Apasionante relato de un sobreviviente del Crucero

Vicente Gigli, nos abre las puertas de su corazón, para contarnos a través de "El Malvinense", su apasionante relato..."Hundimiento del Fénix"...

Hundimiento del Fénix

Me encontraba a sotavento, aquella tarde gris, contemplando como las olas, aún pequeñas, se rendían contra el casco de la nave, rebotando onduladamente y creando espumas a manera de manifestar su descontento por no poder someterlo. Aún no había visto el parte meteorológico pero todo señalaba que en cuestión de horas, esa situación se invertiría, la fuerza del viento aumentaba constantemente, y junto a el, las pequeñas olas aumentarían, de tamaño tal, que el sometido sería el viejo crucero. Entonces comenzaría otra danza mas dinámica y espectacular, la afilada proa se hundiría como un cuchillo contra las olas y en cada corte toneladas de aguas se elevarían en espectral y respetuoso bramido.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por el Jefe de artillería que pasaba a mi lado para dirigirse al puente de mando. –¡Que hace por aquí? - me preguntó.

-haciendo tiempo Señor, en minutos debo tomar mi guardia en el CIC (Centra de Información de Combate), ¿señor, hay alguna nueva novedad en la islas, sigue bajo ataque?-

- Sí, están teniendo combate aéreo en forma irregular y frecuente – al ver que instintivamente elevaba mi vista al cielo, continuó diciendo – Nosotros no estamos en estos momento bajo amenaza aérea, estamos lejos del
radio de acción de los aviones ingleses, nuestro peligro mas inmediato es la amenaza submarina.-

Sí, -respondí –

-Es por ello que están los dos destructores de escolta por la banda de estribor, pero sabemos que es inútil, dos destructores no pueden dar cobertura de protección ante una amenaza de ataque de submarino.-

Me miró y levantando sus hombros continuó con su camino. Ninguno de los dos sabíamos que esa amenaza se estaba alistando a disparar sus torpedos, aquel domingo 2 de mayo de 1982.

Es tradición de la Escuela Naval, que cada promoción de futuros oficiales de la Armada, recibiera un nombre. Debido a un cambio en los planes de estudios mi promoción la N° 107, recibió un nombre que solo se da en la historia de la escuela en situaciones como esa, éramos los Ave Fénix.

En mi primer embarco en el Crucero Gral. Belgrano, que fue como cadete, en una navegación de instrucción, aún tengo fresco en mi memoria el día que por primera vez bajé a la sala de máquinas, justo en su acceso había una placa de Bronce que decía *USN PHOENIX *con un perfil de la mitológica ave (ese era el nombre del Crucero en la Marina de Guerra de Estados Unidos, su lugar de origen) .

Siempre el ave Fénix, me hace recordar a mi infancia, en especial a la estatua del Kakuy, estatua que recuerda la leyenda de origen quichua. Relata que dos hermanos vivían en el monte. La hermana era mala y el hermano era
bueno. Un día él regresó de la selva cansado y hambriento, y pidió a su hermana que le alcanzara algo fresco. La mala hermana trajo la bebida, pero antes de dárselo lo derramó en su presencia. Este tipo de actitud era frecuente. Un día el hermano decidió castigar su maldad, logró que ella trepara a lo más alto de la copa de un enorme quebracho, subiendo él por detrás, descendió desgajando el árbol de modo tal que su hermana no
pudiera bajar. Allí quedó su hermana en lo alto, llena de miedo. A medida que pasaban las horas, comenzó a ver horrorizada, que sus pies se transformaban en garras, sus manos en alas y su cuerpo todo se cubría de plumas. Convirtiéndose en un pájaro nocturno, que en el silencio de la noche, emite su grito -¡"Turay", "Turay" !- : ¡"Hermano", "Hermano" !.

El ave Fénix renace a través de sus cenizas, en el caso del Kakuy, el ave nace del egoísmo y la maldad. Una por el fuego purificador, la otra por las turbias emociones de la vida.

Recuerdo en mi infancia el trepar en aquella estatua ubicada en el parque Aguirre de la ciudad de Santiago del Estero, era para mi todo una conquista llegar a esa cabeza de pájaro y cuerpo de mujer, pues en mi visión de niño
la estatua tenía dimensiones inmensas. Frente a esa estatua esta mi querida y vieja escuela primaria San Francisco de Asís.

