Carta de Jauretche al Dr. José Abalos (09-07-1942)

Buenos Aires, 9 de julio de 1942 Señor Dr. José Abalos Rosario Distinguido correligionario y amigo: A mi vuelta de una gira por el Oeste de la Provincia de Buenos Aires me encuentro con su apreciable carta que me proporciona a la vez que la satisfacción de un buen recuerdo, el pesar de encontrarlo un poco pesimista y desperanzado.

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“La Revolución de los Orilleros” del 5 y 6 de abril de 1811

En la Junta de Mayo de 1810 se registraron graves y riesgosas desinteligencias para la revolución. Y una revolución con un pueblo se asegura con la determinación de un Caudillo. Saavedra, dada su popularidad, pudo serlo, pero moderado al extremo, no lo fue. El otro protagonista, Moreno, que se hizo de la revolución por su carácter y energía, no era hombre de multitudes.

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17 de noviembre de 1972: Triunfo popular sobre el desamor

“Hicimos esta revolución para que el hijo del barrendero siga siendo barrendero!” Con esta honestidad brutal un marino de alta graduación le espetó a un par de dirigentes sindicales que esperaban ser interrogados a fines de 1955. Desestabilización, bombardeos y acciones armadas desencadenaron el golpe d edicho año, terminando con el gobierno constitucional de Perón. De la tibieza de Lonardi a los fuegos de Aramburu y Rojas la intensión fue una: exterminar al peronismo.

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MARTINIANO CHILAVERT, Un héroe olvidado por la historia oficial

"Chilavert privilegió la defensa de la Patriamas allá de los intereses de facción." Nació en Buenos Aires en el año 1801, hijo del capitán Francisco Chilavert, quien luego de algunos años de residencia en el Río de la Plata, regresa a España. El joven Chilavert retorna a Buenos Aires en 1812 en la fragata "George Cánning", siendo sus compañeros de travesía, José de San Martín; Carlos Alvear; Matías Zapiola y otros conocidos de la epopeya libertadora.

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José Luis Torres y el imperialismo

Hace unos días, más precisamente el miércoles 2 de mayo tuvimos la ocasión de brindar el primer homenaje a José Luis Torres (1901-1965) a 42 años de fallecido. Y lo hicimos en el marco de un acto oficial del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas con motivo de la instalación de un cuadro que donamos con la única fotografía que existe sobre el mencionado autor y que me regalara su segunda esposa Brígida Sal hace más de treinta años.

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Scalabrini Ortiz: Norte ideológico de FORJA

Debo reconocer que con Raúl Scalabrini Ortiz me ligan dos momentos históricos significativos. El primero, vinculado a aquellas primeras lecturas que influyeron marcadamente en la conformación ideológica de mi juventud, allá por los comienzos de la década de 1980. El segundo, operado hace unos diez años, oportunidad en que retomé los estudios relacionados con el pensamiento nacional.

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Rivadavia: “la usurpación de la presidencia en nombre de la corona británica"

“...a los dos meses de mi llegada a Mendoza, el gobierno de Buenos Aires ( Rivadavia), no solo me formó un bloqueo de espías, entre ellos a uno de mis sirvientes, sino que me hizo una guerra poco noble en los papeles públicos de su devoción, tratando al mismo tiempo de hacerme sospechoso a los demás gobiernos de las provincias”

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Un nacionalismo visionario y ecuménico EL RABO DE LOS INDIOS

Por Gabriel Puente (en “La intervención francesa en el Río de la Plata”) El 29 de octubre de 1840, a bordo de la cañonera francesa La Boulonaise, se protocoliza el tratado entre la Confederación Argentina y el reino de Francia, primera potencia mundial, firmado en representación de esta última por el embajador y enviado plenipotenciario del rey Luis Felipe, el vicealmirante Ange René Raymond, barón de Mackau, y en representación de la Confederación su ministro de Relaciones Exteriores, el doctor Felipe Arana.

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La declaración de la Independencia y lo incaico *

Los relatos históricos escolarizados, lamentablemente, suelen transmitir una visión limitada de los acontecimientos acaecidos el 9 de julio de 1816, y los textos clásicos presentan visiones sesgadas de las circunstancias vinculadas a esa histórica fecha.

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Si murió el padre de la democracia, porque no me siento huérfano?

La muerte del ex presidente Raúl Alfonsín hizo aflorar un sin número de elogios, lamentaciones y panegíricos dignos de Pericles en cuanto a figura fundante de los principios democráticos universales. De padre de la democracia al más honesto, sin mediar medias tintas, en ese fetichismo de los medios de endiosar a los difuntos luego de ser vituperados.

