Skip to main content

Cartas de Rosas

Carta de Rosas a Quiroga (4-10-1831)

 

Pavón, 4 de octubre de 1831.

[Borrador]

"Mi querido buen amigo y Señor General Don Juan Facundo Quiroga."

[#] "Así que me entreviste con el Señor Gobernador Don Estanislao López debo proponerle que pues se acerca el período de arreglar las provincias todos sus ramos, para simplificar su organización, convendría por ahora conducirnos en orden a la liga general de todos los pueblos de la República bajo un sistema de Federación que deje salva la soberanía, libertad e independencia de cada provincia en particular a firi de proce­der de un modo que no violente la marcha, que los pasos se den en amistad y sin coacción; pero con firmeza, y que gra­dualmente los unos preparen los otros, según el orden natural de las cosas, y la disposición y aspecto que vayan presentando bajo los auspicios de la paz y de la amistad de modo que a proporción de la consolidación y mejoras que las Provincias vayan adquiriendo en su administración, así vayan sintiéndose los progresos de la marcha.

Para esto es menester tener presente que el tratado entre las Provincias litorales celebrado en Santa Fe en enero del pre­sente 1 año lo fué sin estar aún acordada la guerra contra los amotinados del interior al mando del General Paz, y el su­puesto de estarse a la observación bien que bajo el convenci­miento de que al fin la guerra sería ^ que debía decidir, proponiéndonos al mismo tiempo ir poco a poco por medio de la liga, desmembrando a Paz, entretanto, los pueblos que oprimía, en cuyo sentido se fijaron los artículos quince y diez y seis, se marcaron las atribuciones de Ja Comisión Representativa y se determinó su duración.

Sr los sucesos entonces nos impulsaron a la guerra, el éxito de ésta, habiendo excedido todas nuestras esperanzas, parece que la paz de todas las Provincias debe verificarse muy pronto; y por lo mismo cesar ya dicha Comisión 2 y también quedar sin objeto.

En este estado obtenida la paz general, estando encargado el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires de cultivar las relaciones exteriores, se halla ya provista la primera necesidad general, para figurar en cuerpo de República. En seguida de esto lo que principalmente importa es que cada provincia se arregle, se tranquilice interiormente y se presente marchando de un modo propio hacia el término que le indique la natu-raleza de sus elementos, y recursos de prosperidad.

Son muchísimos y absolutamente indispensables los embarazos actuales para entrar ya en una organización generaL En primer lugar los hombres todos de más capacidad, que son bien pocos, han quedado como aturdidos con este espantoso sacudimiento que aún no ha cesado del todo: ellos ven su país; pero se les presenta desconocido y en un estado en que jamás lo han visto, y por consiguiente nadie puede saber ni lo que es, ni qué será, ni menos la posición relativa en que cada pueblo se colocará respecto de los demás. Para formar pues juicio para lo sucesivo, se hace preciso esperar a que cada pueblo tome su asiento natural, y fijo que indique su marcha;y es que entonces solamente se podrá juzgar de la relación en que deba considerársele con respecto a todos los demás.

En segundo lugar han quedado los hombres tan intimidados los unos, tan exaltados los otros, y tan arruinados todos que no será al presente posible encontrar el número necesario de los que deban emprender esta tan grande como delicada obra con la serenidad de ánimo que es tan necesaria ni con toda aquella luz que solamente da la experiencia, el saber y la meditación. Uno que otro hombre de importancia que haya, y que podría servir de luz y para guía de los demás, como que debe conocer la imposibilidad de la empresa en estas circunstancias, rehusará tomar parte en ella así por esta razón, como porque en el estado ruinoso de su fortuna, no querrá ausentarse de su casa a una lanza de distancia, exponiéndose a consumar su desgracia, y en tal caso sólo quedarán para este negocio hombres que no harán más que ultimar la existencia de la República.

A todo esto agréguese que esa clase de reuniones es muy costosa a. toda la República, y que en el estado de pobreza en que han quedado los pueblos, no hay como costearlas; y si antes Buenos Aires lo ha hecho, en el día no puede absolutamente hacerlo. Resulta pues de todo que la organización de la República por medio de Diputados, o es inverificable, o si se verificase lo sería de hombres ineptos, que nada más harían que concluirnos.

Creo en este estado que basta por ahora que cada Provincia haga por medio de su respectiva Junta Representativa una solemne declaración, que comprenda el contenido de los once primeros artículos del Tratado de 4 de enero último en Santa Fe,3 sin meternos a hacer variaciones que toque en lo substancial, esencial y principal de su contenido de modo que nada se quite, o añada que altere dicho tratado. Como esta declaración la hacen todas, todas quedan recíprocamente obligadas, y se pone por ellas la piedra angular sobre que debe descansar el gran edificio de la Federación.

Por dicha declaración quedan ya todos los pueblos federados; queda establecido y reconocido entre unos y otros solamente su respectiva soberanía, libertad e independencia: quedan con el deber de concurrir todos en general a defenderla en favor de cualquiera de ellos en particular y en caso de alguna agresión extranjera se hallan todos obligados a prestar su cooperación y esfuerzos para resistirla: de modo que se presentan por este acto todos los pueblos en un cuerpo de República, dispuestos a conservar y sostener uniformemente y en un mismo sentido todos los derechos comunes, y a hacer valer la fuerza de todos en favor de cada uno en particular, sin aislamiento, ni rivalidad y sin los peligros de las reuniones. Lo que haya de hacerse después, lo indicará el tiempo, la marcha de los sucesos, y la posición que vayan tomando los pueblos por su buena organización, y verdadero patriotismo.

Aquí tiene usted ya indicado un punto sobre el que debo conferenciar con el señor López, y que me anticipo a anunciar a usted, para que bien pesado me diga su sentir. Al señor Ortiz 4 escribo en el mismo sentido, y también a Córdoba: de modo que estando de acuerdo, se subrogue a la Comisión Representativa que ya no tiene objeto, esa solemne declaración, cosa que aparezca como un acto simultáneo de todas las Provincias, cuya uniformidad de sentimientos debe afianza** el crédito de la Federación, y dar respetabilidad a la República. [•]

Me tomo la franqueza de hacer a usted presente que Jos que figuran en el partido Federal, como jefes aunque subalternos, no deben presentarse como objetos de desprecio, o desligados de la confianza que hace visible la unión que nos importa tener, y que aparezca exteriormente. Hoy es ya esto más formal y más serio que en otras circunstancias. Los enemigos han principiado su juego: intrigan con su arma, la calumnia y el enredo, como lo habían acordado en sus logias. Si ellos sienten que hav mala disposición entre unos mismos jefes, ya puede usted hacerse cargo que se propondrían sacar de ello ventajas para su mismo pérfido plan. Digo todo esto, porque el oficio en que usted contesta resistiendo tener a sur, órdenes a Ibarra, Latorre y Figueroa, indica bien claro que a usted no son afectos, principalmente el primero. Esta indicación en una comunicación privada estaría muy bien heaia, sieippre que ella no se hiciese pública por la prensa, o por la facilidad de la persona a quien se comunicase; mas en un oficio no me parece prudente hacerla por motivos de conveniencia interior y exterior. Observe usted cual estaban entre sí indispuestos los Jefes unitarios amotinados y con todo como en público ocultaban todo, para no debilitar su opinión y su influencia."

Juan Manuel de Rosas

[En Archivo General de la Nación. 5-28-1-5.]

 


 

  • Visto: 3120