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Cartas a Rosas

Carta de Lopez a Rosas (26-01-1831)

 

Santa Fe, enero 26 de 1831.

Señor Don Juan Manuel de Rosas.

Querido compañero y amigo. Tengo el gusto de contestar a sus apreciables de 12, 15, 16, 18 y 19 del corriente; lo haré con laconismo porque mis inmensas atenciones no me dan libertad para extenderme del modo que quisiera, y principiaré por decir a usted que Reynafé llegó al campamento el sábado último sin traer más hombres que los que sacó de ésa, que no llegan a cien, según el estado que me ha presentado; siento que le haya dado a usted tanto trabajo, pero esto y mil otras cosas es preciso sufrir por el bien de nuestra tierra; a no ser por esta consideración poderosa ya estaría lejos de mí una porción de hombres que me hago mucha fuerza en tolerarlos. Aún no me ha presentado Reynafé la inversión de los fondos que de usted ha recibido. Carranza no parece.

Recibí los tiros y cananas que conducía Nochete, también los retratos que ha tenido la bondad de remitirme.

Recién antiayer llegó el buque conductor de los artículos de guerra para el apresto de la fuerza que debe marchar a Santiago; esta embarcación ha sufrido una terrible demora debida sin duda a la impericia de haber usted cerrado la correspondencia para Córdoba, y de las órdenes libradas a fin de que los que vengan de allí sean registrados o detenidos; yo he ordenado lo mismo, y puedo asegurarle que casi todos los que han venido últimamente están presos. Pedernera envió un hombre al Rosario bajo el disfraz de vender una carretada de cueros que conducía aquél, y aún no había pisado el Departamento cuando el Coronel Echagüe fué impuesto de esta estratagema; el hombre llegó al Rosario y en el acto fué bien asegurado. Según las relaciones tomadas a los que últimamente han venido y los avisos que nos dan nuestros amigos, Paz sufre una terrible deserción y al Rosario están continuamente llegando soldados desertores; las aflicciones de aquél se aumentan en la misma proporción que los instantes pasan. La fuerza de Pedernera apenas alcanza a 280 hombres, 50 infantes del Regimiento 5?, 143 veteranos de caballería y el resto milicias, pero están todos en tal estado de descontento que Pedernera no se atreve ni a enviar partidas que corran el campo porque la que sale no vuelve. Ya está visto que no hay que contar para nada con el Gobierno de Corrientes; hasta ahora no he podido conseguir que se me remitan los caballos; en aquella Provincia los hay en abundancia y lo de menos sería comprarlos y traerlos mandando una persona de honradez y de confianza; ya había dado yo este paso a haber tenido fondos de qué poder disponer, pero en el día no me es posible porque hay otras atenciones de preferencia. Haciéndome cargo de los apuros en que debe usted constantemente verse, me remediaré por ahora con los 9 a 10 mil pesos pedidos; procuraré economizar todo lo posible y sólo cuando me vea enteramente escaso le avisaré a usted para que nos auxilie. Quedan en mi poder las sesenta onzas conducidas por el Capitán Maza: este oficial marchará conmigo y no dudo que se conducirá bien.

 

Con sumo desagrado he sido impuesto de la solicitud de mi Comisionado; es verdad que yo anduve omiso en asegurarle una suma correspondiente a su trabajo; pero también lo es que él no debió dirigirse a usted sino a mí, que soy el que le he ocupado; siento el mal rato que a usted le ha dado este hombre, al mismo tiempo que le agradezco debidamente la consideración que ha tenido con él, pues estoy bien cierto que al obrar usted así, ha sido por consideraciones a mi persona.

 

Recibí las cintas y quedo prevenido de que vendrán las demás hasta llenar el número pedido.

Creo qué han engañado a usted cuando le han dicho que los Maestros de posta de esta carrera están enojados con usted; no puedo imaginarme que haya un solo hombre en esta Provincia que al hablar de usted no sea con el mayor aprecio y veneración, no sólo porque usted, por mil títulos lo merece, sino porque están prevenidos por mí de servir ellos y todo cuanto hombre hay en este país en todo aquello que tenga relación a usted y a esa Provincia, y yo tengo la confianza de que mis órdenes han de ser fielmente obedecidas; sin embargo de todo he ordenado al Administrador de Correos que liquide la cuenta del haber de los Maestros de posta en el orden que usted lo previene.

Ciertamente no era de esperar que el señor Ferré se condujese con usted del modo que lo ha hecho enviándole palos inútiles cuando no debe ignorar la necesidad que hay de dichos palos y que si se le pidieron fué porque se carecía de ellos; la carta que usted le ha dirigido estaba demasiado moderada; ella ha ido ya a su destino.