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La verdadera historia de Sarmiento nunca contada. Al gran bonete se le ha perdido una escuela y dice que Sarmiento no la tiene (Cap 4/10)

En capítulos anteriores hemos afirmado con documentación legalizada que el General San Martín le prestó suma atención a la educación creando grandes espacios para la docencia tanto en Argentina como en Chile hechos que se produjeron mucho antes de la aparición del gran educador sanjuanino por estas latitudes.

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Aparece en el escenario político el Coronel Peron 17 de octubre de 1945 *

Desaparecido Yrigoyen, poco tardó la impudicia oli­gárquica y la voracidad del capital extranjero en re­construir la malla de su tutelaje y de su expoliación. Fueron años de extenso sufrir para los patriotas, «n que las entregas y las renuncias se sucedían con mayor velocidad" que el transcurso, de los años. Para consolidar sus posiciones, la oligarquía cedió al extranjero el ma­nejo de la moneda argentina y del crédito local, per­feccionó el monopolio extranjero de los transportes, prorrogó las concesiones eléctricas hasta el siglo ve­nidero, multiplicó las deudas públicas en conversiones de alto margen de utilidad y distribuyó los dineros pú­blicos entre los oligarcas endeudados. Las leyes de pro­tección al obrero fueron anuladas en la práctica por las interpretaciones de una justicia que jamás se ocupó de otra cosa que de defender y amparar los fueros del capitalismo como lo demuestra el historial mismo de los fallos de la Suprema Corte.

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De las catacumbas al poder

FORJA ratifica su fe en la democracia que es el único régimen político que asegura la paz, la dignidad humana y el progreso de los pueblos: en consecuencia repudia todos los imperialismos y no acepta la intromisión en nuestras instituciones nacionales de los extremismos de derecha y de izquierda, que son incompatibles con la idiosincrasia del pueblo argentino y que pretenden servir a intereses políticos extraños a la argentinidad.

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Los paradigmas de la Generación del 80 y el Centenario

