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Carlos Mugica: muerte y resurrección. A 50 años de su asesinato

El aniversario número 50 del asesinato del Padre Carlos Mugica, acaecido el 11 de mayo de, y la reedición de su obra “Peronismo y Cristianismo”, con prólogo del Padre Pepe De Paola, por Ediciones Fabro, nos da el pie para reflexionar sobre su obra y holocausto. Decía Carlos: “Para el cristiano hoy se abre un nuevo camino al servicio de la gracias: el acto de decidir políticamente. El que roba a la gente su derecho a decidir y es el caso de los militares en la Argentina, está en pecado porque les roba el derecho de santificarse al elegir. Para poder santificarme, para poder realmente crecer en el amor a Dios y a mis hermanos, tengo que servir con capacidad creadora. No debo renunciar a mi derecho a decidir y tengo que hacerlo con fuerza, aunque sin odio”.

En tiempos de proscripciones y endurecimiento de la represión al pueblo durante la dictadura denominada “Revolución Argentina”, sus palabras reflejan su compromiso militante con Cristo, y se completan con esta afirmación: “El 17 de octubre de 1945 el pueblo decide. Descubre un hecho concreto: un hombre lo interpela y lo interpreta y el pueblo comienza a santificarse, a liberarse al decidir”.

Ese 11 de mayo de 1974, hace medio siglo, Carlos Mugica había celebrado misa en la iglesia de San Francisco Solano, en el barrio porteño de Villa Luro, situada la misma en la calle Zelada4771. Una vez terminada la ceremonia tenía otro compromiso. Lo esperaban en Lanús, en el Conurbano Bonaerense, para luego ir a un cumpleaños. Lo había ido a buscar su amigo Ricardo Capelli a eso de las 19: 40 hrs. para acompañarlo en ese raid en un auto Renault 4 – L.

A las 20. 15 hrs, a la salida del templo, una voz corta el aire con su llamado. Su amigo Capelli lo recordaba años atrás: “Salí caminando hacia el auto y escuché de espaldas que lo llamaban: “Padre Carlos”. Era algo normal. Y al segundo escuché que Carlos decía: “Hijo de puta.” Y automáticamente una balacera atroz. Yo estaba a una casa y media, a pocos metros, en la misma vereda y sentí un golpe en mi pecho. Las balas me derribaron. Y caigo mirando hacia donde estaba Almirón. A Carlos lo mató Almirón”. El asesino en cuestión fue el comisario Rodolfo Eduardo Almirón, el jefe operativo de la A. A. A. El secuaz del ministro de Bienestar Social, e ideólogo de la Triple A, José López Rega bajó de su auto y le disparó al sacerdote 5 tiros, dándole un cobarde tiro de gracia en la espalda. El padre Vernazza salió de la iglesia, al oír los disparos, y corrió a darle la extremaunción. Los llevaron a ambos en un viejo Citroën y fueron trasladados al hospital Salaberry, Mugica murió mientras Capelli fue trasladado a otro nosocomio, al tiempo que el grupo de “el Brujo” estaba temeroso que el sobreviviente delatase al asesino.

Tras su entierro en el cementerio de Recoleta, las versiones iniciales sindicaron a Montoneros del hecho. Mugica, había conocido de jóvenes al núcleo inicial de la “M”, los instaba a deponer las armas. A su vez, ellos lo criticaron duramente por su cercanía a Bienestar Social. Estas tensiones sirvieron de excusa para que algunos sectores del peronismo lo pusieran en la mira por el luctuoso suceso. La verdad fue otra y se supo años después. La condena a Almirón llegó tarde y la muerte lo encontró en la cárcel.

 

¿Quién fue Mugica?

Nació el 7 de octubre de 1930 en el seno de una familia tradicional. Su padre Adolfo Mugica, del conservador partido Demócrata, fue legislador, y luego ministro y canciller del presidente desarrollista Arturo Frondizi, mientras que su madre Carmen Echagüe era descendiente del general federal Pascual Echagüe.

De sus 7 hermanos fue quien optó, a los 21 años, por el sacerdocio. Se incorporó al Seminario Metropolitano de Buenos Aires, ordenándose como sacerdote en1959. Se relaciona en Resistencia con el monseñor Juan José Iriarte, y luego con el cardenal Antonio Caggiano, mientras desarrollaba su magisterio como docente en la Universidad de El Salvador y ejercía sus funciones sacerdotales en la Iglesia de Nuestra Señora del Socorro.

Su asistencia a los humildes desde la parroquia de Santa Rosa de Lima, su acercamiento al peronismo y su opción por el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo lo definieron integralmente, siendo Hélder Cámara, Camilo Torres, Perón y el Che sus referencias políticas.

En el Barrio Comunicaciones levantó la parroquia Cristo Obrero, en la que ejerció su compromiso hasta el día de su asesinato, y también colaborando, con el padre Jorge Vernazza, como vicario de la parroquia San Francisco Solano.

En 1967, viajó, en nombre de monseñor Podestá, a Bolivia, para reclamar el cuerpo del Che e interesarse por la suerte de los prisioneros que lo acompañaron. La puja con monseñor Aramburu se intensificó al tiempo que su compromiso con la lucha popular se afianzó.

El responso a los montoneros caídos en un enfrentamiento, junto al padre Hernán Benítez, lo puso en la mira de los sectores reaccionarios. Al tiempo que camadas de jóvenes tomaron su mensaje y ejemplo como bandera de lucha.

También supo utilizar los medios de comunicación a su favor, sumando figuras del mundo artístico a su accionar, pero generando recelos varios. Hasta se atrevió a escribir una Misa para el Tercer Mundo y grabarla en un disco con el Grupo Vocal Argentino. “Con Carlos Mugica volvió a repetirse la historia de todos los mártires: su crimen no detuvo el influjo de su testimonio, sino que lo acrecentó, - según Martín De Biase en Entre Dos fuegos: vida y asesinato del padre Mugica (2009) - pues “las vocaciones sacerdotales que surgieron en base a su ejemplo son la prueba más evidente de que el padre Carlos no ha dejado de obrar en aquellos que pretenden imitarlo”.

Amenazado por derecha e izquierda, estigmatizado por su origen de alcurnia y su contacto con los villeros, la entrega al magisterio de Cristo fue absoluta. Hoy descansan sus restos en el Barrio 31 que lo vio predicar y trabajar. Y uno espera que en esta fecha podamos impulsar nuestro compromiso por un proyecto de liberación, encarnado en su ejemplo de cristiano comprometido con el pueblo.

Por Pablo Adrián Vázquez, Politólogo.

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