Después que se fuera el Jefe de artillería, me quede unos minutos más, luego me dirigí tomar mi guardia. Al llegar encontré que mi relevo, el guardiamarina mas antiguo de la dotación, el Sr. Guardiamarina *Torlaschi Emilio Carlos *me sorprendió estudiando, estaba repasando análisis matemático, para un curso que deseaba hacer.

-¿Que hace Michi (seudónimo de Guardiamarina en la Armada Argentina), estudiando cuando estamos en pleno crucero de guerra?-

Sonriente me contestó – Lo que pasa señor es que está todo muy tranquilo y estudiar me ayuda mucho..-

-De acuerdo pero, michi exagera, es domingo y esta mañana estuvimos en alarma real de combate .... bueno, creo que lo envidio, pues en lo personal no si en estos momentos yo pueda leer algo.-

Me iba a responder, sin perder la sonrisa cuando de repente. .... sentimos un ruido sordo acompañado del corte repentino de la luz, un olor a azufre invadió el cuarto, no se escuchaban voces, hubo un instante de silencio, creo que todos en ese momento sabíamos que nos había tocado un torpedo, instante después un segundo torpedo nos estalló, con la sensación de que el buque chocara con una pared; esta vez se apreció una marcada escora (inclinación) a babor.

Alguien grito -¡torpedo!!,- en seguida se empezaron a mezclar opiniones y órdenes, pero no había pánico, quizás nerviosismos.

-¿Señor que zafarrancho debemos tomar? – me preguntó Torlaschi, con total serenidad y tranquilidad, su consulta sonó mas académica que nerviosa.

Le respondí en el mismo tono – Torlaschi, este buque no tiene capacidad anti submarina, no podemos responder al ataque de un submarino, creo que debemos cubrir zafarrancho de siniestro y abandono. – dicho esto nos
saludamos y cada uno salio por su lado.

A pesar de los años aún recuerdo con nítido detalle ese momento, y aún hoy me sorprende con que tranquilidad y serenidad tomamos esos primeros minutos Torlaschi y yo. Como quisiera estar con él para reírnos de ese comportamiento tan particular que tuvimos los dos. Pero eso no es posible, pues toda su juventud, sueños, aspiraciones quedaron truncados, en el misterio de su desaparición.

Al salir a cubierta principal, tenía en claro que era imprescindible arrojar al agua los tanques de combustible del helicóptero que llevamos a bordo. Y salí a viva voz dando la orden -¡AL AGUA LOS TANQUE DE JP1 (denominación del combustible para aviones)- escuché y vi que otro oficial hacía lo mismo. Estos tanques estaban a la mitad del crucero, temíamos que si eran alcanzado por el fuego los hiciera estallar y junto a ellos la munición de las santabárbaras de los cañones de 5" y para las baterías de cañones de 40/60mm. De ocurrir podía partir en dos al Crucero.

Al llegar al lugar paré al personal que estaba corriendo por la cubierta y ordené que me ayudaran, reuní tres hombres para ello, entonces me dirigí a la otra banda de estribor para hacer lo mismo, cuando conseguí tres hombres más, volví a ver como estaba la maniobra en babor, no estaba ninguno, se habían ido todos. Regresé a estribor y lo mismo, pese a que me puse furioso contemple que no había ningún foco de incendio cercano y que el buque seguía escorándose cada vez más, lo cual por su dimensión indicaba un rumbo y un ingreso de agua muy grande. Para contrarrestarlo era necesario que se pusieran en funcionamiento las turbobombas de vapor, las que descarté pues la escora no podía permitir el normal funcionamiento de las calderas; la otra alternativa eran las bomba eléctricas, pero estas funcionaban a través de un generador diesel. Los cuales debían ponerse en marcha, pero estos eran muy viejos y costaba ponerlos en funcionamiento en condiciones normales, mas en plena oscuridad. Con estos pensamientos llegue a una escotilla de donde salía mucho humo, un marinero con mirada impotente me dijo.

-Señor hay fuego abajo, se está quemando gente.- mientras sostenía la escotilla con sus manos.

Le respondí -Alcanza a ver algo. – y al hacerlo yo mismo vi que no estaba la escalera, solo se veía oscuridad y humo, y se oían gritos.

- ¡señor que hacemos?-

Creo que mi mirada debe haber sido tan impotente o más que la suya. – No hay escalera, busqué una – sabía que era inútil pues no existía escalera alguna en la cercanía.