    Vintila Horia, escritor rumano, que vivió en la Argentina y en México durante años, en su libro póstumo Reconquista del Descubrimiento, sostiene que "Las dos Américas son dos razas, dos paisajes, dos idiomas, dos culturas, dos historias y dos religiones diferentes, antagónicas desde un principio. El Sur no completa a la del Norte ni ésta a aquella. Sus pasados constituyen en el fondo dos bases para dos futuros, también diferentes". Y concluye diciendo que esos dos mundos "se han formado dentro de una visión religiosa de la vida, la católica y la puritana, y en ella seguirán sus derroteros; y es lo que determinarán sus futuras idiosincrasias". Y esto nutrirá un conflicto "hasta el fin de los tiempos". Contrariamente a la América morena que se extiende desde el sur del Río Bravo hasta el Cabo de Hornos, desde 1870 el predominio de la burguesía en Europa y Norteamérica era absoluto. La Gran Nación latinoamericana, que en los albores de la emancipación pretendía proyectarse como un sueño colectivo, constituía a mediados del siglo XIX una anfictionía de pequeños estados que rivalizaban entre si y que apenas superaban la categoría de feudos familiares. En Europa y los Estados Unidos, la clase social surgida de los escombros del antiguo Régimen, impondrá sus criterios en todos los aspectos de la vida por más de tres generaciones. La razón de su éxito no se apoya únicamente en la prosperidad de los negocios, sino también en la conciencia de ser una clase social benéfica, defensora de la libertad individual dentro de un orden: positivo en Europa y puritano en los Estados Unidos. Esta burguesía, que se enriquece de un modo extraordinario y defiende el capitalismo como único sistema económico que permite el progreso dentro de la libertad individual, construirá una falsa teoría antropológica para legitimar su dominación sobre la periferia: el evolucionismo spenceriano y un edificio teórico que formule una “ciencia social” para justificar la defensa del capitalismo de libre competencia: el positivismo. Fue precisamente en Francia, con Augusto Comte (1798-1857) donde se funda esta corriente filosófica y se da comienzo al desarrollo de la sociología, pero fundamentada como una ciencia exacta, fuertemente influenciada por el sistema de Newton, que intentaría formular las leyes tendientes a conservar el orden social, gravemente cuestionado por sucesos como la Comuna de París. El núcleo de esta filosofía lo constituye la ley de los tres estados en el desarrollo de la Humanidad: el teológico, el metafísico y el positivo. Comte procuró desarrollar un sistema de ideas generales de caracteres definitivos, que basó en esta ley de los tres estadios sucesivos, concebida a través de la experiencia histórica y de observaciones realizadas en el terreno de los procesos biológicos del hombre. Intentó asimismo sistematizar el desarrollo social con el aporte de todos los conocimientos científicos de la época, concibiendo de esta forma a la sociología como una ciencia “dura”, colocándola en el estadio supremo del saber y elaboró la doctrina del orden y el progreso. Alejandro Korn, positivista en sus primeros años pero más tarde crítico severo de esta corriente, fue quién mejor definió el credo que intentó convertirse en una religión laica. Consideraba que esta orientación filosófica había nacido y se había definido bajo el imperio de la situación histórica dada en Europa desde mediados del siglo XIX y que reemplazaba al clima de ideas propio del romanticismo. Constituía una teoría del saber y una doctrina de la ciencia. Esta corriente, más consagrada a los problemas científicos y sociales que a la especulación metafísica pura, nutrió a la generación que gobernó al país entre 1880 y 1900 así como también a las clases dominantes del resto del subcontinente. En el marco de la balcanización mencionada al comienzo, se modelan los Estados o mejor dicho los fallidos estados Nacionales de la década del 80: Rafael Núñez en Colombia, el general Roca en la Argentina, el coronel Latorre en el Uruguay, Porfirio Díaz en México, Santa María en Chile, Alfaro en el Ecuador, Guzmán Blanco en Venezuela y Ruy Barbosa en el Brasil instauran el reinado de la prosperidad agraria o minera y la hegemonía del positivismo. Pero también la otra orilla del Canal de la Mancha nutrió con maestros al positivismo, tales como Herbert Spencer (1820-1903) y John Stuart Mill (1806-1873), cuya preocupación, basada en la tradición utilitarista del pensamiento británico, fue realizar la síntesis del pensamiento evolucionista. Ambos aplicaron las teorías de Carlos Darwin quién elaboró su famosa doctrina tras su conocido viaje por nuestro país y otras zonas del mundo a bordo de la fragata “Beagle”. Sería en la Argentina donde Darwin habría observado por primera vez el proceso de selección artificial de las razas ovinas – paradójicamente no lo había advertido en Inglaterra, uno de los países pioneros en el tema, ya que en esa época no estaba interesado en tales problemas. Según Sarmiento, “los inteligentes criadores de ovejas son unos darwinistas consumados y sin rivales en el arte de variar las especies. De ellos tomó Darwin sus primeras nociones, aquí mismo, en nuestros campos, nociones que perfeccionó dándose a la cría de palomas (…). (1) Spencer se interesó particularmente por transportar a la sociología las categorías biológicas del concepto darwiniano de la evolución, tal como el de la “lucha por la supervivencia”, y no tardó en ser entusiastamente adoptado por Sarmiento. Al respecto hay que destacar que este clima de ideas favoreció la expansión imperialista europea en Asia y África y estadounidense en el Pacífico y el Caribe. En el caso de las repúblicas latinoamericanas donde los positivistas tuvieron larga influencia, sirvió asimismo para justificar el desarrollo desigual de las regiones del continente y el sistema político de gobierno no precisamente burgués, sino de castas parasitarias embebidas en veleidades aristocráticas. El