Julio Cao: El maestro que fue soldado (por Miguel Ángel Trinidad *)

Podría referirme a la falsa dicotomía argentina -todavía no superada- sobre si la Guerra de las Malvinas constituyó la apoteosis nacional o si fue un hecho demencial del cual -merced a la victoria militar británica- obtuvimos el retorno a la Democracia.

Ni la una ni la otra. La historia está llena de acontecimientos cuyos responsables se vieron trascendidos por los procesos desencadenados y sus consecuencias. Las acciones originan procesos y éstos son multidimensionales, por ello la Guerra por las Malvinas no puede ser encorsetada en análisis o etiquetas simplistas. A la maniobra del régimen militar de pretender asegurar su continuidad en el poder, mediante la recuperación de las islas, le devino el surgimiento de una causa Nacional, Popular, Histórica y de profundas raíces de resistencia al colonialismo y al imperio, ajena a la filosofía del Proceso de Reorganización Nacional (PRN).

La Argentina y los argentinos no somos los mismos después de Malvinas. Podría continuar buceando en estos interrogantes y contradicciones argentinas a cuyas respuestas parece que aún se teme; especialmente aquellas referidas al por qué y a cómo perdimos esa batalla; mencionar la quinta columna que vestía uniforme y la de saco y corbata también.

Pero el espacio disponible para escribir no es suficiente y el espíritu y la emoción que se respira y se percibe en este aniversario me impulsa, me compele como un imán a retrotraerme en el tiempo y rescatar un instante de ese capítulo de nuestra historia como la manera más sencilla, profunda y humana de recordar los sucesos.

Lo conocí cuando ingresamos el mismo día a la milicia allá por marzo de 1981. Nos tocó la misma Compañía y el mismo grupo en el período de instrucción en Ezeiza, lugar al que llegamos luego de partir del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 de La Tablada localizado en la Provincia de Bs.As. Esos 52 días de entrenamiento compartimos sudor, bromas, anécdotas, aguante y la esperanza tan peculiar de colimbas que era la llegada del franco tan esperado, la expectativa por disfrutar de unos cortos días de civilización puteando la inminencia del retorno al cuartel tan temido.

Ya incorporados a la monocromática vida cuartelera, un día en el regimiento, me pidió que le tomara la consabida fotografía de conscriptos: con uniforme de combate, casco y fusil. Se la tomé con una Nikon que todavía, vetusta, me acompaña. No se la pude entregar entonces. En esos tiempos revelar un rollo de fotos llevaba semanas. Cuando finalmente las revelé, él ya no estaba con nosotros. Se había ido en la primera baja, a los seis meses, porque era casado y como tal, sujeto del beneficio de finalizar antes el servicio militar. También era maestro de primaria y volvía a ejercer.

Yo me quedé hasta la última baja: destino de los que se portan mal, o de aquellos que tenían destinos "privilegiados" como ser asistente u oficinista de la Plana Mayor. A estos últimos pertenecí. Los vituperados soldados que escribíamos con la Olivetti en las oficinas. En fin, los que nos capeábamos las guardias, los "bailes y la vida de infante en el cuartel.

El amanecer del 2 de abril nos sorprendió de igual manera a todos. No intuíamos que nuestro destino sería Malvinas, pero la lectura realista de las circunstancias nos decía que la tan esperada "baja" no llegaría en las 3 semanas que restaban. Alguien -que había fungido como tesorero en la "vaquita" que desembocaría en una noche de bacanal, en una cantina de la Boca para festejar el fin de la vida militar- impulsado por el sentido común, empezó a restituir los escasos pesos reunidos.

La sorpresa ante la recuperación de las Islas dio paso a la especulación y a ser testigos del retorno de los excolimbas de la clase 62 que ya se habían ido de baja. Parado en la puerta de mi oficina lo vi regresar. Me contó que pronto iba a ser padre y otras cosas acerca de la Escuela donde enseñaba. Ya faltaban pocas horas para embarcar a nuestro destino malvinero; ya lo sabíamos, no constituyó una sorpresa pues la instrucción para movilizarnos había llegado en un radiograma el 8 de abril. Todo era un frenesí de idas y venidas. La tarde del sábado 10 de abril, horas antes de nuestra partida, le dije: "Che, vos podes quedarte. Sos casado, vas a ser padre, tu esposa está embarazada ... podés hablar con alguien, andá, hacé la prueba". El paso del tiempo hizo mella en mi memoria y no puedo recordar por qué no hizo la gestión. Si fue porque quiso ir como voluntario o por que la convocatoria le marcó un camino ineluctable. No lo supe. Puede también que un inconsciente llamado de la historia haya influido en su decisión. O tal vez ambas.