La contestación que ha dado a usted el General Quiroga al hablarle sobre su marcha es la más digna y propia sólo de un valiente y verdadero patriota. Usted puede no sólo asegurarle de mi sincera amistad hacia su persona, sino también de que cuente con la seguridad de que como General del Ejército encontrará siempre en mí la más decidida cooperación de secundar sus nobles esfuerzos: protesto a usted que espero mucho del General Quiroga.

Me parece que si tiene usted una plena confianza en el Cacique Llauquelen, sería bueno que lo incorporase usted a la fuerza del señor Quiroga, es decir que los 300 hombres que debe llevar el General fuesen completados con la gente del Cacique; todas las noticias que tengo de éste son buenas en cuanto a su valor y al de su gente, a que se agrega que por la parte de San Luis él debe tener mucha baquía, perousted, con mejores datos, resolverá lo que mejor viere que convenga, ya sea enviándole directamente sobre Paz, o mandarlo con el General Quiroga, mas en cualquiera de los dos casos me avisará sin demora lo que resuelva usted para mi gobierno, lo mismo que cuando se realizare la marcha del General..

 

No crea que por lo que dije en mi anterior respecto a los señores Pinedo y Valle, tengo ningún género de prevención hacia ellos; yo no he hecho más que dar a usted mi opinión según lo que de ambos sé y se me ha informado; todo lo que en contestación usted me dice veo que es muy exacto.

Don Domingo Cullen regresó del Pergamino, en donde con el Coronel Echagiie tuvieron una entrevista con el señor Pacheco. Por él he sido informado de todo lo que han convenido con el señor Pacheco y todo es muy de mi satisfacción; sobre todo lo que más me ha lisonjeado es que aquel Jefe nos acompañe, con lo que se me ha quitado de encima un grande peso; nadie en mi opinión llenaba el vacío de Pacheco; aguardo sólo para moverme el aviso de que las fuerzas de éste estén reunidas con las de Echagüe en Melincué; yo estoy enteramente listo.1

Me parece que después que haya marchado el General Quiroga no debe usted perder tiempo en venir a situarse con la reserva en un punto del Norte; yo creo que el más aparente sería la Estancia de Gallino; Don Domingo me informa que el campo está excelente en aquella parte, la casa es cómoda, le aguarda allí mismo y el punto es el mejor para marchar si fuese preciso; el Coronel Pacheco es de la misma opinión pero, sin embargo, esto no pasa de una mera indicación.

 

Será bueno que por los botes de la Carrera de ésta que son los que hacen ios viajes más rápidos, prefiriendo siempre a Sanjinete, que hoy mismo sale para ésa, o a Nochete, me remita usted 400 portatercerolas y 400 abreliaves, nada tengo de esto, y olvidé en mis anteriofes pedir a usted ambos artículos. Necesito también un botiquín.

Ahora se ofrece un inconveniente que desearía lo salvase usted; siempre tuve la esperanza que el señor Benites me desempeñase en la campaña como Secretario, pero al hacerle indicaciones sobre esto, aunque no se ha negado, ha manifestado alguna repugnancia. En este caso, me ha ocurrido que el Coronel Don Tomás íriarte podría no sólo desempeñar este puesto, sino servir de mucho en el Ejército por sus conocidos talentos y pericia militar; desearía pues que. usted lo enviase rápidamente aquí para que se me incorporase, a cuyo efecto yo le escribo también; usted verá la carta y si le parece bien se la entregará: en defecto de este señor podrá mandar a quien le parezca mejor; lo único que exijo es que no sea hombre asustadizo porque esto es lo peor de todo.

Mucho siento la demora de la ratificación del tratado y mucho sentiré también si ocurre algún entorpecimiento sobre su ratificación: si tal sucede será un grande mal cuyas funestas consecuencias quizá yo mismo no podré evitar.2