positivismo fue en la Argentina la expresión filosófica de un modelo de vida concebido para usufructo de sus sectores dirigentes, políticos e intelectuales; dado que hacia fines del siglo XIX las bases estructurales de la formación económico-social de nuestro país estaban prácticamente delineadas. Las mismas se asentaban en el atraso y la dependencia nacional que, a su vez, conformaban los fundamentos de un original “bloque histórico” comúnmente conocido como “factoría agro-exportadora”. Al iniciarse la década de los años 80, en el siglo XIX, la realidad social, cultural, económica y política de la Argentina tendría una profunda transformación estructural a causa de la llegada de una importante masa de inmigrantes que, a partir de esa década y hasta el primer centenario, tuvo un ritmo vigoroso. En lo esencial, ese modelo de nación ideado por los integrantes de la llamada “Generación del 80” sólidamente se asentaba en dos clases de pilares. Por un lado, la importación de capitales, de mano de obra barata y de productos industriales europeos mientras, por otra parte, en el plano interno se reforzaba el régimen latifundista de inspiración semi-feudal con el monopolio de grandes extensiones de tierra y de la renta agraria, por parte de una clase social hegemónica asociada estrechamente al imperialismo inglés: la oligarquía terrateniente. Ahora bien: la conformación de una Argentina terrateniente y dependiente de las potencias imperialistas también suponía – y de manera especialmente significativa – la necesidad de proponer al conjunto de la sociedad nacional una ideología legitimizadora del “nuevo orden” impuesto. Y a tal fin, la doctrina positivista venía como anillo al dedo. Era “la” ideología “para” el momento; que servía para justificar tanto el colonialismo interno con la llamada consolidación de las fronteras interiores, como legitimar el orden interno que comenzaba a ser cuestionado por las expresiones ideológicas que también desembarcaban de Europa, pero con los contingentes de los desahuciados del Viejo Mundo. El positivismo, como “orden contrapuesto a la anarquía”; de aquí el lema del gobierno de Roca: “Paz y administración” y el lema de la bandera de la república del Brasil: “Orden y progreso”, y la idea de un “progreso indefinido” habían servido, no solo para liquidar las últimas resistencias populares, sino también para justificar de allí en más, el dominio oligárquico como necesario y expresivo de toda la sociedad. “En esa tarea de conformar la nación y consolidar la modernidad del Estado, la filosofía positivista resultó una poderosa herramienta ideológica. Sirvió para explicar las consecuencias del proyecto, señalar los obstáculos, delimitar el campo de lo moderno y disciplinar a los sectores renuentes – por atrasados o contestatarios – a incorporarse al proceso. Acorde con el espíritu positivista, a la ciencia se le acometió un contenido central…” (2). Dentro de ese contexto ideológico, el “europeísmo” y el “racismo” fueron elementos permanentes del pensamiento “oficial” y los instrumentos más adecuados para justificar la dominación imperialista como forma de integración de la Argentina al “progreso” (ahora, en estos tiempos globalizados cambiamos el término “progreso” por “mundo”, es decir, un nuevo artilugio semántico con que disimular el sometimiento) y a la “prosperidad capitalista”, a través de su integración al mercado mundial. La ideología cientificista y la utopía del progreso indefinido estaban presentes en el conjunto de la vida intelectual y política argentina; en los cuadros intelectuales del régimen conservador y en los profesionales que integraban los equipos con que los gobiernos finiseculares buscaban modernizar la acción del estado en la sociedad civil. También en las vanguardias obreras (socialismo, anarquismo) influenciadas por las tendencias racionalistas de la izquierda europea y que comulgaban con un cierto cientificismo crítico en su lectura de la realidad, pero con un criterio transformador: “La izquierda en la Argentina –escribió David Viñas – aparece como resultado mediato del impacto inmigratorio: con la entrada masiva de obreros europeos, y el proceso correlativo de concentración urbana, se darán las condiciones para la formación de partidos que a través de sus voceros formulen la necesidad de modificar la estructura social en su totalidad”.(3) Tanto más cuanto que a esta semejanza infraestructural se une el que los inmigrantes traían ya las ideas proletarias de Europa, siendo no pocas veces ellos líderes obreros voluntaria o forzosamente exiliados. Concretamente, existe una relación ineludible entre la dominación cultural y el racismo, siempre – claro está – en perjuicio de los sojuzgados. Así, enmascaradas por el prestigio de las ciencias naturales; que a partir de las grandes clasificaciones y del reordenamiento del saber efectuado en el siglo XVIII habían perfeccionado sus métodos hasta alcanzar resultados notables, las potencias imperiales construyen el sofisma de “la pesada carga del hombre blanco” quién asume voluntariamente la “sagrada misión” de elevar a los pueblos colonizados de la “infancia de la humanidad a la cima del progreso social y tecnológico”. Cuando, en realidad, este falso “progreso” se reproduce gracias a la superexplotación de las masas oprimidas y al irracional saqueo de los recursos naturales, que son las materias primas indispensables para asegurar la continuidad de la expansión imperialista. A partir del siglo XIX y de la mano con la generalización del colonialismo europeo en todo el mundo, la cultura occidental desarrolló una ideología abiertamente racista y ampliamente aceptada, a la que Ernst Nolte llegó a definir como una «rama del pensamiento europeo», y George Mosse como “el lado oscuro de la Ilustración“. A mediados del siglo XX, L’Encyclopedia Universalis incluyó un artículo denominado “Razas”, escrito por De Coppet que finaliza con la siguiente conclusión: “A fines del siglo XIX, la Europa ilustrada es