Así con una mezcla de expectativa y resignación a cuestas embarcamos los "bondis" requisados de la línea 55 que nos trasladaron hasta el Aeropuerto Militar de El Palomar. Las dudas se tornaron convicciones, la tristeza se volvió euforia, el temor se transmutó en asombro, la incertidumbre inicial en certeza. Estábamos yendo a Malvinas, íbamos -pasara lo que pasara- a formar parte, aunque sea con una coma, de la historia de nuestro país. No sospechábamos que al regreso ni las gracias, y que el silencio y el ocultamiento sería la bienvenida del Estado Argentino. No nos imaginábamos que muchos de los que especularon con Malvinas y prendían una escarapela en sus solapas luego voltearían sus rostros al vernos; tiempo después supe que los soldados que regresan de una batalla perdida son el espejo donde se reflejan las frustraciones de una sociedad.

Si la memoria con el paso de los años no me escarcea datos, en Malvinas él fue destinado al grupo de Comunicaciones de la Compañía Comando.

No compartimos la misma posición en las trincheras y "pozos de zorro" aunque sí estábamos ubicados en la misma área, al sur de Puerto Argentino, al este del Monte Sapper Hill y con el mar de frente. Nos vimos varias veces. Hablamos del regreso, de su profesión, de sus alumnos, de sus expectativas, de las mías.

La posibilidad de guerra se había mudado en realidad, el regreso con vida en esperanza. En las interminables horas de espera de cada día los proyectos de vida al retorno al continente, a casa, eran la motivación sucedánea de la comida caliente y una buena cama ausentes.

El viernes 11 de junio constituyó para todos una fecha clave. Ese día Juan Pablo II llegaba a Buenos Aires. Seguimos por radios los detalles de la visita. Más que la emoción que contagiaban las noticias, crecía en nosotros la convicción -ingenua de quienes desconocíamos las vicisitudes de la Historia- de que esa noche, al menos, los ingleses cesarían en sus ataques. Craso error. Aproximadamente a las 21 horas empezó el fuego más intenso que hasta ese día había tenido lugar en toda la campaña de la Guerra de las Malvinas y que se constituyó en el inicio del ataque final sobre Puerto Argentino. Al ya consuetudinario bombardeo de la artillería naval se le sumó el fuego de la artillería de campaña procedente de Monte Kent y otras colinas que circunvalaban el anillo montañoso de Puerto Argentino. Los batallones de paracaidistas británicos y regimientos escoceses, y el 42 y 45 Comando iniciaron su avance contra las posiciones de los regimientos 4 de Monte Caseros, 6 de Mercedes y especialmente contra las unidades del 7 de La Plata y del BIM 5 en esas montañas. El fuego alcanzó el casco urbano de la capital malvinera. Nuestro grupo, una suerte de "armada brancaleone", rejunte de los oficinistas de "Plana Mayor", "Comunicaciones" y asistentes huérfanos de jefes, nos apiñábamos esa noche en un galpón con forma de hangar en los bordes de lo que constituían las últimas casas de las afueras de Puerto Argentino, debido a que tuvimos que abandonar las posiciones frente al mar a causa de las lluvias que habían inundados nuestras trincheras días antes. Entre explosión y explosión salimos todos de regreso hacia las posiciones contiguas al mar y al monte Sapper Hill.

De repente, mi jefe -el entonces Tte. 1ro José Luís Blanquet- me avisa que por órdenes del jefe de Operaciones (Mayor Berazay) de nuestra Unidad, teníamos que acompañar a un contingente del Regimiento, compuesto por la Compañía de Infantería A y algunos grupos informes, a dar apoyo al Regimiento 7 de La Plata que estaba combatiendo duramente en Mount Longdon . Más tarde se dijo que íbamos a pasar por Moody Brook rumbo al área de Longdon o Wíreless Ridge. Me empecé a preparar. Curiosamente el Ejército Argentino no tenía provista mochilas para sus tropas. Cargábamos los incómodos bolsones porta-equipos. Mi mochila la había hallado en una de esas incursiones a las casas abandonadas de los kelpers. Era del Ejército inglés de la época de la II Guerra Mundial....

