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Cartas de Rosas

Carta de Rosas a Quiroga (06-03-1832)

 

Buenos Aires, marzo 6 de 1832.

Fecho.

Mi querido buen amigo Señor Don Juan Facundo Quiroga.

1º Cuando estaba para despachar la mucha correspondencia que tenía detenida de usted por causa de las enfermedades que me habían postrado, y traían mi ánimo en tal abatimiento que creí ya no poder volver al Gobierno, recibí por el correo en el mismo día 28 de febrero en que he contestado a todas sus cartas detenidas, su apreciable del 26 de diciembre sin saber cuál ha sido la causa de tanta demora en* venir a mis manos.

Me dice usted que los unitarios no necesitan mortificarse mucho para lograr su fin, porque nosotros mismos debemos darles el triunfo, como consecuencia de nuestra falta de virtudes. Ello no sería así si tuviésemos la virtud de subordinarnos a la escuela de la experiencia para no preferir entregarnos a las afecciones que nos hacen criar las invenciones o las realidades, abandonando el objeto esencial de la causa y lo que nos lleva a su fin. Yo por mi parte protesto no seguir haciendo más que sacrificarme, desvelarme y compadecer los extravíos tales como los de la carta en copia, procurando que la prudencia y la indulgencia no me abandonen, teniendo siempre por norte de mis acciones la obra principiada, cosa que al fin no vengamos a ser las víctimas, y que los vencidos no se sobrepongan.

 

2º He leído la carta en copia que usted adjunta 1 a su citada que contesto, y su lectura al paso que me ha llenado de asombro, es para mí el documento de la muy grande confianza que a usted merezco, y que jamás olvidaré. La ingratitud y la infidencia son las verdaderas muestras del espíritu que contiene el contexto de esa miserable carta, que no sé cómo haya habido atrevimiento para escribirla o aconsejarla. Mi conciencia está tranquila, y puede sin encogimiento asegurar que la relación que contiene dicha copia es tan contraria a la verdad como ofensiva a la amistad. No poco tendrá que padecer el que la dictó cuando vea que ella no ha producido los efectos de desunirnos que tal vez se propondría; pues me atrevo a dudar que quién sabe si el que la firmó no ha* sido sorprendido por el intrigante que la escribió, cuyo dictado y estilo conozco claro.

4º Hay males necesarios y que es preciso marchar por sobre ellos buscando el remedio en las oportunidades. Algún día nuestras explicaciones podrán hacerse hablando, y entonces nos entenderemos, sin tener por qué recurrir al uso de la pluma. Entre tanto yo puedo gloriarme de que soy un buen amigo, así como lo soy del país, y que siempre fiel y consecuente jamás desmentiré que para todo soy honrado.

6º Quedo impuesto del contenido de las notas que usted

 

me incluye para conocer el estado de la Provincia de Salta. En estas circunstancias he recibido sa apreciable del 21 de enero próximo pasado3 y por ella veo que los enemigos no podrán prevalecer, advirtiéndole por conclusión que al señor Ruiz se le dice cumpla siempre con cualquiera orden que usted le diere.

8º Adiós amigo. Me complazco de reproducirle que como tal puede disponer lo que guste. De usted su afectísimo compatriota.

Juan Manuel de Rosas

5º No puedo sin embargo dejar de expresar que lo que se dice en dicha carta relativamente a la Constitución envuelve una conducta tanto más extraña para mí cuanto que claramente he manifestado siempre, y esto mismo" repetí en el Rosario, que ardo en los mejores deseos por ver constituido el país; pero que por lo mismo que tales son mis íntimos deseos, no quisiera verlos malogrados por falta de un poco de espera, para lograr la verdadera oportunidad, y porque temo mucho que la precipitación vuelva a sumergirnos en un abismo de males insondables, por no haber aguardado el tiempo necesario de dos años o diez y ocho meses, que acaso sea bastante, y que no es un largo período si se considera la grande obra que es la constitución, y lo que vale afianzarla de una manera sólida.

7º Remito ese poncho por creerlo prenda de usted, y que le será grato que vuelva a su poder. Tuve noticias de él y recomendé al cura de San Nicolás de los Arroyos su diligencia. La carta adjunta le impondrá cómo fué adquirido y cómo me ha sido mandado.

[En Archivo General de la Nación. 5-28-3-2.]

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