consciente que el género humano se divide en razas superiores e inferiores.” El racismo europeo recurrió a la ciencia y en especial a la biología para justificar la superioridad de los propios europeos, o de algunas de sus etnias, germanos, anglosajones, celtas, etc. sobre el resto de los seres humanos, así como la necesidad de que éstos fueran gobernados por aquellos. Este modelo de racismo seudocientífico fue luego repetido también en algunos países extraeuropeos como Estados Unidos para imponer el dominio anglosajón, Japón para colonizar Corea, China y otros pueblos del sudeste asiático, Australia para impedir la inmigración asiática, y en América Latina con las políticas implementadas para “reducir el factor negro“, a través del mestizaje y otros mecanismos de “limpieza” étnica… Más clara aún es la adopción del racismo como defensa de su clase por la oligarquía más tradicional de la Argentina, es decir, la terrateniente y dentro de ella a la que menos mano de obra necesitaba, la ganadera. La inmigración, en afecto, servía para fortalecer a sus competidores de clase y amenazaba con crear una nueva clase proletaria que la derrocara. Contra esta inmigración se adujeron, pues, múltiples argumentos y se estrellaron las protestas de los grupos más tradicionalistas que denunciaban “las hordas apátridas” o las “masas iletradas” que “ya no saben servir”. Ya antes, incluso, los conservadores se replegaron en clanes, ofreciendo un sistema endogámico rígido como defensa de sus intereses económicos. Nadie lo dijo más claro que Cané: “Nuestro deber sagrado, primero, arriba de todos, es defender nuestras mujeres contra la invasión tosca del mundo heterogéneo, cosmopolita, híbrido, cómodo y peligroso…. Salvemos nuestro predominio legítimo, no solo desenvolviendo y nutriendo nuestro espíritu cuando es posible, sino colocando a nuestras mujeres a una altura a que no lleguen las bajas aspiraciones de la turba”. Santiago Calzadilla recuerda nostálgico “aquellos lindos cuerpos de mujeres… productos de la raza española sin mezcla de gringo, o gringa. Eran criollas pur sang, como se dice hoy” y Julián Martel, indignado y decepcionado, anota: “da pena ver la facilidad con que estos aventureros encuentran aceptación entre las muchachas porteñas… Ellas posponen a cualquier hijo del país cuando se les presenta uno de esos caballeros de la industria que al venir a nuestra tierra se creen con los mismos derechos que los españoles de tiempos de la conquista”. (4) Para intentar clarificar este panorama, Oscar Bosetti, en un artículo publicado en los albores del período democrático iniciado en 1983, remarca que este “corpus” de ideas y conceptos que él denomina “el concreto de pensamiento” se dio, efectivamente, en el plano de la realidad objetiva (el concreto real): la oligarquía terrateniente y sus más ilustres “intelectuales orgánicos” (abogados, dirigentes políticos de la partidocracia demo-liberal, escritores y, en fin, el grueso de los cuadros superiores de las Fuerzas Armadas) se sintieron social y culturalmente identificados con las élites metropolitanas y transfirieron, por ejemplo, el “racismo” de éstas a las poblaciones indígenas, mestizas y criollas del Interior y, más tarde, a los españoles, italianos y centroeuropeos que conformaban la mayor parte de la ola inmigratoria producida entre 1870 y 1890. (5) Y esto se inserta en uno de los puntos difíciles del nacimiento de la Antropología Argentina, con hombres preocupados por la cultura material de los pueblos originarios pero no tan preocupados por el aniquilamiento de los portadores de esa cultura. Así, algunos epígonos del “progreso” saludaron al alcoholismo y las enfermedades, como una forma “incruenta” de despejar los territorios que serían ocupados por los brazos laboriosos de una inmigración que, suponían, estaría compuesta por los arquetipos idealizados del conde de Gobineau. Al respecto, de una verdad insoslayable nos parecen las palabras de Miguel Cané, pronunciadas el 29 de agosto de 1899 en ocasión de debatirse la concesión fiscal a los salesianos de aquella misión, expresando: “Yo no tengo, señor Presidente, gran confianza en el porvenir de la raza fueguina. Creo que la dura ley que condena los organismos inferiores ha de cumplirse allí, como se cumple y se está cumpliendo en toda la superficie del globo…” Aunque hay que reconocer que este período también produjo voces disidentes, aunque no lo suficientemente reconocidas. Tal, la de un gran argentino, un olvidado, Adán Quiroga (1863-1904) quién, desde una actitud apegada a lo telúrico y empeñada en la revalorización de las razas que poblaban nuestro territorio en el momento de la conquista, advertía sobre los peligros de un exagerado cosmopolitismo. Dice Quiroga en su obra “Calchaquí”: “los acontecimientos históricos han de hacer resaltar la virilidad de la nación calchaquí y la importancia del suelo catamarcano (sic) por sus recuerdos clásicos en la lucha de las dos civilizaciones y de las dos madres razas” Y agrega: “Apartar al indio de nuestra historia es desdeñar nuestra tradición, renegar de nuestro nombre de americanos.” Hay que recordar que en ese momento histórico el pensamiento positivo había alcanzado una validez universal y sus concepciones abarcaban todas las disciplinas. A partir de 1860 las ciencias biológicas ganaron terreno sobre los estudios físicos y matemáticos: parecía que, de algún modo, los biólogos estaban en posesión de las leyes que rigen la vida, así como los sociólogos aparentaban señorear el desarrollo del cuerpo social. Así lo creyeron, al menos, hombres como Sarmiento quién, a lo largo de su obra plantea el modelo biocultural spenceriano de la irredimibilidad de las razas criollas hispanoamericanas para alcanzar el progreso, tal como está de manifiesto en el contexto de la teoría del hombre blanco, o en los textos de Carlos Octavio Bunge y José María Ramos Mejía. Para la “oligarquía paternalista”, expresión que pertenece a Pérez Amuchástegui, son tiempos