-No hay escalera cerca Señor-

-Si lo sé, tampoco podemos bajar sin equipo de respiración el humo nos desmayaría- Miré alrededor buscando ayuda, sabía que lo que necesitábamos era escalera y un equipo autónomo, y no había nada de eso cerca. Ambos nos miramos y sin decir nada mas continuamos en busca de nuestras estaciones de abandono.

Apenas avancé unos pasos me encontré con un tripulante, totalmente ungido de petróleo, solo sus ojos estaban libres de eso, junto a él habían compañeros que intentaban limpiarlo.

Cuando llegué a popa, altura de las torres 4 y 5 de los cañones de 6", había muchos tripulantes, serenos y ansiosos de órdenes, la escora del barco se pronunciaba cada vez más. De inmediato comencé a dar la orden de preparar las balsas salvavidas para el abandono. Dos y tres suboficiales se acercaron a mí, preguntándome si no era conveniente de esperar la orden de abandono.
Les respondí

-- Si en estos precisos momentos el comandante estuviera dando la orden de abandono, no hay manera que la sepamos en seguida, no hay altoparlantes en funcionamientos ni tenemos radios de manos que estén comunicados con el puente, alistemos las balsas y… vean como se va escornado el buque, no creo que se pueda salvar... en caso contrario, si sigue a flote subimos a bordo las balsas.-

De inmediato comenzamos a alistar las balsas, yo dirigí la maniobras de varias, una de las cuales por apresuramiento, se había accionado su mecanismo de inflado de manera tal que se infló al revés, algunos intentaron darla vuelta con lanzas de neblina de lucha contra incendios.

De repente busqué mi balsa asignada, como oficial era el comandante de la misma. Me llevé una de las sopesas mas grande de mi vida, pues pese a que había dirigido la maniobra de varias balsas, la tripulación de mi balsa
estaba esperando serena, que yo dirigiera la maniobra de la misma, no había pánico, solo una serena disciplina para cumplir con las normas pre establecidas para zafarrancho de abandono. Esta actitud fue la que predominó
durante el hundimiento. Una actitud de la que hasta el día de hoy me siento orgulloso de haber pertenecido, de haber estado juntos a hombres que demostraron el valor la serenidad y la entereza necesarias para efectuar
un abandono en done el objetivo era salvar la mayor cantidad de vida posibles.

Para el instante en que todos los integrantes de la balsa ya estaban en ella, la escora del buque era más del 40°. Yo sostenía el cabo que aún nos amadrinaba al moribundo Crucero. Fue en ese instante que acaeció una
anécdota que de no ser por la gravedad del momento, podríamos considerarla graciosa, un oficial mas antiguo que yo se acerca y me dice.

-Mire, no se donde esta mi balsa, no la encuentro, ¿sería Ud tan amable de permite abandonar el buque en la suya?—

Atónito por la interrogación recibida y mientras le contestaba afirmativamente fue el único momento que esbocé una sonrisa. Creo que el nerviosismo del momento me engañó, pero la actitud demostrada por este oficial mas antiguo, es un gesto más que ratifica la nobleza y entereza demostrada por mis compañeros de armas.

Tuve que dar un pequeño salto, para embarcar en mi balsa, no me es posible describir lo que sentí que abandona el buque el Fénix. No pude meditar mucho, el escenario había cambiado radicalmente, ví a tripulantes agarrados
entre dos balsas semi hundidas llamando a su mamá, otros que recién llegaban a la cubierta y se arrojaban al agua en búsqueda de abordar las balsas.

La escora ahora superaba los 45%, temían que el buque recostara todo su costado al mar y la hacerlo nos aplastara. Las balsas solo tenían dos aberturas una en cada extremos, yo estaba en uno de ellos, reme empuje,
grite, pero todo era insuficiente para poder alejarnos del buque estábamos a sotavento (lado protegido del viento), solo conseguimos llagar a proa altura de la 2da, torres a unos 100 metros desde donde abordamos la balsa.

