Carlos Torre.

Para las elecciones presidenciales de 1916 concurrieron los radicales con la fórmula Yrigoyen –Pelagio Luna, el Partido Demócrata Progresista con Lisandro de la Torre –Carbó, el socialismo con Juan B. Justo –Nicolás Repetto. El partido conservador bonaerense de Marcelino Ugarte, "el petiso orejudo", y sus aliados no proclamaron candidatos a presidente. Los grupos conservadores , confiando en que las elecciones primarias no serían decisivas, esperaban la segunda instancia en el Colegio electoral.

Las elecciones nacionales dieron como resultado la mayoría al radicalismo yrigoyenista, 133 electores, seguido por los conservadores, 104, los demócratas progresistas, 20, los socialistas, 14, y por último los disidentes radicales de Santa Fe, 19. Para que triunfara Yrigoyen era necesario el voto de los 19 electores de los disidentes de Santa Fe, para lograr la mayoría absoluta.

Ricardo Caballero cuenta cómo los conservadores buscaron comprar a los electores santafecinos. También Lisandro de la Torre buscó un arreglo con ellos. Yrigoyen, en cambio, se mantuvo intransigente rehusó negociar con ellos, quienes finalmente votaron por su fórmula.12

Este triunfo indica el paso a un nuevo período histórico. Se lo conoce como la época de la democracia ampliada, por la participación de los nuevos grupos sociales en el manejo de la cosa pública, es decir, la clase media, que no se identificaba sólo con los hijos de inmigrantes, sino más bien con los grupos nativos, criollos, antiguos federales. Sin embargo, ello no significó la modificación del modelo agro-exportador.

El desplazamiento de la oligarquía del poder con el triunfo de Yrigoyen está magistralmente pintado por uno de sus exponentes , el secretario del senado, Benigno Ocampo, un dandy porteño.

"Fue muy desagradable... Han desenganchado los caballos y han arrastrado la carroza presidencial por las calles, vociferando injurias y lanzando vivas. Parecía el carnaval de los negros...Hemos calzado el escarpín de baile durante tanto tiempo y ahora dejamos que se nos metan en el salón con la bota de potro."13

Por Cecilia González Espul

Bibliografía

1Ramos, Jorge Abelardo: "Del patriciado a la oligarquía" (1862-1904), Buenos Aires, Ed. Plus Ultra, 1976, pág.97.-

2 Yunnque, Alvaro: "Leandro N. Alem, el hombre de la multitud", citado en Cnel. Serrano, Mario A.:"La capitalización de Buenos Aires y la revolución de Tejedor", Buenos Aires, Círculo Militar, 1955, pp.85/86.-

3 cit. en J.A.Ramos: Del patriciado a la oligarquía, pág.115.-

4 Ramos, J.A.: op.cit., pág 126

5 Heras, Carlos: "Presidencia de Avellaneda", tomo I, Historia argentina Contemporánea, Bs.As., 1963, p.206.-

6 cfr. Ramos, J.A., op.cit., pp.169/170.-

7 Perez Amuchástegui, A.J.: "Más allá de la crónica", en Crónica Argentina, 5-XIV, Bs.As., Editorial Codees, 1979.-

8 Ramos, J.A, op.cit, pág 258

9 Ramos, J.A. : Del patriciado a ...p.284

10 Ramos,J.A: Del patriciado...p.307

11 Botana, Natalio: "El orden conservador", Bs.As., Hyspamérica, 1977, p303.-

12 Caballero, Ricardo: "Hipólito Yrigoyen y la revolución radical de 1905", Bs.AS., Libros de Hispanoamérica, 1975.-

13 Lusarreta, Pilar: "Cinco dandys porteños", citado en Ramos, J.A.: "La bella época", p-199.-

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