de optimismo, de fe profunda en el progreso indefinido. Y a medida que la naturaleza va dejándose arrancar sus secretos y la clave de su evolución, va creciendo en forma paralela el intento fáustico de llegar al estadio positivo de Comte, donde el poder espiritual pasa a manos de los sabios y el poder temporal a manos de los industriales. De ahí el afán fundacional de Museos, que oficiarían como “catedrales profanas” del saber y el científico ejercería la función de sumo sacerdote. En la Argentina había honrosos antecedentes en este campo. En 1872 se constituyó la Sociedad Científica Argentina en el Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, por inspiración del entonces estudiante Estanislao S. Zeballos. Zeballos había expuesto la necesidad de “fundar una sociedad que sirviera de centro de unión y de trabajo para las personas que desearan servir al desarrollo de las ciencias y sus aplicaciones". Fue, como lo recuerda el matemático e historiador de la ciencia José Babini, la única tribuna científica argentina y el único centro de consultas sobre cuestiones de este tipo para los gobiernos de la Nación y de la provincia de Buenos Aires. La Sociedad Científica creó un Museo, organizó cursos y conferencias, promovió expediciones y viajes a territorios a un no sometidos al Estado nacional – Como los de Francisco P. Moreno y Ramón Lista a la Patagonia – y desde 1876 publicó sus Anales, que continúan apareciendo en la actualidad. Pero, ya que de paradigmas hablamos, estos estudios se realizaron en el marco de un acentuado etnocentrismo, anterior aún al desembarco del positivismo en nuestras playas. Las terribles palabras de Alberdi son la prueba elocuente: “El salvaje del Chaco, apoyado en el arco de su flecha, contemplará con tristeza el curso de la formidable máquina que le intima el abandono de aquellas márgenes. Resto infeliz de la criatura primitiva: decid adiós al dominio de vuestros antepasados. La razón despliega hoy sus banderas sagradas en el país que no protegerá ya con asilo inmerecido la bestialidad de las razas” (6) Este párrafo, escrito en los años 50 se arraigará con fuera en el escenario político argentino de treinta años después. Ante la imagen didáctica de un indígena que observa pasar un ferrocarril, Alberdi desarrolla magistralmente toda la teoría cientificista desarrollada en 1880, cuyos máximos exponente fueron los intelectuales positivistas ya nombrados y en el campo de la literatura los representantes de otro paradigma de la época: el naturalismo. Este género literario, cuyas fórmulas lograron la mayor precisión en las novelas y los ensayos teóricos de Emilio Zola, se introdujo en la Argentina en los mismos ambientes en que pudo prosperar el liberalismo librepensador, anti-clerical y cientificista, que alcanzaba en esos años una difusión considerable en las grandes ciudades. Más que una corriente política clásica el librepensamiento criollo fue un movimiento intelectual y cultural. Una verdadera subcultura que abarcó a gran cantidad de hombres y mujeres en la Argentina cosmopolita y devota del progreso de la transición entre dos siglos. En esta subcultura convivían distintos grupos con una identidad doctrinaria propia (masones, espiritistas, positivistas comtianos, teósofos, etc.) pero que encontraban un punto de convergencia alrededor de algunas ideas eje: laicismo anticlerical, la aplicación de criterios científicos para la solución de todos los problemas de la sociedad y una ingenua fe en una reforma racionalista de la conducta humana. (7). No por casualidad Antonio Argerich (1862-1924) fue quién llevó más lejos los supuestos del naturalismo zoliano al convertir a su novela “¿Inocentes o culpables?” (1881) en una verdadera novela de tesis, con la exposición de un diagnóstico y la elaborada descripción de pretendidos morbos sociales. Médico como el naturalista Holmberg y Ramos Mejía, Argerich acepta algunos conceptos polémicos de la ciencia de su tiempo, sobre la presunta superioridad o inferioridad de las diversas razas, y pasa a demostrar en su novela que la inmigración de procedencia europea, que por entonces empieza a romper el equilibrio demográfico del país, será desastrosa para la sociedad argentina. Prevenciones similares encontramos, tras la crisis del 90, en el llamado “Ciclo de la Bolsa” y su incipiente antisemitismo en el libro de Julián Miró. Eugenio Cambaceres, Segundo Villafañe y Carlos María Ocantos son los otros exponentes de este período literario. En realidad, la obra de estos autores reflejaba la desilusión del ideario forjado por Sarmiento, Julio A. Roca o José Ingenieros dado el escaso aporte cultural y científico de los obreros, artesanos y campesinos inmigrantes que no se compadecía con los técnicos e ingenieros que no llegaron a estos puertos, o que vinieron solo como gerentes o especialistas de las empresas europeas y, ciertamente, poco contribuyeron para la imperiosa transformación social y cultural del pueblo. De ahí que la glorificación liberal del extranjero manifestada por Alberdi, que la burguesía asumía contra el conservatismo xenófobo, se pase después, cuando la burguesía esté en el gobierno, a un antiliberalismo contra la inmigración y los movimientos contestatarios ligados a ella. El tránsito de Leopoldo Lugones del mayor radicalismo a la extrema derecha no es sino otra manifestación de esta evolución de la élite burguesa; y lo mismo, en sentido parcialmente contrario, la de Ingenieros. Dado que la población exigía cada vez más su participación en el manejo de los asuntos de gobierno y no quería ya una democracia cosmética sino real, la burguesía renegó – como la francesa de principios del XIX – de tan peligrosa doctrina y se fue entregando a las dictaduras militares, en un ejército ya blanco, como diría orgulloso Ingenieros, que la libre de la “chusma” que rodeaba a Yrigoyen. Cuando a partir de 1916, los sectores dominantes advirtieron el fracaso del liberalismo y se asustaron ante la corporización de...

