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Carta de Quiroga a Rosas (4-12-1831)

Tucumán, diciembre 4 de 1831.

Señor Don Juan Manuel de Rosas.

 

Amigo querido y dueño de mis afectos: Considerando que sería necesario hacerle una Posta para instruirle de los últimos acontecimientos de la guerra, me resolví detener al correo Gómez.

La derrota que sufrió el finado Coronel Vargas y General Ibarra, me causaron mucho mal, tanto por las caballadas que perdió el primero, cuanto por la precisión en que me vi de redoblar mis marchas para obligar al enemigo a una batalla, antes que saliese del territorio de Catamarca; mas éste se burló del empeño con que le perseguí, de que resultó que después de la acción del 4 sólo contaba con 800 caballos, que me podían servir hasta Salta, pues el resto, aunque estaba en buena carnadura, se hallaba muy picada del vaso e incapaz de servirme. Los 800 caballos útiles de que hablo vinieron herrados de pies y manos, que a no ser así, me habría visto muy mal por lo fragoso y estrecho de los caminos; he dicho esto para que usted se persuada que aunque yo hubiera tenido voluntad de pasar a Salta, no lo podía hacer. Ello es amigo, que la cuestión se ha terminado por el tratado de paz que acompaño.

Yo bien conozco que no debí concluir el tratado de paz, sin sujetarlo a la ratificación del Señor General en Jefe, pero también igualmente conozco que el expresado General en Jefe no podía ni debía alejarse tanta distancia dejandc a la división de los Andes sin apoyo alguno, y aún parece en este paso que el Señor General tenía interés en que fuese destruida, o de no ¿qué quiere decir la orden que dió para que marche contra los restos del Ejército sublevado y el poder de dos Provincias aguerridas que más de una vez domaron el orgullo de los Españoles? Tampoco ignoré que el Señor General López no quería que yo tomase parte en la guerra contra Paz, y que si se me confió el Regimiento de auxiliares fué exclusivamente por usted, y quién sabe cuál hubiera sido la suerte de la República, si usted no marcha con prudencia, paso firme y sostenido: Digo esto para desahogarme de cuanto siento y no para darme una importancia que no tengo. Es verdad que a pesar de hallarme ya convaleciente, ya moribundo, pedí órdenes para marchar sobre el enemigo, pero esto fué en circunstancias que el Ejército de reserva ocupaba la Provincia de Córdoba; mas si yo hubiera sabido que se retiraba a Buenos Aires y el Señor General a Santa Fe, yo me habría guardado muy bien de pedir tal orden, pues nunca he tenido el delirio de figurarme otro Francisco Esteban. En fin, Dios ha guiado mis pasos, y dado fortaleza del modo más visible a los Auxiliares de los Andes.

 

De todos modos yo a usted reitero mis deseos de que sea feliz y goce salud, como que soy su consecuente y reconocido amigo que besa su mano.

Juan Facundo Quiroga

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