En alguna de mis anteriores comunicaciones dije a usted que los hombres que daban dirección a los asuntos de Santiago eran nulos, y usted verá ahora que yo no me equivocaba. Ayer han llegado aquí Don Francisco Ibarra y Don Pablo la Torre, este último me ha hecho una prolija y larga relación de cuanto ha ocurrido en Salta y Santiago, que sería largo y cansado detallar a usted; mas en sustancia resulta: que cuando él vio que la muerte de Pachi Gorriti se acercaba, preparó la revolución en Salta que simultáneamente debía estallar con la de la Campaña. La imprudencia de algunos exaltados de la Campaña hizo abortar la de ésta, y el Canónigo se apoderó en la ciudad de-todos los que debían ejecutar la acordada allí: después de esto ya no le quedó a la Torre más arbitrio que seguir adelante venciendo a cuantos se le oponían. En tales circunstancias recibió una carta de Don Francisco Ibarra en que le decía que Deza lo cercaba y le pedía auxilio: él vino a dárselo en persona con una parte de siis fuerzas, y luego que se le incorporó vencieron en todas direcciones, quedando las fuerzas de aquél reducidas a sólo 60 hombres, con los cuales, sin recurso de ningún género, procuraba escapar. La Torre quiso perseguirlo hasta tomarlo, e Ibarra se encargó de esta operación mandando a un subalterno suyo: muy luego regresó sin ejecutarlo; y reconvenido Ibarra por esto, contestó que ya nada había que temer, y contra la opinión de la Torre se estuvo una porción de días' en Santiago sin hacer nada. Entre tanto Deza fué reforzado por Paz, y se movieron las fuerzas de Catamarca y Tucumán; la reunión de todas ellas se verificó y desde entonces todo fué delirar por parte de Ibarra y sólo se ocupó de vagar por los montes empeñado en disolver sus fuerzas: La Torre le propuso varios medios de entretener al enemigo: o de retirarse a ésta con todas las fuerzas sin que el enemigo les pudiese dañar, pero todo fué en vano; el miedo se había apoderado espantosamente de este nombre, y no pensó en más que salvar su persona. Cuando esto sucedía llegaron mis últimos chasques por los cuales le aseguraba de oficio y particularmente que marchábamos en su auxilio; en el acto reunió sus fuerzas, las desarmó, ocultó las armas y municiones que yo le había enviado y se vino escoltado de 70 hombres; ya antes de su arribo habían llegado dos partidas, una de 30 hombres y otra de 14; todo el resto de sus fuerzas, o más propiamente hablando toda la población de la Provincia entera ha ganado los montes huyendo de sus tiranos. El señor la Torre se vió forzado a venir hasta aquí porque ya los enemigos habían interceptado los caminos y había quedado cortado. Él asegura entre tanto que los Ibarra merecen tal concepto en Santiago que la Provincia entera estará a sus órdenes en el momento que aparezcan allí; y asegura también que los Federales de Salta se sostendrán contra Gorriti: según la Torre todas las fuerzas que han cargado sobre Santiago son 1.700 hombres, 200 de Catamarca, de 700 a 800 de Tucumán, haciendo Javier López un extraordinario esfuerzo, y el resto hasta aquel número la fuerza de De-za y Paz: asegura que en toda esta fuerza habrá sólo 400 veteranos, que todo lo demás es milicia; dice también que se han hecho atrocidades en Santiago y que hasta criaturas han sido degolladas; por de contado todo hombre que agarran perece sin remedio. El señor la Torre me parece hombre de importancia.

 

En vista de tales acontecimientos es necesario que apuremos a Paz antes que se reúnan porque es bien cierto que si nosotros desistiésemos de nuestra empresa, ellos reunidos nos cargarán, y nosotros perderíamos mucho en lo moral. Luego que pise el territorio de Córdoba, y según los acontecimientos que allí tengan lugar avisaré a usted rápidamente mis ulteriores disposiciones, y si como lo espero tenemos prontos triunfos le llamaremos la atención a Deza haciendo marchar a los Ibarra y a la Torre a que operen por Santiago y Salta; en fin, de allí nos pondremos de acuerdo para todos los casos.

Ibarra interceptó unas comunicaciones de Paz a Deza en que le decía que se veía amenazado por esta parte, y que si era atacado se replegaba a Santiago abandonando a Córdoba. Esto prueba la ninguna confianza que tiene Paz en sus recursos; y que su objeto es aproximarse hacia Bolivia, porque usted conocerá que él no puede hacerse firme en un país enteramente enemigo y destituido de todo recurso.

Acompaño a usted las últimas comunicaciones de Barrene-chea por las cuales verá lo que se piensa del presidente Rivera: por las mismas conocerá los deseos de Barrenechea sobre la organización de los 300 hombres; yo desearía que si le fuese a usted posible enviase vestuario y algún armamento para ellos. La libranza que me pide no me he atrevido a enviársela porque me hago cargo de los apuros en que debe usted estar para tanta atención que hoy gravita sobre usted.

 

Recomiendo a usted muy particularmente la pronta venida del Coronel Iriarte.

Adiós muy buen amigo, que Dios le colme d€ prosperidad y le dé acierto en todo son los constantes votos de éste su compañero y fiel amigo.

Estanislao López

(En Archivo General de la Nación. Sección Farini, Leg. 18.]

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