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Jauretche aún combate la estupidez gorila. 13 de noviembre: Día del pensamiento nacional

El día del Pensamiento Nacional, junto con el Día de la Tradición, son las únicas fechas en nuestras efemérides que conmemoran un nacimiento. La segunda de José Hernández y la primera de Arturo Jauretche. Cumpleaños feliz. Atravesada su vida por mil adversidades, el camino de este patriota nacido en Lincoln, provincia de Buenos Aires, en 1901 aún deja huella.

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Actualidad desde una concepción peronista

  • ¿Qué te pasa, Beatriz?*

    He leído tu artículo en La Nación del lunes 24 de octubre. Y en verdad, Beatriz, estoy sorprendido, demasiado sorprendido. Casi una página de Beatriz Sarlo en el diario de los Mitre para sostener que si bien hay algunos "motivos económicos", la causa del triunfo electoral de Cristina tiene su explicación profunda en que se trató de la "autoinvención" de una viuda. La lectura de ese artículo me dejó perplejo. Sólo se me ocurre preguntarte: ¿Qué te pasa, Beatriz?

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  • Ante las críticas de La Nación y

    Ante las críticas de La Nación y "académicos " al Instituto Nacional Manuel Dorrego

    Leí atentamente las notas de La Nación sobre su preocupación por la existencia del Instituto Nacional Manuel Dorrego. También la (acertada) respuesta de Araceli Bellota, la reafirmación de Pacho O' Donnell de nuestro Instituto, escuché los (certeros) comentarios de Hernán Brienza por radio, y hasta tuve la ingrata tarea de leer los comentarios vomitivos de los lectores de La Nación digital, propios de épocas de capucha y aceite de ricino ... Y creo que:

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  • El país sin términos medios que inventó a la clase media

    "Del éxtasis a la agonía, oscila nuestro historial. Podemos ser lo mejor o también lo peor, con la misma facilidad..." dice Bersuit en uno de sus temas, y creo que es una de las acuarelas más claras que pinta nuestro ser y nuestro hacer.

    Desde nuestro nacimiento como Nación y haciendo un paralelismo con la actualidad, sería interesante preguntarnos ¿Qué y quiénes éramos? ¿Qué queríamos? y ¿ Qué y quiénes somos?

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  • Intrigas y petróleo: a propósito de YPF

    buelaEn estos días llegó a mis manos una nueva edición de Del poder al exilio: quiénes y como me derrocaron, un texto de 1955 del general Perón, quien ya en su primera página afirma: “nosotros fuimos víctimas de la sorda lucha por el petróleo… el objetivo era impedir que los recursos petrolíferos argentinos fuesen explotados de manera de concurrir al desarrollo industrial del país... No es difícil comprender que en materia de petróleo, los capitales definidos como europeos son esencialmente británicos” [1]

    Esta cita de Perón viene como anillo al dedo porque en estos días el gobierno de CFK expropió el 51 % de YPF (yacimientos petrolíferos fiscales) en la parte que poseía la empresa Repsol, dejando al resto de los accionistas en posesión de sus acciones sin incomodarlos.