Durante el recorrido, más hombres se iban sumando a la balsa, entre ellos el Jefe de Máquinas del Crucero, quien una vez a bordo de la balsa me dijo:

– NO se pudo hacer nada, fue imposible evitar el hundimiento-

En ese momento escuche que me llamaban era el Rr. Guardiamarina Sevilla Gerardo Esteban, mi ayudante, estaba en una balsa con el techo desinflado, a no mas de 20 metros, me pedía ayuda, que no se sentía bien, le pedí que viniera nadando hasta mí, me hizo saber que tenía miedo de no llegar y al frío del agua. En medio de eso la escora se incrementó mas, la culata de la 2da torre estaba metros de nosotros se nos venía encima el buque nos iba aplastar, seguí remando sin decir nada al interior de la balsa.

y… ocurrió el milagro, al ir hundiéndose de popa a proa, y al ir el agua expulsando el aire interno de la nave, este actuó como aire comprimido y nos alejó al fin del costado, lo suficiente para que el viento nos empezara alejar más aún, y vi como la guillotinada proa del Fénix ingresaba a las profundidades del Atlántico Sur. Sentimos como estallaban las calderas bajo la quilla de la balsa.

-¡Se Hundió el Crucero!!!!- me preguntaban desde dentro de la balsa.

Recuerdo que solo moví la cabeza en forma afirmativa, pasé al interior de la balsa. Algunos creyeron y yo lo pensé en un principio que las explosiones que sentíamos debajo nuestro eran la respuesta de nuestros destructores
contra el submarino, pero por la forma, la cadencia de las explosiones sabíamos que no eran cargas de profundidad sino el contacto del agua fría con las altas temperaturas de las calderas. Un grito me saco del letargo era el Sr.Guardiamarina Belikow Alejandro, quien se amadrinó a nuestra balsa, nos juntamos a otras, por doctrina era conveniente estar atadas, así facilitaríamos nuestra detección desde el aire. También mejoramos la distribución de tripulantes por balsas, la del Guardiamarina Belikow, estaba casi vacía mientras que la mía sobrepasaba la dotación estipulada, mientras hacíamos esto, busque al Guardiamarina Sevilla, sin suerte, el viento era cada vez mas fuerte y mas altas las olas y lo peor, que para esa época del año y latitud, oscurecía muy temprano. Su cuerpo fue sin vida encontrado y rescatado de la balsa del techo desinflado, fue inhumado en tierras de su Patria.

La noche hizo su aparición y a partir de ese momento comenzó la etapa de la supervivencia............

...De repente de manera fantasmal una silueta oscura penetró en nuestra balsa, con mucha serenidad y sin titubeo desgarró su techo con su afilado cuchillo de buzo, el oscuro y traje de neoprene contrastaba con las última luces de un nuevo atardecer habían pasado mas de 24 horas desde que se había hundido la gran nave.

Cuando fui subido a bordo del Aviso ARA Gurruchaga, recuerdo que no sentía mis piernas, no podía entender si estaba caminando o era llevado en andas.
Mis emociones erupcionaron, creo que es la mejor manea de describirlas.

El Ave Fénix, su mitología nos dice que al renacer de su muerte a través del fuego, el fuego que transmuta, el que devora las formas para dar lugar a otras. No es fácil nacer, menos renacer, la mitología del ave Fénix, nos habla quizás que quienes dan su esfuerzo y sacrificio hasta el límite, es posible renacer, transmutarse y evolucionar. No es una tarea sencilla, el fuego quema y produce dolor. Creo que su opuesto es el Kakuy, la que es desterrada y condenada a la oscuridad de la noche.

Y es así como fue condenado el *Veterano* de guerra de Malvinas, tras la derrota, la sociedad que los ignoró y discriminó. No es causal que en la provincia en donde esta la estatua del Kakuy, recién después de mas 22 años
se promulgó, en forma injusta y parcial, una ley para reconocer a los veteranos de guerra. Pues no reconoce a los hijos nacidos bajo los rayos del INTI, en tierra Santiagueña, si no tienen residencia en la provincia.

En el artículo de la ley Nº 6.656 establece que uno de los requisitos para acceder a la pensión honorífica, el ex combatiente de guerra debe de tener residencia en la provincia. Una exigencia desmedida, autoritaria, desleal,
para quienes pelearon a miles de kilómetros de su tierra natal.

Los gobiernos, los legisladores y la sociedad, aún no comprenden que no se trata de recibir el dinero de una pensión, sino un reclamo ante tanta indiferencia que continuamente seguimos soportando desde el mismo día de la
derrota. Pedir el certificado de residencia a un nativo ex combatiente santiagueño es excluirlo y marginarlo, es sentenciarlo a que nos convirtamos en Kakuy.

VICENTE OSCAR GIGLI

DNI 12.695.229

Tripulante sobreviviente del CRUCERO A.R.A GRAL. BELGRANO

Hundido el 2 de mayo de 1982 por un Submarino inglés en la Guerra de Malvinas.

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