Mochila al hombro en el pandemónium que tenía lugar bajo el fuego incesante británico deambulábamos esperando la orden de encolumnarnos hacia el destino. La idea de ir al encuentro directo con las tropas enemigas iba tomando cuerpo en nuestras mentes. Todos los miembros de la Compañía "A" iban con lo puesto, el fusil, municiones y a lo sumo el morral con los elementos/cubiertos para comer y una manta cruzada en bandolera, lo cual asemejaba a la estampa de los antiguos soldados de la Ira Guerra Mundial. De repente el Teniente 1ro me avisa que finalmente nosotros, los escasos 4 miembros del Grupo Inteligencia no iríamos a ese sitio. Sería el Grupo de Operaciones al mando del Mayor Berazay quienes finalmente acompañarían el contingente.

Al contingente se sumó, entre otros, el grupo de un Sargento constituido a las apuradas en el grupo "Misilero" armados con los misiles SAM 7 soviéticos que el Coronel Kadafy había enviado como muestra de su apoyo a la Argentina. En ese grupo iba Julio Cao. El Soldado Cao a quien se refiere esta historia.

Empezamos a ayudar como diera lugar a los soldados de la Cia. "A" que partían, acarreando cajones de municiones y otras vituallas hacia una suerte de acoplado improvisado tirado con tractor. El terreno estaba totalmente cubierto de hielo resbaloso y traicionero. El fuego enemigo arreciaba y la noche se iluminaba con bengalas y con el estallido de los cañonazos que caían entre las piedras cerca de nosotros multiplicándose en más esquirlas. Más tarde el fuego de la artillería enemiga sería más intenso aún. Todo era confusión y ruidos estruendosos cuando de repente una voz conocida me saludaba. Era la de Julio Cao.

Aún después de más de un cuarto de siglo puedo recordar diamantinamente sus palabras: "Trini -me dijo- me voy con el grupo del Sargento Moreno, parece que nos mandan a Moody Brook o Monte Longdon. ¿Te acordás de la foto que me tomaste en el regimiento? Bueno, mirá, si no vuelvo, te pido que se la entregues a mi familia". Le contesté sorprendido y con un dejo de quién no da crédito a una afirmación: "Andá....no digas boludeces. Que nada te va a pasar. Dejate de joder". Me volvió a insistir. Entonces le prometí que sí, que así lo haría. No sólo no podía negarme a una solicitud de semejante naturaleza, sino que además él me lo decía con una truculenta convicción, la convicción de aquellos que saben que marchan a la muerte. Nos fundimos en un fortísimo abrazo y entonces él partió con el contingente en el que si no hubiese habido un cambio de orden de último momento, también yo lo hubiera engrosado.

No puedo establecer con certeza si fue la madrugada del domingo 13 de Junio o amaneciendo el 14, pero recuerdo que desde nuestra posición en una "casamata" pudimos -junto con Blanquet y los suboficiales Villanueva y Villalba- oír por el sistema de radio comunicación que en el contraataque para recuperar la cima de una colina, Wireless Ridge creo, Julio Cao había caído. Según contaron los muchachos de la Cia. "A" parece que fue impactado bajo un fuego contundente, algunos decían sin precisión que fueron disparos de fusiles otros dijeron que un misil o cohete anti personal o algo así. Allí quedo el Soldado Cao. El Maestro de primaria.

No cumplí pronto la promesa hecha esa noche de prolegómenos de muertes. Lo hice 2 años después cuando logré ubicar a su viuda y le entregué la única foto de Julio como soldado. Nunca más supe de su familia, hasta que el año 2006 lejos de la patria, en Guatemala, una noche en mi casa en una cena con compatriotas amigos, el Embajador argentino mencionó a la madre del Soldado Cao que, apoyada por la cancillería argentina, había viajado a Londres hace unos años donde tuvo un encuentro con los padres de un soldado británico caído. Supe que una escuela lleva su nombre. Y recordé que todavía debo guardar en algún rincón de la casa de mi madre, en Buenos Aires, el negativo de esa foto. La buscaré y haré un cuadro con su fotografía y se la haré llegar a esa madre, que bien pudo haber sido la mía. Pues si la mano de Dios hubiera dispuesto otra cosa, tal vez quien esto escribe hubiera acompañado también el contingente que fue a intentar recuperar Longdon esa noche.