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  • Bush, Blair y el error de Craso

    Bush, Blair y el error de Craso

    A un mes de los atentados del 7 de julio en Londres, el primer ministro Anthony Blair anunció que expulsaría a residentes árabes de su país y cerraría sitios de Internet y mezquitas que , según las autoridades británicas , promuevan el radicalismo islámico.

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  • El revisionismo hoy

    "... Que no te cuenten los libros lo que está pasando afuera..."
    Joan Manuel Serrat.

    Consideraciones preliminares

    A modo de aclaración debo manifestar que si bien desarrollo cierta actividad académica en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en el área vinculada al Derecho a la Información, mi preocupación e interés por el acontecer histórico de nuestro país se vincula simplemente a cierta inquietud espiritual y al profundo amor que siento por mi terruño. Hago esta advertencia plenamente consciente que algunas de las observaciones que voy a verter a continuación inducirán seguramente a la polémica, más aun cuando el presente -según me han manifestado- será incluido en una publicación de la Facultad de Filosofía y Letras, en cuyo seno se alberga una parte destacada de los historiadores del país.

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  • SOBRE LA INTERNACIONALIZACIÓN DE LA AMAZONIA

    SOBRE LA INTERNACIONALIZACIÓN DE LA AMAZONIA

    Carta de Cristovam Buarque, ex Ministro de Educación durante la primera Presidencia de Lula y ex Senador de la República Federativa de Brasil:

    Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonia. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él es nuestro.

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  • En verano, mi visión del próximo 17 de Octubre

    Domingo 17 de enero de 2010.-

    Queridos Compañeros:

    Como ustedes saben, en esta reflexión no se encontrarán con el preciso pensamiento de un politólogo, un historiador o un comunicador social que juegue a ser independiente (desde la perspectiva más favorecedora que encuentro para un periodista, excepto honrosas excepciones); no digo nada nuevo, es simplemente la percepción de un docente que transita las Ciencias Sociales y profundiza en los sistemas educativos y su relación con las sociedades. Nada más que eso.

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  • Sarlo y la hegemonía comunicacional oficialista

    pablo_vazquez

    En estos tiempos de riqueza en debates y relecturas históricas Beatriz Sarlo realizó un interesante aporte en su último libro La audacia y el cálculo sobre los años de gobierno del ex presidente Néstor Kirchner.

    Diversos periodistas y escritores han realizado aportes de dispar valía, pero este último texto contribuye a pensar (y pensarnos) en el marco de los cambio políticos culturales producidos desde el 2003 y que hoy conduce la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner cimentando nuestro proyecto nacional y popular.

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  • Un terrible error de juventud

    juliobarbaroAlguien inventó una supuesta teoría según la cual hubo en el país una violencia asesina y nefasta y otra revolucionaria y digna de todo respeto. Las dos violencias -la revolucionaria y la represora- son parte de un pasado sobre el que se fue imponiendo una mezcla de amnesia y de dolor que, a partir de una justa condena, termina en una absurda reivindicación.

    Estas cosas son parte, además, de un discurso del que somos rehenes, donde casi el único espacio legítimo está dado por el hecho de haber participado en la violencia revolucionaria de los años 70 (o, en su defecto, por aplaudir a los que lo hicieron). Allí el número de los desaparecidos no puede pronunciarse en vano, como si el mito fuera tan sólo una exageración de la verdad. La justa crítica a la demencia represora se revierte en adulación a la supuesta víctima, que termina siendo un héroe trágico sin culpa alguna que lavar.

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  • Rucci, Vivani y Tignanelli: Reflexión de un homenaje que no fue

    Rucci, Vivani y Tignanelli: Reflexión de un homenaje que no fue

    Un 25 de septiembre no puedo empezar de otra manera que rindiendo homenaje a José Ignacio Rucci, el hombre que llevó la lealtad a Perón a un plano definitivamente superior.

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  • Hacia un nuevo pensamiento estratégico de la Defensa Nacional

    Hacia un nuevo pensamiento estratégico de la Defensa Nacional

    Argentina desde el reinicio de la ultima etapa de la democracia (1983), después de la oscuridad de la noche de la dictadura cívico militar que nos arrastro a periodos de tiempo que parecían ya superados por la historia nacional, llevo a que su sociedad, por la crisis social que llevo el cambio de modelo "económico" procesista y el horror de los métodos aplicados para su instrumentación, a que rechazara toda actividad relativa a fortalecer el aparato defensivo y a los organismos que integraban un sistema de seguridad y defensa nacional.

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