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Carta al Dr. Pedro E. Michelini (9-09-1966)

Madrid, 9 de setiembre de 1966.

Al Dr. Pedro E. Michelini

Mi querido amigo:

Conozco bien la existencia de un ala radical del pueblo que piensa y siente como nosotros. Considero que muchos radicales no están lejos de nuestras propias afirmaciones, que, por otra parte, responden a las modernas formas de la política, que tienden a los "Movimientos Nacionales", en reemplazo de las antiguas formas del demoliberalismo burgués, que la evolución ha terminado por barrer en casi todas partes. Sólo basta obser­var lo que pasa aquí en Europa y en todos los países que, indis­cutiblemente, están más avanzados y evolucionados que noso­tros; los nórdicos han constituido monarquías socialistas; In­glaterra, lo mismo; y, en ambos casos, existen sólo dos gran­des movimientos nacionales como formaciones políticas: conservador uno y marxista el otro. En Alemania y en Italia de la misma manera, existen enfrentados dos grandes movi­mientos nacionales: la democracia cristiana y el marxismo. Es­paña ha erradicado la política y dice que cultiva las formas del "Estado Sindicalista". Francia, de la misma manera, ha reduci­do su ámbito político a dos grandes movimientos: el "gaullis- mo" y el de Mitterrand. Al este de la Cortina sólo existen par­tidos comunistas. En otras palabras, los partidos demoliberales han pasado a ser, aquí, artículos de museo.

Es natural que los radicales, que han demostrado no ser ciegos, no pueden ignorar esto, y, por lo menos, su sector joven y evolucionista debe estar al día de una evolución que va cambiando al mundo de nuestros días y que será, sin duda, el signo del futuro, nos guste o no nos guste, porque las perimi- das formas no quedarán sino en tremenda desventaja para lu­char. Todo esto es tan lógico como la evolución misma, porque un mundo superindustrializado y superpoblado no puede manejarse con las mismas instituciones creadas hace dos siglos para una Europa de artesanos, pastores y agricultores. No se trata de regímenes corporativos y Estados sindicalistas, sino de asimilar las formas que los pueblos desean y expresan por bo­ca de su inmensa mayoría, y a la cual, una verdadera demo­cracia tiene la obligación de escuchar y servir.Yo siempre intenté, desde hace veinte años, conciliar nuestra evolución justicialista con los radicales, y en 1945 una gran parte de ellos se incorporaron al peronismo, porque se convencieron de nuestra razón coincidente, por otra parte, con la que ellos mismos venían sosteniendo desde hacía cincuenta años. Sólo una cuestión aberrantemente partidaria, con no poco de capricho y contumacia, impidió una unión que ha­bría resuelto todos los problemas del país en forma incruenta. En estos momentos, estoy seguro de que muchos radicales del pueblo han de haber recapacitado después del 28 de junio. Yo estaba dispuesto a llegar a un acuerdo con Illia, pero él dejó pasar el tiempo, gastado en persecuciones inútiles y medidas inadecuadas, y cuando trató de establecer contacto, ya estaba irremediablemente perdido, porque había fracasado, y noso­tros, después de diez años de lucha intensa, no podíamos jugar al fracaso.

Me alegra lo que me dice sobre el doctor Facundo Suárez, y lo recibiré en Madrid encantado el día que venga.

Bueno, amigo, Michelini, creo que le he dado la lata; pero me interesa el tema y, sobre todo, me interesa lo que piensan y deciden los que allí pueden formar el "Frente General de Oposición" con el que día más o día menos tendremos que ser solidarios.

Reciba las expresiones de mi mejor saludo.

Firmado: Juan Perón.

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