Pasaron muchos años y su recuerdo de tanto en tanto me visita. Sucedieron muchas cosas en Argentina y con los veteranos de Guerra. Cambiaron también los lugares, situaciones y países diferentes como destino transitorio de expatriado en los avatares de quién esto escribe, pero el recuerdo de ese soldado que fue Maestro siempre está presente.

Su vida y sus sueños se truncaron hace casi tres décadas. Su impronta quedó en su familia, en los recuerdos de sus compañeros. Hoy una Escuela lleva su nombre, allí en un barrio de La Matanza. Me gustaría algún día conocer esa Escuela, llevarles un gran cuadro con la fotografía de Julio soldado y contarles a los chicos este pedazo de recuerdos del Soldado Cao, un maestro de primaria que no pudo volver a dar lecciones de historia a los pibes porque él está en las páginas de la Historia de nuestra Patria. De una historia que aún aguarda ser asumida con sus debe y haber, que espera ser mejor conocida y que contiene las respuestas a nuestro dolor, frustraciones y a nuestras esperanzas.

*Ex soldado combatiente en las Islas Malvinas, perteneció a la Compañía Comando del Regimiento de Infantería Mecanizado 3 Grl Belgrano con asiento en La Tablada, Provincia de Buenos Aires.


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Actualidad desde una concepción peronista

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    Las reivindicaciones que llevaron a la huelga a los “mártires de Chicago” en tiempos de la segunda revolución industrial, tuvieron en nuestro país su propia historia de frustraciones y éxitos. Pero lo que más me interesa recordar, en función del olvido planificado en el que han caído, son los grandes postulados filosóficos que sostienen nuestra cosmovisión sobre los derechos laborales, en contraposición con la linea de pensamiento que defiende lo que hoy a algunos les gusta llamar “el fín del trabajo”.

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  • De vez en cuando la vida…

    jorge_gilesEn la pantalla chica es posible ver en estos días un aviso de la ANSES por la Asignación Universal por Hijo y celebrando desde ahora el próximo Día del Niño.

    Ver a esos mocosos tan bellos y felices, bailando, riendo y jugando nos remite a la  patria de la primera nostalgia.

    La patria de la infancia, de la juventud, del país inclusivo que supimos ser a mitad del siglo XX.

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  • Los desafíos del Pensamiento Nacional. Entrevista a Francisco José Pestanha*

    Los desafíos del Pensamiento Nacional. Entrevista a Francisco José Pestanha*

    *Por Bernarda Tinetti


    1.- En un artículo titulado "El resurgimiento", Ud. afirmó recientemente que la corriente del Pensamiento Nacional se había revitalizado en estos últimos años. Tal resurgimiento ¿se originó en razón de la movilización política abierta en el actual proceso? ¿Fue motorizada y conducida desde el Gobierno y el Estado por la dirigencia política? O ¿se trata de una sincronía de ambos a partir de las demandas surgidas por y en las controversias políticas e ideológicas que ocuparon la escena pública en estos últimos años?

    En principio quiero aclararte que debido a la extensión de esta entrevista tendré que simplificar algunos conceptos.

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  • Nosotros, los querellantes*

    jorge gilesLos mismos que chocaron el país hace diez años, arrojando a la calle millones de víctimas sociales, pretenden hoy aparecer como "carmelitas descalzas" ante la tragedia ferroviaria de la estación Once.

    Sin embargo, la indignación por el impudor que demuestran estos lenguaraces del monopolio, los presuntos "intelectuales" del viejo poder y los oportunistas de la vieja política, no debería impedirnos hacer un análisis objetivo del país donde se produjo esta desgracia que nos enluta a todos.

    Está claro que los poderosos intereses que intentan voltear este modelo de desarrollo económico con inclusión social, ven en cada suceso, sea bueno o trágico, una posibilidad de producir una grieta, una fuga, una oportunidad para desgastar y quebrar la marcha del proyecto iniciado en el 2003 por Néstor Kirchner y continuado por Cristina.

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  • Beneficio Social*

    alfredozaiatPropiedad privada o estatal. Concesionario que no invierte y mayores controles estatales. Reducir subsidios públicos y ganancias de las empresas que administran la red. Todas esas nociones y otras vinculadas con la gestión que se reiteran, aún más luego de la estación horror de Once, forman parte del deterioro conceptual y, por lo tanto, del servicio ferroviario, debido a que se han alterado ideas básicas de lo que implica un sistema de transporte público de pasajeros. Desde la exitosa campaña de doña Rosa, alentada por intereses diversos y por medios hoy indignados, se intensificó la utilización de categorías económicas comunes que distorsionaron, y lo siguen haciendo, cuando se habla de los trenes: empresa privada, lucro, servicios rentables, ramales no productivos, subsidios estatales, concesionarios privados. Todos conceptos que, tal como se entienden para otros sectores económicos, desfiguran hasta ocultar lo esencial del servicio ferroviario: el "beneficio social", que también es una categoría económica pese a su escasa utilización en análisis tradicionales.

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  • La isostenia cultural: patología del pensamiento único

    Quisiera dejar en esta breve meditación si no, una idea original (que lo es sin duda), al menos originaria (pues se origina desde nosotros y no es copia de nadie). Este es el concepto de isostenia cultural.

    Con la inauguración de este concepto lo que pretendemos es trabajar en la descripción  del pensamiento único y políticamente correcto.

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  • Perón visionario

    “Si alguna vez llegase a haber otro golpe,
    el pueblo quedará tan derrotado que la vuelta constitucional servirá solamente para garantizar con el voto popular,
    los intereses del imperialismo y de sus cipayos nativos”.
    (Palabras grabadas del Gral. Perón a comienzos de 1974, ya cercana su muerte. Están en la página 418 del libro «Yo Perón» de Enrique Pavón Pereyra).

    Cuando leímos estas cuatro líneas del General Juan Perón, como fieles a sus orientaciones, reaccionamos con variadas inquietudes.

    Nos extrañó que el líder expresara algo tan pero tan pesimista sobre nuestro posible futuro, considerando que él siempre fue optimista. Pensamos en un error de imprenta o algo fuera de contexto, porque en el peronismo, máxime con el regreso de Perón a la Patria, nos pareció imposible caer en tan tremenda situación.

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  • EL PROGRESISMO ARGENTINO (Un corso a contramano)

    patriciomircovich

    “Todos los sectores sociales deben estar unidos verticalmente por el destino común de la Nación.
    Se hace imposible pensar la política social sin una política nacional” Arturo Jauretche

    Ensayando una definición de una palabra tan interesadamente divulgada por sus propios actores como lo es “progresista” nos zambullimos a descifrar su significación a través de nuestra interpretación. Una más, la nuestra. No por ello es única. Es una más que sirve de aporte a la definitiva reconstrucción de la Patria que entendemos no se realiza sin un debido y respetuoso debate, reconociendo e incluyendo a TODOS sus actores pero que coincidan en un objetivo innegociable: la felicidad del pueblo.

    Podríamos señalar que dentro del amplio espectro de indefinición y “libertad” de pensamiento que dicha palabra admite, no es erróneo definirla como al individuo que promulga y defiende el progreso del ser humano fundamentalmente en lo social. Hasta acá muchos subimos a este bondi.

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  • Nuevo terrorismo de Estado: Lawfare y guerra mediática Cómo son los nuevos dispositivos de dominación en el marco de las democracias formales.

    Nuevo terrorismo de Estado: Lawfare y guerra mediática Cómo son los nuevos dispositivos de dominación en el marco de las democracias formales.

    La democracia se fundamenta en un contrato en el que los ciudadanos transfieren el poder a sus representantes, comprometiéndose a la obediencia a cambio de protección. La administración de la culpa es la estrategia de disciplinamiento que utiliza la democracia en el caso de Estados protectores: los representados saben que la desobediencia trae como consecuencia el peso de la ley.

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  • POLÍTICA Y UNIVERSIDAD*

    POLÍTICA Y UNIVERSIDAD*

    En un recorrido reflexivo, como guiados por el Hilo de Ariadna, se nos propone considerar los modos de hacer política y desafiar los límites dualistas tan enraizados en nuestras formas de pensar. La autora busca comprender de forma relacional “política y universidad” a través de líneas provocativas, que nos incitan a discutir la realidad y a ser sujetos de transformación.

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